Cómo salvar los 4.000 libros de la biblioteca del pueblo siciliano que amenaza con caer al vacío. Los escritores sicilianos se movilizan para intentar recuperar los 4.000 libros y la memoria histórica de la biblioteca de Niscemi, cuya puerta ha quedado sobre el vacío tras los deslizamientos de tierra - Francesco Olivo

En Sicilia hay cuatro mil libros al borde del precipicio: basta un ligero temblor para que la memoria de una tierra se venga abajo. En Niscemi, el pequeño municipio del interior siciliano, un gran deslizamiento de tierra ha abierto un abismo de cien metros junto al casco urbano y ha obligado a evacuar a unas 1.500 personas. Entre las casas que ahora corren riesgo de derrumbe también podría desaparecer en el abismo la biblioteca que conserva la memoria de esta localidad. Una parte del edificio está literalmente suspendida en el vacío: la puerta de entrada da a la acera y, justo después, se abre el barranco.

La biblioteca está en plena zona roja, donde las viviendas fueron evacuadas por el deslizamiento de tierra
El edificio que alberga la biblioteca —dedicada a su fundador, el historiador Angelo Marsiano— se encuentra dentro de la zona roja de seguridad, con prohibición total de acceso por riesgo de derrumbe, y ni siquiera los bomberos más audaces han podido entrar. “El peligro es altísimo”. Los habitantes de las casas situadas en un radio de 100 metros del precipicio han sido evacuados. Muchos no pudieron llevarse ni la ropa; solo se lograron rescatar algunas mascotas. No es una precaución excesiva: el domingo pasado, un edificio cercano se desplomó al vacío.
Para salvar la biblioteca se han movilizado decenas de escritores e intelectuales. El llamamiento partió de Stefania Auci, autora de la saga sobre la familia Florio, I leoni di Sicilia (publicada en España por Seix Barral), prácticamente fija en lo alto de las listas de ventas en Italia y muy popular también en Francia. “El riesgo —dice Auci— es perder dos tipos de memoria: la individual, que pasa por el doloroso espectáculo de casas desgarradas y fragmentos de vida común expuestos a la vista de todos, y la memoria colectiva custodiada precisamente en esa biblioteca, fruto de la voluntad de un intelectual de Niscemi que quiso conservar la historia de su ciudad”.

Tras su artículo en La Repubblica llegaron decenas de adhesiones de colegas, que se organizaron en un chat de WhatsApp para compartir reflexiones y también ideas concretas, como la posibilidad de emplear un robot para recuperar los volúmenes. El alcalde de Niscemi no se muestra optimista: “Recuperar los libros, en esta fase, es peligrosísimo. Además, están en un sótano, en una sala de la biblioteca que se encuentra literalmente al borde del deslizamiento”.

Auci explica a La Vanguardia que “esta campaña demuestra que existe en esta tierra un apego visceral a nuestra historia”. Como en muchas otras catástrofes naturales, surgen voces que objetan: ¿por qué salvar libros (o iglesias) antes que a las personas que lo han perdido todo? “Entiendo la objeción —responde Auci—: la vida de un bombero vale más que cualquier cosa y devolver las casas a la gente es la prioridad absoluta. Pero salvar la memoria común también es importante en estas tierras, incluso para decir al exterior que Sicilia no es solo mafia, sino también cultura”.

Entre los firmantes está Francesco Musolino, escritor y periodista siciliano, autor de Giallo Lipari , dedicado a la espléndida isla de las Eolias: “Hemos demostrado que existe una red de personas que dice que la cultura no puede ser siempre lo último y que Sicilia no puede vivir en emergencia permanente —explica por teléfono desde Messina—. Esta es una tierra de grandes escritores y escritoras, y ese patrimonio nos concierne a todos”.