"Antes la gente no quería comprarse todo el rato el último modelo de tableta, ni de smartphone, ni quería ir de vacaciones a todos los lugares posibles, ni coger el avión cada fin de semana, ni vivir en un loft estupendo, ni ir al restaurante un día sí y un día no…, sencillamente no se vivía así. Yo fui a un restaurante por primera vez cuando tenía 25 años. Ahora con ocho años van con frecuencia al McDonald’s. Así que, por un lado, tenemos una sociedad en la que crecen sin parar las desigualdades, pero por otro tenemos un volumen de aspiraciones que tampoco para. Es, más que el bienestar, el sueño del bienestar. ¡Las marcas de lujo! Antes ni pensabas en eso. Hoy, cualquiera en un barrio popular puede llevar unas Nike de 125 euros. Y todos los jóvenes saben lo que es Louis Vuitton, Hermès, Gucci…, ¡solo viven para las marcas! No quieren unos zapatos, quieren una marca de zapatos.
Parece humano que la gente aspire a lo que el llamado Estado de bienestar le pone delante… Pero es que hay padres que están en el paro cuyos hijos tienen un iPad, un móvil inteligente último modelo, unas zapatillas de lujo… Me parece terrible. Antes, las aspiraciones eran trabajar, comer y tener una casa. Hoy son otras. Por ejemplo, ir a Ikea para comprarse cosas monas porque lo hacen todos los demás."
Este texto, és un extracto de la entrevista a Gilles Lipovetsky, que li hicieron en el País y que en Miquel Cartisano publica entera en su bloc.
Me he quedado con este extracto porque define a la perfección lo que es actualmente la sociedad del bienestar o de la decepción, donde una familia puede tener una casa, dos coches, móviles de última generación y a pesar de ello ser pobres e infelices, y en esta nada distópica sociedad, es donde los populistas saben que pueden pescar votos a raudales.
Este texto, és un extracto de la entrevista a Gilles Lipovetsky, que li hicieron en el País y que en Miquel Cartisano publica entera en su bloc.
Me he quedado con este extracto porque define a la perfección lo que es actualmente la sociedad del bienestar o de la decepción, donde una familia puede tener una casa, dos coches, móviles de última generación y a pesar de ello ser pobres e infelices, y en esta nada distópica sociedad, es donde los populistas saben que pueden pescar votos a raudales.
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