ZASCACRACIA


 El pasado lunes 4, los tres grandes partidos progresistas de Alemania —socialdemócratas, verdes y La Izquierda— publicaron el mismo mensaje en sus cuentas de X (antes Twitter). “En los últimos años, X se ha hundido en el caos. Los debates políticos viven de la conversación, que alcanza e informa a las personas. Por su parte, X promociona la desinformación de forma creciente. Por ello, dejamos de utilizar esta cuenta”.

Bajo el hashtag #WirVerlassenX (“Dejamos X”) los partidos políticos alemanes explicaban su decisión, tomada en conjunto para evitar el temor a quedarse solos. Cuatro días más tarde, la Comisión Europea anunciaba que retiraba su enlace a “compartir en X” de su página web y ponía el enlace a Mastodon en primer lugar. No funciona en todas las páginas (por ejemplo, la de la sala de prensa sigue poniendo la plataforma de Elon Musk en primer lugar) pero sí es una señal importante.

Es una señal que no se termina de captar en España, donde la persistencia de X como centro del mundo político en redes (y no tan en redes) parece tener efectos no solo en la percepción de la realidad, sino también en la consolidación de una dinámica en la que la derecha tienta y la izquierda arremete. Y con mucho gusto.

Pongamos un caso de hace justo una semana. Vox invitó a la Comisión de Mujer de la Asamblea de Madrid al escritor Juan Soto Ivars para hablar de su libro Esto no existe, sobre las denuncias falsas de violencia machista. La diputada de Más Madrid, Marta Carmona, muy activa en Bluesky, se encargó de darle la réplica, que compartió por sus redes. “Usted se dio cuenta de que en España estaba vacante el hueco de hombre antifeminista, que cuestiona el feminismo”.

La intervención de Carmona fue muy celebrada por el entorno de Más Madrid en redes. En los últimos meses, los partidos progresistas se han apresurado a buscar perfiles que responden a la desinformación y las provocaciones de la derecha y la ultraderecha de forma contundente e irónica.

Pero aquí la pregunta que hay que hacerse es si no era precisamente esa la intención de invitar a Soto Ivars (que, en el montaje difundido por Más Madrid, miraba a la diputada de izquierdas con una sonrisa socarrona) a hablar en la Asamblea. Porque al día siguiente, este anunciaba que publicaría el vídeo íntegro de la comparecencia (que se puede encontrar también en la página oficial del parlamento matritense) “para que saquéis vuestras propias conclusiones”.

La ambición por el zasca, que al fin y al cabo es una forma de ragebait (generar clics e interacciones apelando a que el espectador salte de ira) ofrece un canal para que el adversario transmita su mensaje. No es que le haga falta ese espacio, además, en plataformas comerciales, donde la presencia en los timelines se compra (y el dinero nunca parece faltar). Además, es dejarles la iniciativa para que presenten primero sus intenciones y les pongan nombre, como el infame “prioridad nacional”. Normal que el Gobierno se lamente, como cuenta mi compañero Carlos E. Cué, de que su mensaje se pierde en el barullo.

Desde el Ejecutivo parece que se apuesta todo al poder taumatúrgico de la regulación, como si esto fuera a frenar a los tecnólatras La justicia francesa ha abierto una investigación penal a Musk por los numerosos desmanes de X. El magnate, protegido por su inmensa fortuna y el Departamento de Estado de EE. UU., se burló de los jueces en su propia plataforma con una vulgaridad homófoba.

El argumento más potente para insistir en la pervivencia de la zascacracia es que hay que acomodarse al mundo en el que uno vive, que uno no pone las reglas del juego. Pero en Alemania, y en Bruselas, se están moviendo para cambiar el mundo, para ir a espacios donde haya nuevas reglas, más justas. ¿A qué estamos esperando? - Thiago Ferrer Morini en el País.

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