Goretti, Harri, Ingrid, Joseph, Kristin y, ahora, Leonardo. Estos nombres no corresponden a la lista de Jeffrey Epstein, sino que son los apelativos que han recibido las diferentes borrascas que se han desencadenado sobre la península Ibérica en este mojado mes de enero. Seis fenómenos meteorológicos tan seguidos es algo inhabitual en estas latitudes y la causa hay que buscarla en la crisis climática que padecemos. La tendencia es que estas alteraciones extremas se van a repetir con mayor asiduidad en el futuro y la duda que empieza a extenderse entre la opinión pública es si las infraestructuras existentes en el país están en las mejores condiciones para resistir el reto.

Hace escasos días, por ejemplo, supimos que la asociación que engloba a ingenieros de caminos, canales y puertos (Aicape) había enviado una carta al Gobierno donde alertaba del insuficiente mantenimiento de las presas de los pantanos. “Los déficits acumulados durante décadas llevan a la necesidad de abordar un plan de choque con una dotación específica”, declaró Imanol García, presidente de esta entidad.

Las lluvias continuas de estos últimos días han causado, además, un incremento de las incidencias por desprendimientos de rocas y tierras, que han afectado a carreteras y especialmente a la vía férrea, como sucedió en Gelida, donde el derrumbe de un muro le costó la vida a un maquinista. Hay que revisar las infraestructuras y velar por su mantenimiento de forma natural, pero, ahora, con estas amenazas climáticas, las mejoras se hacen ya imprescindibles.

Quizás sea llegado el momento de cambiar de política o de políticos, dejarse de litigios entre partidos y afrontar seriamente los efectos del cambio climático. Dicho de otra manera, quizás sería llegada la hora de gobernar, pero gobernar en serio y alejarse de las politiquerías, y eso solo es posible aparte de buena voluntad, con un gobierno de coalición, un gobierno apolítico, técnico, compuesto de profesionales en cada ámbito que gestionen la economía del país.

Si España no afronta esta transición con seriedad, el deterioro ambiental puede comprometer sectores enteros y poner en jaque el equilibrio económico y social. El país no puede permitirse seguir al borde del abismo,  mientras sus políticos están enzarzados en una confrontación permanente entre partidos que bloquea decisiones esenciales. El clima no espera a que termine una legislatura, y la falta de acuerdos de Estado deja al país sin una estrategia sólida y continuada.

Gobernar con seriedad frente al cambio climático implica asumir que España ya no puede permitirse la política de la confrontación. La emergencia climática avanza más rápido que los acuerdos, y eso exige un cambio profundo en la forma de gestionar el país. Manos a la obra pues, señores políticos.