La singularidad de Catalunya, el hecho diferencial, es que debe ejercer el derecho a la autonomía con base a un Estatuto que no ha sido aprobado por su Parlamento y ratificado por los ciudadanos, sino que le ha sido impuesto por el Estado con la connivencia del Tribunal Constitucional, ya que el aprobado por el Parlamento y ratificado por los ciudadanos se lo cargaron Mariano Rajoy, Alfonso Guerra y el TC, y de aquellos polvos vienen estos lodos.
La vuelta al Estatuto como pide Felipe González es una quimera. Si fuera un problema de los de arriba, de las élites, se podría encontrar una forma de arreglarlo. Pero no es así. Quien haya seguido los acontecimientos de Cataluña en estos últimos años, habrá podido comprobar que el impulso del 'Proces' no ha venido de arriba, sino de abajo, que es lo que en Madrid han sido incapaces de ver y entender. A lo largo de estos últimos siete años los electores han desautorizado a todos los partidos que estaban en el gobierno en las sucesivas elecciones. El PSOE(PSC), que encabezaba el tripartito en otoño de 2010; CiU, presidida por Artur Mas; CiU y ERC (JuntsxSí), en 2015). Todos los sondeos conocidos indican que si se celebraran elecciones los resultados para los que están en el gobierno ahora mismo globalmente serían aún peores, salvo ERC.
Y sin embargo, el 'Proceso' no se desinfla. Lo que le da consistencia es el número de ciudadanos que lo apoyan y que se movilizan y se movilizaran domingo para hacerlo visible y no los partidos que están a la cabeza, respecto de los cuales hay mucha desconfianza entre la ciudadanía. Si esto no se entiende, no se entiende nada. Espero que esto no deje de tenerlo presente nadie a partir del 2 de octubre, pues de no ser así, tendremos un grave problema, unos y otros.
0 Comentarios