LAS JUGADORAS TENIAN RAZÓN

Cualquier deportista de élite, aspira a poder competir con su país para tener mayor notoriedad y dar más brillantez a su carrera. Por eso, desde la distancia, siempre me llamó la atención la decisión que tomaron un grupo de futbolistas españolas, de borrarse de la selección femenina y no representar a su país. En su momento, la mayoría de las jugadoras acabó doblegándose a la disciplina de la Federación Española y acudieron al Mundial de Australia, donde dieron la gran campanada y se convirtieron en campeonas del mundo. No hay nada que una más que las victorias y es difícil predecir cómo habrían terminado las tirantes relaciones entre las jugadoras y la Federación si Luis Rubiales no hubiera provocado un incendio detrás de otro.

Ahora, que ha explotado todo, los responsables federativos no pueden actuar con sus jugadores como si estuviéramos en una época feudal. Toca hablar y dialogar. La decisión de convocarlas unilateralmente para un próximo partido y amenazarlas con suspenderlas federativamente sin jugar una serie de años es una medida antidemocrática. Como cualquier trabajador que tiene derecho a la huelga, las deportistas deberían poder ejercer su protesta sin que ello las invalide para poder volver a vestirse de corto. Es cierto que la Federación es una entidad privada que se rige por sus propias normas, pero mientras reciba subvenciones del Gobierno, no puede aplicar estas políticas tan estrictas.

No es de recibo que el nuevo presidente de la RFEF, Pedro Rocha, transmitiera al Consejo Superior de Deportes que no convocarían a ninguna futbolista que no quisiera acudir. Y pocas horas después hacen todo lo contrario y de las 23 concentradas, se llama a 20 que habían anunciado que no querían acudir. Todo este tremendo lío les da la razón a las jugadoras que se amotinaron y firmaron un manifiesto para cambiar todo este estado de cosas. A la Federación no le queda otra que rectificar para que no les pase como a Rubiales, que se enrocó y aún le fue mucho peor. Las futbolistas deben ser escuchadas y deben ganar esta última batalla, que parece más difícil que la del Mundial de Australia.

Si la España más recalcitrante se escandaliza por que se hable catalán en el Congreso, qué no va a opinar sobre un grupo de mujeres que han puesto pie en pared a un grupo poderoso. Esa España todavía bromea en público con el “¿un piquito?” o el “no voy a dimitir”, como si se tratara de algo de lo que presumir. Son actitudes que demuestran que, aunque Rubiales ya haya dimitido, aún queda camino por recorrer.

Quienes mejor lo saben son ellas, las reinas del fútbol, que están dispuestas a llegar hasta el final. Lo han demostrado en las últimas horas plantándose ante lo que parece (dice el refrán que piensa mal y acertarás) un intento de la Federación de pasar página sin limpiar la suciedad. Ellas, firmes, sin titubear, han vuelto a plantarse y proclamar el #seacabó. Hay todavía quien no ha entendido lo que está pasando. Por ejemplo, algún compañero de la selección masculina.

Cuando alguien niega que en esta sociedad existe un problema de machismo es recomendable que salga a la calle. Que vuelva a ver cómo un individuo se acercó a la compañera Isa Balado en pleno directo. Que observe las aterradoras estadísticas de feminicidios: 48 asesinadas ya, a más de una por semana de media. Algo está fallando y todavía hay duros de entendederas.

Las reinas han ganado una batalla, pero no la guerra. Aún quedan muchos rubiales, y no solo en la federación. Cada vez está más claro que, además de lucir una estrella en el pecho, las campeonas del mundo van a tener otra victoria mucho más importante: la de la historia. Venceréis y convenceréis. Esto aún no #seacabó. - lavanguardia/marca.

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