La verdad es un concepto propio de la filosofía que tiene una gran variedad de significados. Puede indicar tanto honestidad, buena fe y sinceridad, en general, como el hecho de estar de acuerdo con la certeza o realidad de alguna proposición, en particular. El término verdad no tiene una única definición con la que estén de acuerdo todos los filósofos, y se siguen debatiendo diversas teorías sobre su significado: que puede ser cierto o falso, como definir e identificar la verdad, el rol que tiene el conocimiento revelado y adquirido, y si la verdad es subjetiva u objetiva, relativa o absoluta. Pero todas estas definiciónes ha quedado obsoletas, ya no hay verdad, ni siquiera postverdad, ahora impera la lengua de madera. La falsa verdad de la postverdad.

La lengua de madera se puede definir como un conjunto de procedimientos que, mediante el uso de artificios, intentan disimular el pensamiento de quien la utiliza para así influir mejor y controlar el pensamiento de los demás. Convencional, prefabricado, desconectado de la realidad, este discurso reconstruye la realidad repitiendo incansablemente las mismas palabras y fórmulas estereotipadas, los mismos lugares comunes, los mismos términos abstractos. No hay en él información verificable ni argumento susceptible de ser contradicho, sino aserciones retóricas, falsas evidencias, omisiones voluntarias, eufemismos continuos, metáforas gastadas, comparaciones huelgas y tautologías; se recurre continuamente a la voz pasiva que esconde cualquier responsabilidad individual -el famoso «han cometido errores» o mistakes were que se ha convertido en frase hecha en inglés- se trufa con neologismos y expresiones aparentemente sabias que impresionen. La lengua de madera cuenta con recursos inagotables para ocultar simulando que muestra, para eludir dando la impresión de que afronta los problemas, para intoxicar con falsas verdades, para manipular el otro halagando su razón.

Fijémonos en las verdades de los Gobiernos de Madrid y Cataluña sobre los hechos del 1-O, todos nos venden, nos pregonan falsas verdades, ya sé que en una guerra la verdad es la primera víctima y por lo tanto la información, y tanto uno como el otro intentan vendernos, no ya su verdad de los hechos, sino la que les interesa hacernos creer, la que querrían que fuera, y en esto hay que reconocer que el Gobierno de Madrid tiene la mano rota.
Pero han cometido un error, quizá porque están instalados en el siglo XIX, principios del XX. No han entendido, no han sido capaces de darse cuenta de que en cualquier altercado, en cualquier lugar donde sucede algo anómalo hay una multitud de móviles retransmitiendo en directo lo que unos y otros tanto temen: LA VERDAD.
Como ejemplo anda por ahí un video de la CNN entrevistando al Ministro Dastis negando los incidentes de Barcelona, mientras la cadena va pasando imágenes de la desmedida agresión policial y el pobre ni se entera, de hecho su imagen es bastante relevante de su decimonónico pensamiento.
El problema de este Gobierno de Madrid es que como en SOAP Jessica Tate y su marido, Chester, son incapaces de aceptar la realidad, negándola sistemáticamente ella y haciéndose el invisible él. Y eso que en una serie de televisión puede ser divertido, en el caso del Gobierno de Mariano Rajoy, es muy preocupante, pues estamos ante un Gobierno Zombie, que no escucha ni quiere ver ninguna razón y se limita a atacar al contrario sin miramiento, sin más y sin ningún escrúpulo.