ELOGIO DEL RESPETO MUTUO

El PP está empeñado en cazar a Pedro Sánchez como la tripulación del Pequod se obsesionó con pescar a Moby Dick. Alberto Núñez Feijóo se la juega en este empeño casi tanto como el capitán Ahab y su periplo político empieza a resultar casi tan arriesgado como la navegación del Pequod en los mares del Sur. Las elecciones aragonesas las perdió casi tanto el PP como el PSOE a la vista del resultado de Vox. Santiago Abascal se imagina como Ismael, el superviviente del naufragio, que es quien cuenta la historia de la ballena en la novela de Melville.

Pedro Sánchez y Juanma Moreno tras el accidente de Adamuz Jorge Zapata / EFE

Pero, mientras Feijóo intentaba orientar a estribor, es decir, más a la derecha, la embarcación popular en la campaña de Aragón, en Andalucía hemos asistido a unas jornadas de cordialidad entre el presidente de la Junta de Andalucía y el presidente del Gobierno. 

Juanma Moreno ha tenido que pasar por dos dramáticas situaciones, como son el accidente ferroviario de Adamuz y unas devastadoras riadas que han paralizado la región. Pero lo interesante del caso es que Moreno no ha aprovechado la tragedia para cargar contra el Gobierno, sino que ha sido capaz de marcar un perfil propio y manifestar su sentido institucional. Desde el primer día ha dicho que de lo que se trataba era de coordinarse con el Ejecutivo de Pedro Sánchez y de mantener una lealtad entre gobiernos. Hemos visto a Sánchez pasarse por las zonas afectadas sin problemas y hacerse la foto con Moreno sin tensiones.

Juanma Moreno ha marcado su perfil institucional en las dos crisis de Andalucía. No deja de ser una novedad que el PP no haya recurrido a la bronca y a las acusaciones indiscriminadas. Es un hecho excepcional que quienes creemos en las instituciones hemos agradecido. El presidente de la Junta tiene vida propia, sin dejar de ser fiel a su partido. Verle jugando la carta de la serenidad y de la conciliación es motivo de esperanza. Sánchez ha agradecido las formas y ahora deberá ser ágil en el reparto de ayudas y la reforma de infraestructuras dañadas.

Es un gusto que se haya abandonado la España de los garrotazos de Goya para rescatar la España de los abrazos de Genovés. Victòria Camps ha declarado en Política&Prosa que el respeto mutuo es uno de los valores que hoy se echan de menos en política y alguien tiene que proponérselo. Moreno lo ha intentado. Màrius Carol en la vanguardia.


LOS SANTOS INOCENTES


Aquellos que no participan en las actividades de las redes sociales padecen el espejismo de una cierta exclusión. La presión es tal para adherirse al negocio de unos pocos, muy pocos, que no es raro que te hagan sentir marginal y apartado tan solo por negarte a formar parte de algo que es a ratos cierto y a ratos una fantasía, pero que, sobre todo, debería ser siempre voluntario. Es precisamente la voluntad de los menores lo que está en entredicho, pues en una edad en la que debería primarse la afectividad y la diversión se les ha conducido obligatoriamente a la sobreexposición y a la pérdida de la inocencia. Liberar a los menores de este experimento social fallido que ha machacado ya a un par de generaciones de jóvenes es una prioridad muy necesaria para la próxima década. La actividad básica de las redes sociales para adultos acaba por ser la autopromoción, un ejercicio grotesco, pero en los jóvenes está bordeando los límites de la autolesión. Hasta ahora, los medios han pasado de puntillas por el grado de culpabilidad de un sistema de tratamiento del tráfico forzado en las redes que en ocasiones ha llevado a jóvenes directamente al abismo. Suicidio, dependencia, adicción no son derivadas que toleraríamos en otras industrias; sin embargo, en la hipercomunicación nos han rendido a la pasividad gracias a las presiones desregulatorias que defienden los tecnocaciques armados con sus grandes fortunas.

El presidente Sánchez decidió hace tiempo que, si los enemigos te surgen como setas, lo que más te conviene es seleccionar con alta precisión a quién eliges tú como enemigo. Es una estrategia defensiva como otra cualquiera. Al involucrarse en el conflicto de los jóvenes y las redes sociales, ha vuelto a poner en marcha su sistema selectivo de enemigos. Los tecnocaciques han salido en tromba contra él, pues ya se han acostumbrado a poner y quitar gobiernos, volcados como están en la financiación de partidos que lleven en el programa no regular nada que afecte a sus lucrativos negocios. A raíz del anuncio de la posibilidad de sumarnos a Australia en el veto de las redes sociales para menores de 16 años, los falsos libertarios de Silicon Valley han tronado con furia. Los cuatro jinetes que cabalgan este apocalipsis son desafiantes, pero mal haría el presidente Sánchez en querer enfrentarse a ellos como una especie de superhéroe. Es precisamente la cultura individualista del superhéroe la que ha nutrido la formación de estos oligarcas. Su incultura enciclopédica suele venir compensada por una enorme habilidad en el manejo de las sabidurías prácticas, en especial del algoritmo para la manipulación social. Esta disciplina no estaba en el currículum de ningún sabio antiguo, pero define la potencia interventora de los caciques modernos. 

Si queremos proteger a las futuras generaciones, es conveniente hacerlo con un batallón de aliados. Los psiquiatras infantiles están empezando a catalogar el desastre que la temprana exposición al móvil, y las conclusiones analíticas delatan mecanismos adictivos, conductismo autoritario y fabricación de desamparos precoces. Pero no corramos a prohibir sin reflexionar antes, porque todos los problemas de nuestra sociedad nacen del mismo lugar: la decadencia educativa al asumir unos valores que priman el dinero fácil, la fama inmediata y una tosca idea del éxito por encima de toda aspiración noble. El fracaso emocional que ha arrastrado consigo esta nueva vinculación al vacío como si fuera la plenitud es dramático. Como en los antiguos cortijos, el interés de los señoritos pisotea cada día la dignidad de los santos inocentes. David Trueba.

Neil Postman en 'Divirtámonos hasta morir', a finales del siglo pasado, achacaba todos los males de la sociedad a la televisión, incapaz de prever el efecto nocivo de las redes en los jóvenes actuales. Quizás ahora nos sucede lo mismo; se intenta prevenir a los jóvenes de un peligro casi pasado, ignorando por desconocimiento el peligro futuro que vendrá y que ni nosotros ni los jóvenes somos capaces de intuir, y por lo tanto, de prevenir, porque al peligro actual, a la mala influencia de las redes en los jóvenes, ya hemos llegado tarde.


LOS DEBATES QUE NO TIENE EL PSOE


 Los debates que no tenemos en el PSOE. Desde el combate contra la ultraderecha a la renovación socialdemócrata, se hace necesario que el Partido Socialista dialogue internamente. Ramón Jáuregui en El País. Es de agradecer que en tiempos es escasez de ideas, alguien como Jáuregui, reflexione y busque soluciones para salir del marasmo en que está el Psoe. Un PSOE oscurecido por el sanchismo.

Después de la derrota electoral de 2011, Alfredo Pérez Rubalcaba me encargó organizar una reflexión colectiva, profunda y renovadora, para debatir una nueva oferta política del PSOE, gravemente desgastado por la crisis económica y frente a una sociedad que mostraba quejas muy serias y tendencias pluripartidistas evidentes.

Durante un año largo, más de veinte grupos, formados por expertos, propios y ajenos al PSOE, debatieron y concluyeron una docena de documentos que abarcaban los grandes temas del momento. Una conferencia política celebrada en noviembre de 2013 (semejante a un congreso federal), adoptó las grandes resoluciones que han sostenido muchas de las bases ideológicas del partido estos últimos años.

Hoy vivimos asaltados por cambios estructurales y valores ideológicos mucho más trascendentes y peligrosos que entonces. El orden internacional ha saltado por los aires ;la democracia es combatida desde múltiples frentes; Europa está en riesgo; la desigualdad crece y nuestras herramientas para reducirla han quedado obsoletas; valores liberales y aspiraciones de justicia que creíamos en permanente progreso, son cuestionados o combatidos abiertamente; algunos sectores sociales, compañeros de viaje en nuestras políticas transformadoras, están siendo atraídos por populismos demagógicos… así podríamos seguir con una larga lista de amenazas ideológicas.

¿Qué más tiene que pasar para que nos paremos a pensar? ¿Para cuándo la autocrítica? ¿Cuándo y cómo abordaremos debates imprescindibles de nuestra estrategia política para los próximos años? Veamos unos cuantos, solo a modo de ejemplo:

1. Recuperar nuestra vocación de mayoría y nuestro proyecto federal.

Nuestro proyecto político está seriamente limitado en una coalición, que ha servido, pero que no tiene futuro. Habrá exigencias nacionalistas inasumibles y hay partidos que ya han decidido no sumarse a ella. Los efectos electorales de esos pactos en las comunidades no nacionalistas son negativos. Necesitamos recuperar la autonomía política de un proyecto nacional y ser percibidos como garantía de aspiraciones comunes de todos los españoles.

Tenemos una propuesta consensuada internamente para la España autonómica. Ese proyecto no es compatible con las pretensiones últimas y de fondo que nos plantean los nacionalismos: la autodeterminación, vía consulta o vía reconocimiento del llamado derecho a decidir y los mecanismos confederales derivados de supuestas soberanías originales e iguales a las del Estado. No hay punto de encuentro en esos planteamientos y debemos dejarlo claro ante todo y ante todos.

2. El combate ideológico a la “nueva derecha”.

Hay un “corpus doctrinal” en la ultraderecha que se proyecta con fuerza creciente en Europa impulsada por MAGA y por Estados Unidos. Un neonacionalismo patriota que alimenta el orgullo identitario y concentra en la nación la solución de los problemas. Un antieuropeísmo objetivo y militante que pretende la deconstrucción de la Unión. Un rechazo agresivo al diferente y al extranjero. El negacionismo del cambio climático. Su adhesión a los nuevos imperios frente al multilateralismo. Su querencia por los “hombres fuertes” y autoritarios y el desprecio por los valores liberales y la democracia misma. Sus códigos reaccionarios de conducta social y de moral pública. Su rechazo a la revolución feminista.

Hay una batalla cultural e ideológica por hacer desde el socialismo liberal contra esa doctrina. No basta la descalificación. Necesitamos rearmar nuestros argumentos y enfrentarlos día a día, en todos los planos del debate y en los nuevos medios de comunicación.

3. Reformas que fortalezcan la centralidad política.

El multipartidismo no es cuestionable porque así lo deciden los electores, pero sus efectos sí son negociables. El multipartidismo en España ha acabado configurando dos grandes bloques enfrentados y antagónicos. Parecemos condenados a perpetuarlos si no introducimos reformas electorales o facilitamos la investidura a la minoría mayoritaria. Esto devolvería al Parlamento la geometría variable del pacto con todos y facilitaría los pactos de Estado que España necesita. Sería, además, un poderoso estímulo electoral a las dos fuerzas centrales del país.

Este debate ni es fácil ni es pacífico, por las evidentes consecuencias estratégicas que conlleva, pero abordarlo me parece tan necesario y conveniente como inaplazable.

4. Estado de derecho, instituciones y Constitución.

Nuestras instituciones democráticas están sometidas a un acoso extraordinario y a un peligroso deterioro de su credibilidad. Desde la pandemia, el decreto-ley sustituye al Legislativo y el Parlamento pierde poder. Su proyección social se devalúa por la creciente agresividad de la polarización. El Poder Judicial está sometido a múltiples presiones y recuperar su credibilidad asegurando su independencia es tarea primordial. Muchos organismos institucionales deben ser reforzados en sus condiciones apartidistas y en la objetividad profesional de sus miembros. Evitar la colonización partidista es fundamental. Los medios de comunicación y las redes sociales deben contribuir a restaurar el edificio deliberativo de la conversación pública que la democracia exige y no lo contrario.

La Constitución necesita reformas, por motivos de todos conocidos. Un debate interno bien planteado debiera permitirnos ordenar y sistematizar nuestras propuestas de reforma y enriquecer así el debate político de nuestro país: desde las cuestiones territoriales del modelo autonómico, a la reforma del Senado; desde la inclusión de Europa en nuestro texto constitucional, al modelo de financiación de las autonomías y ayuntamientos; desde la igualdad de mujeres y hombres, a la incorporación de nuevos derechos fundamentales, incluyendo los digitales.

5. Renovación socialdemócrata.

A pesar de los notables avances sociales producidos estos últimos años, la socialdemocracia encuentra límites a sus políticas de igualdad. La fiscalidad internacional no avanza. Nuevas necesidades defensivas y un alto endeudamiento no permiten aumentos de gasto público. Un nuevo capitalismo financiero y globalizado impone límites a la legislación nacional. La tecnología genera nuevas divisiones sociales entre países y entre trabajadores. Los nuevos oligarcas tecnológicos imponen su ley al mundo. El listado de estos límites es desgraciadamente demasiado largo.

Tenemos que renovar nuestras herramientas, nuestras ofertas, nuestros instrumentos en favor de nuestras viejas demandas. Están surgiendo nuevas ideas sobre la necesidad de concretar objetivos precisos en materias vitales muy precarias: vivienda, energía, transporte, como banderas de una política predistributiva y de resolver las deficiencias surgidas en los servicios públicos esenciales, educación y sanidad principalmente. Modernizar nuestra oferta social no será fácil, porque entraña también un controvertido análisis sobre el deslizamiento de nuestro gasto hacia la población mayor y quizás reorientaciones de gasto hacia otros colectivos.

En ese sentido, nuestras políticas pre y redistributivas deben reformularse para ofrecer a los jóvenes españoles medidas capaces de recuperar su afecto por la política y su confianza en el PSOE. Desde la pobreza infantil, al ascensor social educativo; desde la vivienda a los contratos laborales de inicio y sus condiciones. Analizar a fondo la penetración del populismo y la antipolítica entre los jóvenes es de una urgencia vital.

Es solo un índice de nuestras urgencias ideológicas y políticas. El PSOE está falto de pluralismo interno y de debate abierto. Este es el único espíritu de este artículo.


ESPABILA, APRENDE A PREGUNTAR

No es la pregunta, sino la respuesta la que incendia el edificio -  Edmon Jabes

 Hay mucha gente preocupada porque la tecnología hace demasiadas cosas, y asustada porque todo indica que hará cada vez más. Observan la herramienta como si fuera un ente autónomo con voluntad propia que está tramando un plan para acabar con todos nosotros. En el extremo opuesto están quienes creen que las máquinas solo son una combinación de tornillos inertes que, si causan algún daño, es por culpa del humano que las maneja. Estamos resolviendo este debate discutiendo si las máquinas son más o menos inteligentes, pero cada vez que centramos la conversación en esa supuesta inteligencia lo que estamos haciendo es antropomorfizar a la máquina y alimentar el sobreentendido de que las máquinas podrían tener alguna intención.

Richard Feynman explicaba que el conocimiento se demuestra con las respuestas, la inteligencia se demuestra con las preguntas, y la sabiduría se demuestra sabiendo cuándo hacer las preguntas. De ser así, las nuevas máquinas tienen mucho conocimiento y nosotros demostramos nuestra inteligencia al preguntar. Todo lo que hace la inteligencia artificial es consecuencia de una pregunta que le hemos formulado, así que en cierto modo seguimos al volante. Estamos eligiendo y decidiendo si armamos un sistema de inteligencia artificial para plegar proteínas o para tomar decisiones bursátiles, para planificar rutas logísticas o redactar textos. Hacemos las preguntas y nos apoyamos en herramientas para obtener respuestas.

Gracias a la inteligencia artificial, ahora es más fácil y rápido hacer preguntas. Hemos ampliado nuestra capacidad de preguntar y eso nos podría hacer más inteligentes, si fuera verdad que preguntamos con sentido. Lo que nos hace estúpidos no es la inteligencia artificial, sino que la utilicemos haciendo preguntas estúpidas. La IA es un potenciador que hará más capaces a los capaces y más inútiles a los inútiles, hará más competitivas a unas empresas y expulsará del mercado a otras. Lo cierto es que parece difícil que alguien, empresa o persona, renuncie a una herramienta que permite hacer preguntas.

Históricamente, nuestro sistema educativo nos ha evaluado por las respuestas. Juzgamos al alumno por cómo responde las preguntas del examen, pero no es habitual evaluar a alguien por las preguntas que hace. Eso solo pasa en las tesis doctorales, que plantean una hipótesis y la desarrollan, pero lo cierto es que seguimos juzgando a partir de respuestas, pese a llevar décadas hablando del desarrollo de competencias y actitudes. Tenemos un reto cultural: abandonar un modelo social, cultural y educativo centrado en las respuestas para ir hacia otro que ponga foco en las preguntas. 

Es precisamente el método que Sócrates proponía para enseñar y aprender, hacer preguntas en lugar de dar respuestas directas, y de esta manera ayudar a las personas a pensar profundamente y llegar a sus propias conclusiones. Ahora que hemos ampliado nuestra capacidad de obtener respuestas, nos podemos centrar en lo realmente importante: saber hacer las preguntas. Genís Roca en la vanguardia.


EL GUETO DE BORGO MEZZANONE


 Atrapados en el mayor poblado ilegal de inmigrantes de Europa: así se mantiene la industria del trabajo en negro en Italia. El gueto de Borgo Mezzanone, donde vive la mano de obra para la zona que produce el 40% de los tomates del país, es el ejemplo de los efectos de un sistema opuesto a la regularización aprobada en España.

Abdul Camara, senegalés, 31 años, acepta enseñar su casa; ha tardado siete años en construirla con sus propias manos. Saca la llave y abre orgulloso la puerta. Dentro no hay nada, son cuatro paredes con un suelo de azulejos, todos distintos, que ha ido consiguiendo. Es una casa más que emerge en el gueto, así lo llaman, de Borgo Mezzanone, en el sur de Italia, cerca de Foggia, en la región de Apulia. También le llaman La Pista, pues ha crecido desde hace dos décadas junto a la pista de un aeropuerto militar en desuso de la Segunda Guerra Mundial, que es la calle principal del poblado. Es la única superficie de asfalto; el resto es un barrizal en estos días de frío y lluvia. Desmantelada ya en Francia la llamada jungla de Calais, de extranjeros que intentaban cruzar el canal de la Mancha, este es el asentamiento ilegal de inmigrantes irregulares más grande de Europa. Asegura mano de obra barata y en negro a la gran llanura agrícola de la zona, que produce el 40% de los tomates de Italia. En verano llega a tener 4.000 vecinos.

Esta comarca se llama la Capitanata, término del imperio bizantino y establecido en la Edad Media, apropiado para un lugar donde hay personas que aún viven en condiciones medievales. Como Camara, en el gueto hay vecinos de decenas de países, de casi toda África y parte de Asia, que llevan hasta 10 años sin papeles. Sin agua corriente, sin alcantarillado, con generadores y una maraña de cables que roban la luz al tendido eléctrico. Como la red salta constantemente, desde hace tres años una mitad del campo tiene luz un día; la otra mitad, al día siguiente. En un descampado hay montañas de basura. A veces, pasan camiones municipales y se la llevan. Hay tres depósitos de agua potable que se llenan cada tres días con camiones cisterna, y que se vacían en horas.

El gueto de Borgo Mezzanone es un no lugar, pero hay más vida, más coches, más tiendas y es más grande que el lugar real que está al lado, el pueblo propiamente dicho, donde viven 400 vecinos y apenas hay un bar y un supermercado. Sin embargo, oficialmente es este otro el que no existe; es un pueblo entero en negro. Chabolas que son bares, carnicerías, peluquerías, tiendas de ropa, talleres mecánicos, dos iglesias y una mezquita.

A media hora, en Rignano, hay otro gueto que llega a 2.000 personas, Torretta Antonacci, y hay más de este tipo en el sur de Italia. Son la muestra de los efectos perversos de cómo Italia gestiona la inmigración desde hace décadas, creando un submundo de trabajadores invisibles y sin derechos, abocados a la marginalidad. Mientras España acaba de anunciar la regularización de 500.000 personas, en realidad el Gobierno de la ultraderechista Giorgia Meloni, que no quiere más inmigrantes, obstaculiza a las ONG que los salvan en el Mediterráneo y pretende deportar a Albania a los que llegan; ha aprobado que entren en Italia exactamente las mismas, medio millón de extranjeros, entre 2026 y 2028. Pero de tapadillo, mediante el llamado decreto de flujos migratorios.

Es un sistema complejo, opaco y propenso al fraude, vigente desde hace dos décadas y con todo tipo de gobiernos, que en teoría busca una entrada ordenada de extranjeros en función de la demanda laboral. Italia necesita inmigrantes en el campo, en las fábricas, en las casas, pero prefiere mantener un sistema que hace como que no existen y garantiza que la mayoría sigan siendo invisibles. En 2024, las inspecciones de trabajo en la comarca de la Capitanata revelaron un 64% de trabajo en negro.

Esas 500.000 plazas, repartidas en tres años, se asignan como la venta de entradas de un concierto rock: hay sucesivos click day por sectores laborales, un día en el que se abre el plazo de solicitudes en un portal oficial para empresarios y particulares y se agotan. “Es un sistema que no funciona”, explica Francesco Mason, abogado especializado en inmigración y miembro de la Asociación de Estudios Jurídicos de la Inmigración (ASGI). “Políticamente, no se quiere afrontar la realidad; el Gobierno ve la inmigración no como un recurso, sino como un mal necesario; es política y humanamente inaceptable. La regularización que ha hecho España es mucho más eficaz, reconoce la realidad de inmediato, favorece la integración y beneficia al mercado de trabajo”, dice Mason.

El número de permisos de ingreso que se conceden siempre es inferior a la demanda real. Este año, por ejemplo, la cuota es de 164.000 plazas, pero en enero ya había 194.000 solicitudes previas. Además, se basa en la ficción de que un empresario conoce nombre y apellidos de un señor en Ghana al que quiere contratar. A menudo es una regularización encubierta; se contrata en Italia a quien ya vive en Italia en situación irregular, simulando que está en el extranjero. Pero en 2024 realmente solo un 7,8% de los que llegaron al final firmó un contrato y obtuvo permiso de residencia, según el último estudio del proyecto Ero Straniero, de ocho ONG y asociaciones.

El resto cae en la ilegalidad después de pisar Italia, también porque en muchos casos los inmigrantes son estafados: según los sindicatos, pagan como mínimo 6.000 euros a intermediarios y al propio empresario que les contrata para poder ir a Italia, y cuando llegan descubren que la empresa no existe. Muchos de los vecinos de Borgo Mezzanone llegaron así, aunque la mayoría lo hicieron por mar y pidieron asilo. Tras ver rechazada su petición, recibieron un papel con una orden de expulsión y desde ese día entraron en la ilegalidad. Se estima que hay entre 500.000 y un millón de extranjeros en Italia en situación irregular.

“Viven con el miedo constante de que les arresten. Es un sistema estudiado para hacerles sucumbir, para reducirlos a la esclavitud, negando sus derechos. El decreto de flujos migratorios es una gran farsa”, opina Emanuela Mitola, del sindicato USB, que presta asistencia jurídica en el gueto. A las cuatro abre su local para ayudar a los residentes a resolver papeles. Este jueves viene además un abogado y en pocos minutos ya hay medio centenar de personas esperando su turno, con documentos y fotocopias en la mano. Cada persona cuenta una historia complicadísima de burocracia y años de espera.

La ONG No Cap trabaja para combatirlo e intentar sacar del gueto a sus ocupantes, mediante contratos legales con empresas fiables. La fundó en 2017 un camerunés que ahora tiene 40 años, Yvan Sagnet. Él también acabó en uno de estos guetos de Apulia en 2011, organizó la primera huelga y propició la aprobación en 2016 de la ley contra el caporalato. “Si hubiera sabido lo que era aquello, no habría ido, como la mayoría de los inmigrantes que terminan allí. No imaginaba que en Europa existieran lugares así”, relata. Llegó a Turín en 2007 para estudiar gracias a una beca, pero se terminó en 2011 y necesitaba trabajar. Le dijeron que en Apulia había empleo y se fue para allá.

El poblado de Borgo Mezzanone no estalla y subsiste porque varias ONG y la Iglesia católica hacen lo que no hace el Estado italiano, y les facilitan los derechos que el Estado les niega: asistencia médica (una clínica móvil de Intersos desde 2018), asesoramiento legal, clases de italiano, duchas, programas de integración… Estas personas que pelean para cambiar las cosas echan muchas horas, con el móvil siempre sonando. Algunas son muy jóvenes; en las ONG hay un recambio generacional.

Todos los que conocen de cerca la inmigración dicen lo mismo: la única solución es regularizarlos, que tengan derechos y así, además, paguen impuestos y las pensiones de los italianos. Mason cree que hay una lógica “que exaspera los controles porque la narrativa dominante es que son peligrosos”, pero la Administración no tiene suficientes recursos y los propios empresarios están desesperados con la burocracia. Cada cierto tiempo, simplemente, el sistema colapsa y hay una regularización masiva. La última, de 200.000 personas, fue en 2020. - Íñigo Domínguez en el País


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