Desde siempre la actitud mayoritaria ante una catástrofe inminente ha sido escaparse. Son pocos los que corren el riesgo de quedarse a ayudar (por eso les llamamos “héroes”). Pero en la era postdigital vemos un nuevo parámetro de comportamiento cada vez más frecuente: hagas lo que hagas, grabas. Inmersos en un escenario dantesco, muchos jóvenes del interior del bar de Crans-Montana se quedaron grabando el fuego a poco más de un metro de las cabezas.
Está claro que nos cuesta comprender el fenómeno: ¿por qué estos jóvenes arriesgaron su vida (algunos la perdieron móvil en la mano) en lugar de huir? Y, en el exterior del bar, ¿por qué tantos preferían grabar en lugar de ayudar, por ejemplo, a los contados jóvenes que intentaban despejar el camino de los que salían a la calle? Un psicólogo consultado en el canal suizo RTS dijo que hay algo ancestral en nosotros que nos paraliza ante una situación de horror.
Los chicos de Suiza eran jóvenes e inexpertos. Pero somos los adultos quienes hemos contribuido a crear el mundo que habitan. Y en este nuevo mundo, el papel que desempeñan las pantallas en sus vidas revela cada día nuevos aspectos a los que más inquietante. Urge obligar a los responsables de las plataformas a tomar medidas. Mientras no las tomen, cualquier restricción para limitar el acceso de los más jóvenes al móvil conectado a las redes debería ser bienvenida. Cuanto más tiempo crezcan en contacto con la realidad real, mejor para ellos. Y cuanto menos tiempo destinemos, jóvenes o adultos, a las redes asociales, mejor para la humanidad. Con información de RTS y la vanguardia.


Pensaba que hablabas de impuestos, pero no: es otro tipo de "grabamen", con móvil.
ResponderEliminarAntiguamente, cuando ibas de viaje te comprabas uno o dos rollos de fotos y te apañabas, seleccionando mucho tus objetivos a retratar. Hoy la gente dispara sobre cualquier chorrada.
Y estos, grabando algunos de ellos, su próxima muerte.
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