Es sabido que Orwell vino a España a combatir el totalitarismo fascista y acabó teniendo que escapar amenazado por los esbirros del totalitarismo estalinista. Así pues, fue nuestra Guerra Civil la que lo convirtió en el azote de los totalitarismos de distinto signo. Ni Rebelión en la granja ni 1984, sus dos novelas de denuncia de las tiranías, existirían si entre diciembre de 1936 y junio de 1937 no hubiera estado en territorio español luchando por la República, experiencia de la que dio cuenta en Homenaje a Cataluña, uno de los clásicos indiscutibles sobre la contienda.
El de Orwell es un ejemplo de rectitud, coraje y generosidad, por lo que no han faltado los interesados en manchar su reputación. Lo hicieron por el viejo método de coger el rábano por las hojas cuando lo acusaron de chivato, a propósito de una lista de nombres en la que el escritor desaconsejaba la contratación de treinta y tantos intelectuales comunistas para una oficina gubernamental de propaganda precisamente anticomunista. Estoy hablando de 1949, ya en plena Guerra Fría, cuando Moscú se afanaba en llenar Londres de espías al estilo de Anthony Blunt, visitante asiduo del palacio de Buckingham, o de Kim Philby, el prosoviético que (sí, parece un chiste) dirigía la sección antisoviética del espionaje británico. ¿Cómo no iba a advertir Orwell al Foreign Office sobre la absoluta falta de idoneidad de esa treintena de intelectuales, a los que por lo demás no causó ningún perjuicio?
Las ‘big tech’ han hecho realidad la peor de las pesadillas de Orwell: el control del individuo
El documental de Raoul Peck certifica que Orwell, como se ha venido diciendo a lo largo de los últimos ochenta años, era un visionario. Sus vaticinios, que parecían determinados por el contexto histórico en que fueron hechos, habrían tenido que decaer tras la caída del muro de Berlín y la implosión del bloque soviético y, sin embargo, siguen más vigentes que nunca. No otra es la tesis de Peck, que sostiene (y demuestra) que la pulsión totalitaria de los años treinta y cuarenta del pasado siglo ha vuelto por sus fueros, tan vigorosa y lozana como entonces.
Lo que en un momento dado fueron distopías ahora son realidades. Ahí están los síntomas: la prohibición de libros en diferentes estados norteamericanos (incluido 1984), el recurso a las “verdades alternativas” para legitimar la mentira, el doble lenguaje con el que se intenta sofocar la disidencia, el control de la información como vía de desarticular el pensamiento crítico, la neolengua que altera los significados y elimina los conceptos incómodos… Los lemas del Partido en la novela de Orwell siguen resonando como un mantra en el documental de Peck: la guerra es paz, la libertad es esclavitud, la ignorancia es fuerza.
Nunca como ahora la tecnología había tenido tanto poder, concentrado en unas pocas manos, que ejercen ese poder con el único objetivo de seguir aumentando su poder. Las big tech han hecho realidad la peor de las pesadillas orwellianas, porque las posibilidades de control del individuo que ofrecen las nuevas tecnologías van mucho más allá que las fantasías más desenfrenadas. Muchos de esos tecnoligarcas aparecen en la película de Peck al lado de los otros Big Brothers de nuestra asendereada época: Trump, por supuesto, pero también Putin. Las declaraciones del padre de un soldado ruso muerto en Ucrania que justifica la guerra porque “Ucrania estaba preparando la invasión de Rusia” resultarían enternecedoras si no fueran el lamentable signo de los tiempos. “El concepto mismo de verdad objetiva está desapareciendo”, escribió Orwell hace ochenta años, y eso es una de las pocas cosas que siguen siendo una verdad objetiva. Ignacio Martínez de Pisón

3 Comentarios
Un visionario.
ResponderEliminarQuizá el mayor de todos. Más que Huxkey, Bradbury y el propio Verne.
Salud.
Y todo gracias a ques estuvo en España durante la guerra civil. Mwe lo recordaba Miquel Carrisano en el blog enk catalán. "Es sabido que Orwell vino a España a combatir el totalitarismo fascista y acabó debiendo escapar amenazado por los esbirros del totalitarismo estalinista. Así pues, fue nuestra Guerra Civil la que le convirtió en el azote de los totalitarismos de signo diverso."
ResponderEliminarSalud
Uno de mis libros preferidos de Orwell, y mira que hay libros y libros, desde mis años de juventud en que creíamos en el internacionalismo, es "Homenaje a Cataluña". Título en cierto modo equívoco o no ajustado a lo que uno puede pensar. No es un canto precisamente al nacionalismo sino a la solidaridad obrera, a los intentos de revolución, y donde se reflejan los enfrentamientos de 1937 en Barcelona para cargarse el relativo poder de la CNT por parte de Moscú.
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