En Homenaje a Cataluña, escrito a partir de sus experiencias como brigadista en las milicias del POUM durante la guerra civil española, emergió como crítico del totalitarismo y, muy especialmente, de la patología estalinista del comunismo, a cuya denuncia dedicó también una sátira no superada, Rebelión en la granja. Porque Orwell, uno de los autores socialistas más leídos de todos los tiempos, era un acérrimo anticomunista, lo que le generó -en los largos años de idilio de la intelectualidad gauchista con el régimen de la Unión Soviética— todo tipo de incomprensiones. Básicamente por parte de aquellos a quienes Stalin habría calificado sin pestañear de “tontos útiles”, que le reprochaban criticar con mayor empeño al comunismo que al fascismo. Esto no era cierto, aunque Orwell creyera que el atractivo del comunismo era traicionero porque sus objetivos eran más nobles que los del fascismo y necesitaba, por tanto, más mentiras sobre las que sustentarse. Ningún fin, por utópico que fuera, pudiera justificarse con unos medios tan grotescos como los que vio utilizar al KGB en Barcelona, mientras le comían los piojos en los barracones de Wellington donde ahora tiene su sede la Universitat Pompeu Fabra.
En 1948, tras la Segunda Guerra Mundial, publicó 1984, la distopía por antonomasia. Un manifiesto contra la tiranía que a veces ha sido encasillado en el género de la ciencia ficción y cuyo mensaje es a la vez una terrible advertencia sobre las consecuencias del control estatal absoluto y una premonición de derrota y muerte. De inmediato se convirtió en un best seller, prohibido en toda la Europa del Este (fue Timothy Garton Ash quien dijo que 1984 acabó en 1989) y cuyo impacto se ha hecho notar en gentes tan dispares como Churchill, H. G. Wells, Margaret Atwood (evidente en El cuento de la criada), David Bowie o las campañas publicitarias para Apple de Steve Jobs. En la época de las fake news y la posverdad, coincidiendo con la elección de Trump a la presidencia de los EEUU, sus ventas llegaron a dispararse un 10.000 por ciento.
A este meteorito literario dedicó su último libro Dorian Lynskey, un brillante y muy recomendable ensayo en el que el autor, a la vista de las amenazas del presente, acaba por concluir que Orwell, pese a todo, tendía a subestimar la imbecilidad humana. Dorian Lynskey. El Ministerio de la Verdad. (2022) Capitán Swing Traducción de G. Facal Lozano 23,75 euros 400 páginas.

Desconocía el libro. Pero me cuesta creer que un Orwell experimentado subestimase la imbecilidad humana.
ResponderEliminareso de la imbecilidad humana es más del negociado de Einstein.
EliminarCreo que Orwell siempre fue un referente válido para todos menos para los extremistas fascistas y estalinistas. Y sobre su acertada premonición de un futuro horrible - y ya no tan distópico- desarrollada en 1984, me viene a la memoria aquella alumna mía veinteañera del centro de adultos que se pasó los primeros meses del curso 2012/2013 dándome la tabarra con que vendría el apocalipsis el 21 de diciembre, porque lo habían dicho los mayas. Llegó el día y afortunadamente pudimos celebrar las navidades tranquilos. Y patece que vamos tirando.
ResponderEliminarSaludos.
Lo de los mayas era una teoria de la conspiraión bien estructurada, como todo lo de Nostradamus
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