Sin ánimo de inspirar a nadie, últimamente me inquieta la posibilidad de que EE.UU. decida invadir las Balears. Son cuatrocientas veces más pequeñas que Groenlandia y su población multiplica por veintidós la de la isla más grande del mundo. Entre la península Ibérica, Marsella, Argel y Cerdeña, están en un lugar estratégico, como se demostró en tiempos de estraperlo y sigue demostrándose en plena era del turismo masificado. Todo lo que se puede dominar desde su posición es tan incomparable como su paisaje. Llucia Ramis.

Si la idea de Trump es poseer una Riviera en el Mediterráneo tipo la que pretende levantar en Gaza, en las Balears y las Pitiüses ya tiene adelantado buena parte del trabajo. Hay veintiséis campos de golf y, según denuncia Terraferida, entre el 2021 y el 2024 se han construido en Mallorca 846 chalets de lujo sobre suelo rústico, lo que equivale a cinco cada se­mana. Además, Trump cuenta con ­cuatro vuelos directos semanales a Palma desde Nueva York y una ampliación del aeropuerto, donde el año pasado aterrizaron más de doce mil jets privados.

En Mallorca, Trump tendría que vérselas con los alemanes; ellos la colonizaron antes

Si necesita excusas para proceder a la invasión, puede decir que los catalanohablantes son terroristas y tendrá el apoyo de la extrema derecha española. De hecho, si quiere el apoyo de media Europa, puede decir que los aborígenes son unos brutos miserables en vías de civilización, que viven de lo que pescan y de los cerdos que tienen en casa. Claro que, en Mallorca, tendría que vérselas con los alemanes; ellos la colonizaron antes. ¿Habría desembarco en S’Arenal? ¿Y una batalla del Botellón? ¿Se rebelarían los británicos en Magaluf? ¿Lo harían en Menorca, reivindicando sus raíces del siglo XVIII? ¿Recordarían los franceses su relación comercial con Sóller del XIX? ¿Defenderían los italianos Formentera en sus escúteres de alquiler?

Nadie podría agasajar al presidente estadounidense regalándole su medalla del Nobel de la Paz, aunque varios laureados hayan pasado por las islas. Tampoco hay metales raros ni petróleo. Sin embargo, no consigo quitarme la inquietud de encima. Incluso me da miedo haber escrito esta columna. ¿Y si ahora Grok la procesa y convence a Trump de que un delirio así es buena idea? Es tan impensable como lo era la amenaza de invadir Groenlandia. Aunque, bien mirado, no. No es tan impensable.