La anécdota más citada para explicar el nacimiento de esta teoría procede de 1990. Frank Meeks, un conocido franquiciado de Domino’s en Washington, relató que una noche recibió 21 pedidos de pizza procedentes de la CIA. Al día siguiente, Irak invadió Kuwait. Aunque no existe evidencia que vincule ambos hechos, la coincidencia alimentó la idea de que los picos de actividad en las pizzerías cercanas a los centros de poder podrían reflejar reuniones de emergencia o jornadas de trabajo prolongadas.
Un indicador no oficial que reaparece en cada crisis. Desde entonces, cada episodio de tensión internacional viene acompañado de un repunte en el interés por el llamado “pizzómetro”.
En redes sociales han surgido cuentas dedicadas a monitorizar el tráfico en locales de comida rápida próximos al Pentágono. Estas publicaciones, que combinan datos, capturas de aplicaciones de reparto y análisis improvisados, suelen viralizarse cuando coinciden con movimientos militares, comunicados inesperados o reuniones extraordinarias del Consejo de Seguridad Nacional.
Aunque la mayoría de estos seguimientos se realizan en tono humorístico, algunos analistas OSINT reconocen que los patrones de consumo pueden ofrecer pistas indirectas sobre la actividad institucional, del mismo modo que lo hacen los vuelos militares, los movimientos de personal o la iluminación nocturna de ciertos edificios.
Pese a su popularidad, la teoría carece de respaldo oficial. No existen datos públicos que confirmen una correlación entre los pedidos de comida y decisiones gubernamentales. Además, los picos de consumo pueden deberse a factores triviales: promociones, eventos deportivos, condiciones meteorológicas o simples variaciones del día a día.
Expertos consultados en distintos medios coinciden en que el pizzómetro funciona más como un fenómeno cultural que como una herramienta de análisis fiable. Sin embargo, su persistencia revela algo más profundo: la creciente tendencia a interpretar cualquier señal observable como un posible indicador geopolítico.
El auge del Pentagon Pizza Theory encaja en un contexto donde la información abierta —desde imágenes satelitales hasta datos de tráfico aéreo— se ha convertido en materia prima para analistas independientes. En ese ecosistema, incluso un detalle aparentemente banal, como el volumen de pedidos en una pizzería, puede transformarse en objeto de escrutinio colectivo.
Mientras no existan pruebas que respalden su validez, el pizzómetro seguirá siendo lo que es: una curiosidad viral que combina humor, observación y la fascinación por descifrar los movimientos del poder a partir de señales mínimas.
Mientras tanto, parece que estos dos últimos días las pizzerías cercanas al Pentágono han aumentado considerablemente sus pedidos.
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Que les pongan piña a todas y mozzarella de leche de búfalo.
ResponderEliminarLa piña en la pizza, es como una tortilla de patatas sin cebolla.
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