El Ministerio de Sanidad, publicó en el 2020 una guía visual sobre el edadismo o discriminación por motivos de edad: “Todos seremos personas mayores. ¿Cómo nos gustaría que nos traten?”. El presidente del tribunal que juzga a la familia Pujol, José Ricardo de Prada, tiene 68 años. Se desconoce cómo quiere que lo traten en unos años, pero, supuestamente, quiso evitar caer en el edadismo al hacer comparecer personalmente a Jordi Pujol, de 95 años con andador y diagnóstico de alzheimer, en la Audiencia Nacional.

De Prada aseguró que no pretendía “estigmatizar” al expresidente de la Generalitat, sino comprobar personalmente si su edad le impedía defenderse adecuadamente. Es un magistrado tan incrédulo como santo Tomás. De Prada tenía hace cinco meses tres informes forenses en los que se advertía del deterioro cognitivo de Pujol, pero se ha impuesto el “si no lo veo, no lo creo” y la curiosa necesidad del tribunal de dictar el diagnóstico médico y el judicial.

Pujol ha hecho 600 kilómetros en coche con sus hijas y una “visita” a la Audiencia Nacional de poco más de una hora para ser exculpado; aunque Pujol, más preocupado por su legado que por su salud, se había mostrado dispuesto a declarar. La causa ha tardado once años en llegar a juicio, los que ha necesitado Pujol para ver cómo su figura de presidente de la Generalitat se disociaba de la de padre de familia y era rehabilitada. Y cinco meses ha tardado el tribunal en ejecutar su condena pública: presentarse ante la Audiencia Nacional aunque sea para decir que no está en condiciones de defenderse.

La familia no quiso un recibimiento político en la sede judicial de San Fernando de Henares, pero ha habido acompañamiento digital. El ministro de Justicia, Félix Bolaños, consideró que había “otras maneras” de comprobar la viabilidad o no de la declaración de Pujol; el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, apeló a la “humanidad” del tribunal; el expresident Mas achacó la “pena del telediario” a la relevancia histórica de Pujol para el nacionalismo catalán; Carles Puigdemont habló de “humillación”, como Oriol Junqueras…

Los comentarios han sido de ida y vuelta. La exoneración de Pujol por su estado físico y mental “no podía ser de otra manera”, según el médico de la familia, Jaume Padrós, que recuerda en las redes sociales que los informes médicos y forenses eran “100% coincidentes”. “Ha sido una crueldad hacerlo ir a Madrid y pintoresca la justificación”, sostiene Padrós. Para Illa, “la justicia ha actuado con seny y sentido de la humanidad”, pero en el ágora digital se destripan otras teorías.

Según El Cojo de Lepanto, Pujol no podía declarar “por temor a que tirase de la manta primero y ahora por motivos de salud. Se podían haber ahorrado este sainete, la verdad”.

Hasta se declara España como “país fallido” por la exculpación del expresident. “Si se va golpeando la rama de un árbol, caerán todas”, dijo Pujol en la comisión de investigación del 3% del Parlament hace años. Si Pujol era el pal de paller de una organización criminal familiar, el tribunal ha dejado a la acusación sin su cabecilla.

Pujol es una referencia recurrente para cualquier polémica. Javier Mariscal desdeñó la fiesta de Sant Jordi: “Ahora que pronto el pobre Pujol nos dejará, ya podemos eliminar Sant Jordi”, mientras Illa recuperó el histórico chocolate con melindros en el Pati dels Tarongers de los gobiernos pujolistas.

Y a falta de declaración judicial, en la hemeroteca digital hay frases de Pujol para todo y para todos: “Jordi Pujol: Catalán es quien vive y trabaja en Cataluña. Vox: Español es quien tiene padre y madre españoles. Al final habrá catalanes que no serán españoles”. Isabel Garcia Pagan, La vanguardia.com.