He visto cómo le rompían los dedos a una chica y la tiraban escaleras abajo. He visto cómo agredían con la porra un chaval que ya estaba herido. He visto sangrar señoras que podrían ser mi madre. He visto como clavaban porrazos a señores que podrían ser mi padre. He visto como reducían mujeres mayores que podrían ser mi abuela.
Y no lo he visto sólo yo. Lo ha visto toda una generación que ayer flipaba compartiendo los vídeos en grupos de WhatsApp. Una generación que no lo olvidará. Y lo ha visto el resto del mundo, que ayer miraba atónito lo que ocurría en Barcelona. A mí me ha atrapado en Irak. La semana pasada nos llegó un permiso para grabar que hacía meses que esperábamos y el viernes cogíamos un avión, sin saber que en Mosul la gente nos preguntaría: «¿Qué está pasando en España?». Ayer, en el informativo iraquí las cargas de Barcelona eran la tercera noticia del día.
¿A quién se le ha ocurrido semejante barbaridad? ¿A quién se le ha ocurrido pensar que con esta represión se lograría calmar las ansias de independencia de una parte cada vez más importante de los ciudadanos de Cataluña?

Todo ha sido un despropósito. En varias ocasiones he dicho que a mí no me parecía una buena fórmula convocar este referéndum sin tener el apoyo de una mayoría más amplia del Parlamento. Creo que el Gobierno de la Generalitat ha tensado la cuerda hasta extremos que no conocíamos. Pero, si la reacción del Gobierno de España es la que vimos ayer, pues cualquier crítica a cómo se convocó el referéndum queda en un segundo plano. La violencia deslegitima quien la ejerce - Jordi Évole - el penúltim despropòsit