Incendios dantescos en España y Francia con el resultado de muertes, 300.000 personas evacuadas y la brutal destrucción de propiedades y sistemas naturales. Nuestro país declara por primera vez la emergencia nacional a causa de los incendios. El otrora lluvioso Reino Unido, en alerta grave por sequía. Hungría y Rumania, obligadas a detener sus reactores nucleares por falta de agua del Danubio con la que refrigerarlos. Miles de muertes prematuras como consecuencia de durísimas olas de calor en Alemania, Francia y España. El Rin, en mínimos históricos de profundidad, lo que afecta a la navegabilidad de una arteria clave en el transporte alemán de mercancías. Noruega tiene que verter miles de litros de agua para enfriar el ardiente asfalto de sus aeropuertos. El centro de Barcelona, con temperaturas mínimas ininterrumpidas superiores a los 24 grados durante más de un mes, lo que afecta seriamente a la calidad del sueño de la gente.
La emergencia climática está aquí, y Europa es su zona cero. El año 2026 será posiblemente recordado como el momento en el que nuestras sociedades e instituciones tomaron conciencia de que Europa franqueó un umbral, el de la era de las consecuencias. Por tanto, es imperativo que la Gran Adaptación ocupe un lugar central en la agenda del Consejo, la Comisión y el Parlamento europeos en los próximos meses y a lo largo del resto de la legislatura. La aprobación del marco integrado de resiliencia frente al cambio climático prevista para el último trimestre de este año habría de significar, en ese sentido, un punto de inflexión ambicioso y sistémico en la preparación de nuestro continente, situándola en un nivel de máxima prioridad junto con la neutralidad climática y blindándola por ley.
¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Algunos datos clave nos ayudan a entender lo ocurrido desde que en 1990 el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por su siglas en inglés) emitió su primer informe de síntesis alertando sobre lo que venía.
Advertencias de la ciencia. El IPCC ha supuesto el mayor proceso colaborativo en la historia universal de la ciencia. Decenas de miles de científicos han contribuido a lo largo de estos 35 años a sus seis informes de síntesis y trabajos complementarios. A título personal, yo mismo publicaba en este diario, basándome en esos informes, mi primera tribuna de opinión sobre el cambio climático, en 1996. Unía mi voz a la que llegaba desde la comunidad científica y las organizaciones ecologistas internacionales.
Respuesta internacional insuficiente. En ese tiempo, se han realizado 30 Conferencias de las Partes (COP) en el marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático, la última de ellas en Belem (Brasil). Si bien el Acuerdo de París fue un éxito importante, ya que ha evitado las peores trayectorias de emisiones, la respuesta internacional vertebrada por dichas COP ha sido muy insuficiente para evitar una interferencia antropogénica grave en el sistema climático. La Convención ha carecido de poder para embridar las emisiones de los sistemas nacionales.
Emisiones mundiales. Como reflejo de esa insuficiente respuesta, en las tres décadas y media transcurridas entre 1990 y 2025 se han emitido (sin incluir las procedentes de los usos del suelo) un total aproximado de 1.508.000 millones de toneladas de CO₂ equivalentes, lo que supone alrededor del 50% de las realizadas desde la Revolución Industrial. Las tres cuartas partes del total de emisiones desde 1990 han sido originadas por los combustibles fósiles. China ha generado en torno al 25% de las emisiones mundiales en esos 35 años.
Alteración en la química de la atmósfera. Como consecuencia de lo anterior, la concentración de CO₂ en la atmósfera ha pasado de las 354 partes por millón (ppm) en 1990 a 427 ppm en 2025. A mayor concentración de CO₂, mayor aumento de la temperatura media de la atmósfera.
Impactos. En los 30 últimos años, el incremento de la temperatura continental europea ha sido de 0,53 grados por década, mientras que a nivel global ha sido de 0,27 grados por década. Europa es el continente que más rápido se está calentando en el mundo. Los durísimos impactos de este verano de 2026 son consecuencia directa de la profunda alteración del sistema climático que expresan estos datos.
Ahora bien, no es suficiente saber cómo hemos llegado hasta aquí. Es preciso comprender de manera realista hacia dónde nos conducen los procesos globales en curso para preparar a nuestras sociedades y economías adecuadamente. Así, el objetivo más ambicioso del Acuerdo de París, mantener el incremento de la temperatura en torno a los 1,5 grados, está ya virtualmente fuera de alcance, ya que en 2025 se encontraba en 1,4 grados. Lo que resulta aún más serio: va a ser difícil evitar que el objetivo central de los dos grados no sea sobrepasado para mediados de siglo. Tendría que modificarse de manera sustancial la trayectoria actual de las emisiones y, lamentablemente, no es lo que se prevé a la vista de los planes presentados a las Naciones Unidas por emisores clave como China e India, por no mencionar el actual contexto internacional con un presidente irresponsablemente negacionista en la Casa Blanca.
Ante esta compleja situación, Francia ha hecho un movimiento importante de realismo climático al aprobar, en marzo de 2025, un plan nacional de preparación ante un escenario en el que se sobrepasan a nivel global los 1,5 grados en 2030, los dos grados en 2050 y los tres grados en 2100. Ese escenario climático implica que el país vecino asume que se ha de preparar para aumentos de la temperatura en su geografía nacional de dos grados en 2030, 2,7 grados en 2050 y cuatro grados en 2100, reflejando el hecho de que Europa se está calentando más rápido que la media mundial.
En la estela de dicho país, la Comisión Europea ha dado recientemente un paso significativo en la misma dirección al fijar que, en la preparación del mencionado marco integrado de resiliencia y adaptación, la Unión Europea adopte una referencia común en su planificación basada en los riesgos físicos climáticos que se derivan de la trayectoria de emisiones denominada SSP2-4.5, de entre las utilizadas por el IPCC, que conduce a un aumento de la temperatura media de la atmósfera de 2,8-3,3 grados para 2100. Dicha trayectoria es coherente con las últimas proyecciones que el Programa de la ONU para el Medio Ambiente (UNEP, por sus siglas en inglés) ha realizado sobre los incrementos de la temperatura esperados a finales de siglo a la luz de las políticas que han sido ya formalmente adoptadas por los gobiernos.
Cabe esperar que ese nuevo marco de referencia europeo ayude a desbloquear el acuerdo entre los mayores partidos políticos de nuestro país. La situación es grave y va a empeorar. La necesidad de un pacto de Estado frente a la emergencia climática habría de ser la prioridad nacional. - Antxon Olabe en el País.

0 Comentaris:
Publicar un comentario