Hay muchas historias prohibidas (forbidden stories, en inglés). Historias que los gobiernos o los grupos de presión no quieren que se sepan y hacen todo lo posible por silenciarlas (encarcelando o matando, si es necesario). Ya en el pasado mítico existía ese patrón del silencio. En La Odisea, hay algunos ejemplos. La bajada de Odiseo al Hades, el país de los muertos, para obtener una información que no encuentra entre los vivos. O el episodio de las sirenas. Ellas conocen el futuro, pero los humanos al oír sus voces pierden la cordura y la vida. Es Circe quien advierte a Odiseo de este peligro y le explica cómo se puede proteger: la tripulación deberá taparse las orejas con cera, y él deberá ser atado al palo del barco para oír las voces de las sirenas sin lanzarse enloquecido al mar.

Circe actúa como informante de seguridad. Así actúa también la organización Forbidden Stories, una red internacional de información que publica el trabajo de reporteros amenazados, encarcelados o asesinados. Forbidden Stories envía este mensaje a los prohibidores: matar o silenciar a un periodista no detendrá la verdad, ya que los reporteros en peligro habrán enviado su investigación a un servidor seguro antes de que les ocurra algo. Si el autor es atacado o silenciado, la organización activará una red formada por prestigiosos medios de información de todo el mundo, que accederán al servidor y publicarán la historia prohibida. Protegen a los periodistas y aseguran la circulación de sus trabajos.

En julio de 2021, Forbidden Stories inició la publicación de una investigación: la entrada masiva de unos 8.000 migrantes en Ceuta en mayo de 2021 no fue espontánea, sino una operación de Estado. Marruecos relajó deliberadamente los controles fronterizos después de que España acogiera en un hospital al líder saharaui Brahim Ghali. En la sala de máquinas de la operación, el asesor real Fouad Ali El Himma y el ministro Nasser Bourita.

Mientras los migrantes forzaban en masa la valla y las playas, los servicios de inteligencia de Rabat infectaban a los teléfonos de Sánchez y de varios ministros con Pegasus, un programa espía israelí. El chantaje funcionó: España cambió su posición histórica sobre el Sáhara.

Antoni Puigverd en la vanguardia