TRATADO DE LA DECENCIA

El psiquiatra y filósofo vienés Viktor Frankl, que sobrevivió a los campos de exterminio de Auschwitz y Dachau, escribió en su Tratado de la decencia que solo hay dos clases de hombres: los decentes y los indecentes. Unos construyen puentes, los otros los dinamitan. Los primeros confían ciegamente en la colaboración, la cooperación y en aunar voluntades, en el nosotros. Los últimos se mueven como pez en el agua en la crispación y el conflicto, en el dualismo de blancos y negros que obvia el resto de la paleta policroma y en las trincheras de la verdad única e incuestionable.

Este PP deslenguado que llama al Gobierno “grupo de mafiosos”, al presidente “capo de la mafia” y al PSOE “grupo criminal” no parece encajar en la definición de decencia de Frankl, uno de los humanistas más prestigiosos del siglo XX. El Gobierno debería explicarse más, aclarar algunas actuaciones y hacer mea culpa por algunos errores. Pero eso no le convierte en una banda delictiva. Es posible que el PP abrazado a Vox gobierne un día y que sean un ejemplo de decencia para el mundo, pero resulta razonable que haya gente (decente) que tenga dudas. La vanguardia. 

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