EL CIELO SOBRE BARCELONA


Pasadas las diez de la noche, a la misma hora en que empezaba a languidecer el Sant Jordi de La Vanguardia en el hotel Alma, Wim Wenders subía al estrado del cine Verdi para charlar con los espectadores. Minutos antes había terminado la proyección de París, Texas en el marco del BCN Film Fest. De alguna forma, el cineasta tomaba el relevo de la fiesta.

Wenders había intervenido el jueves en la gala del festival. Allí, flanqueado por un fotograma de Nastassja Kinski en su mítico giro con mirada perdida de 1984, Wenders regaló una bella frase a los presentes, algunos de los cuales asistieron en esa misma sala, cuatro décadas antes, al visionado de París, Texas: "He venido a ver el cielo sobre Barcelona". Si los dos ángeles de su Cielo sobre Berlín hubieran sobrevolado la fiesta barcelonesa del Alma, en lugar del Berlín de la guerra fría, también hubieran tenido que utilizarse para catalogar las ilusiones y las decepciones de los mortales presentes. El periodico ha sobrevolado la fiesta en un time lapse vertiginoso.

De la misma forma que su película berlinesa insuflaba un intenso deseo de vivir –o así quisimos interpretar algunos– el conjunto del sector editorial barcelonés/catalán/español, muy bien representado en la fiesta, transmite la sensación de cambio ninguna a un ciclo mejor. Superados unos años muy críticos y garantizado el futuro de la lectura –aunque sea en formatos aún por descubrir–, el mundo del libro parece en condiciones de enfrentarse al gran reto de hoy: apuntarse, con más éxitos que bajas, en la revolución de la inteligencia artificial.

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