Las verdades de Trump suelen tener fecha de caducidad, como los yogures. Algunas duran apenas horas en la estantería de la historia. Pero sus contradicciones no ayudan a la estrategia bélica, ni tampoco a la realidad económica. Es entrañable ver a Francia, Alemania y Gran Bretaña, que han estado al margen de toda está operación bélica e incluso se enteraron tarde de sus términos, hacer seguidismo del presidente americano. Todo tan singular como que en su discurso al país Trump hiciera un homenaje a los militares fallecidos en combate y se felicitara por las obras en el salón de baile de la Casa Blanca que ha impulsado.
En un mismo discurso homenajea a los militares caídos y se felicita por las obras en el salón de baile
Seguro que el Pentágono tiene un plan, pero cuesta de verlo. De momento, Irán ha sabido extender las acciones militares a toda la región e incluso sus agresiones han alcanzado a Europa al atacar con un dron una base militar británica en Chipre. La sensación es que Estados Unidos maneja el plan a su antojo. Mientras, las democracias occidentales intentan adaptarse para no quedar fuera de la ecuación.
El candidato al Nobel de la Paz ya tiene su guerra. No me extraña que diga que esa situación no le aburre. Pero el aburrimiento es bueno: facilita la reflexión. “Se bueno y te aburrirás”, escribió Mark Twain. Màrius Carol.

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