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LA SOCIEDAD NARCISISTA


Vivir en una sociedad estructurada alrededor del consumo y la competición nos está llevando a un individualismo y un narcisismo rampantes. Como señala Victor Lapuerta “Dios ha muerto, Marx  ha muerto, pero el yo está a tope”. Esta situación tiene, como veremos, consecuencias muy negativas para la vida social 

Para favorecer el consumismo se hace creer al individuo que no hay límites a sus deseos y caprichos, que todo le es poco. Es aquello de  “me lo merezco”  y a consumir  compulsívamente. 
Pero el funcionamiento de una sociedad requiere colaboración, esfuerzo, deberes  de los ciudadanos con el grupo, sentimiento de culpa cuando hemos actuado de forma dañina con nuestra comunidad.  ¡Cualquiera saca ese tema hoy en día¡ . Incluso la política, abducida por el modelo social dominante,  se rige cada vez más por las reglas de marketing:  se le vende  al ciudadano un producto en el que todo son prestaciones y ventajas. Aunque solo con rascar un poco cualquiera puede ver que cada vez más predomina la mercadotecnia, con todo lo que supone de pérdida de credibilidad.  ¡Y luego nos quejamos de la desafección de los ciudadanos¡

Un  sencillo y claro ejemplo de la relevancia de este modelo consumista son los datos que muestran  el gran incremento del uso de  la prostitución, especialmente en los jóvenes,  en una sociedad en la que libertad sexual cada vez tiene menos límites. Pero, para qué estar pendiente de la relación con la otra persona, siempre compleja, para buscar el momento en el que tener relaciones sexuales. ¿Por qué tener que esperar? . ¡Uf¡ Eso es muy pesado. Se paga y punto. Que al otro lado haya una persona viviendo una situación, como mínimo difícil, a quien puede importar. ¡Lo quiero ahora y punto!

En la educación de los niños, una de las facetas en las que se ven más claramente los valores de la sociedad, baste recordar aquella anécdota tantas veces contada: el niño que atropella a una anciana y cuando la señora tendida en el suelo se queja del dolor, la madre  la increpa: señora, ya está bien. El niño ya  se ha disculpado. No le traumatice con sus gemidos! 

Hablar de gratitud, de deberes, de sentimiento de culpa ante los errores y fallos hoy es casi tabú.  Se le  hace creer al ciudadano que sus derechos individuales son  como el chicle:  se  puede hinchar  y estirar sin cesar,  hasta llegar a la  nariz del vecino. Si le molesta: allá él.  Estoy en mi derecho!  Y si la burbuja de chicle estalla en la cara del otro: como mucho una disculpa y que se aguante. No haber estado allí perturbando mi derecho a hinchar  el chicle!

Desde la perspectiva de la salud mental, la situación es por supuesto, la misma. Se le hace creer al  sujeto que no tiene ningún problema,  ni que sus síntomas tienen nada que ver con lo que le pasa, con sus relaciones, con cómo le está yendo su vida: el problema es del “cerebro” que se ha averiado. Lógicamente, siguiendo el modelo del consumismo hay la tendencia a que se le dé  la dosis correspondiente de lo que se le asigne y asunto arreglado.

Obviamente, está bien que en nuestra sociedad se valoren y respeten los derechos individuales, pero cuando estos derechos se ejercen sin límites se entra en el terreno del narcisismo, un gran problema de nuestro mundo de hoy.


Salud mental en tiempos difíciles
Por Joseba Achotegui - jachoteguil@gmail.com 
diario publico.es
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