LA SOMBRA DEL OFICIO


 Hay veranos que no se acaban nunca, aunque el calendario diga el contrario. Incluso el sol, protagonista de la temporada más deseada, parece pedir la hora entre acusaciones en complicidad con lo sanchismo. Acusar un eclipse de social comunista es una cosa que ni los más convencidos de las enormes capacidades de la derecha española vimos venir.

Todos ateos, hasta que la azafata señala las salidas de emergencia del avión y anuncia el despegue. Todos repitiendo que el periodismo es el oficio más bonito del mundo hasta que te obligan a ponerte al día sobre un montón de sandeces. Lo recuerda Gerardo Tecé ctxt.es: el periodismo es un oficio bello, sí, pero también agotador, contradictorio y a menudo cruel con quien lo practica. “Cuando vuelvo a la redacción y me obligan a ponerme al día sobre un montón de tonterías, te juro que me haría «sexador de pollos”, me decía hace poco un compañero. Y si de sexador de pollos se trata, el título ya lo tenía Joan Manuel Serrat.

No ha sido un verano fácil para nadie. No lo ha estado para Pedro Sánchez, pero tampoco para los pobres periodistas que, en lugar de pasar el agosto con sus familias, se han dedicado a asediar la familia del presidente porque el sinvergüenza se ha cogido vacaciones. Viva el rey, por cierto. Que nadie le pregunte a Isabel Díaz Ayuso si ha descansado. Quería aprovechar los días libres para los típicos papeles pendientes —como comprarse un ático de seis millones con dinero público— y, después de insultar los bomberos y dar 480 versiones diferentes, ha acabado hablando de ETA. Es decir, trabajando.

Empezamos el curso más achicharrados que la Sierra Oeste de Madrid o la provincia onubense. Y en mi jefe solo cabe una pregunta: cómo es posible que, año tras año, se repita el mismo drama con récord todavía más grande? Aunque sea por egoísmo, por no perder las vacaciones cada verano, ¿a los presidentes autonómicos no se los acut hacer caso a los bomberos e invertir en prevención?

Pirómanos e imprudentes siempre habrá, el problema es cuando cobran un sueldo público y se dedican a provocar incendios, incluso en ciudades de costa como Ceuta. Allá han desplegado la alfombra roja del fascismo las estrellas más brillantes de la galaxia del asco. Después de plantarse al lugar para sembrar odio y racismo —es decir, trabajar en vacaciones—, tipos como Abascal continúan sin atreverse a criticar el dictador marroquí, amigo de sus amigos de Israel y de los Estados Unidos. Ya conocen la canción de Mecano. A cambio, siempre dirigiéndose al más lento y corto de luces de la clase, desde Vox culpan los inmigrantes, así, en abstracto. Todavía bueno que Feijóo lo arreglará todo, suerte hay de él.

Si a todo esto suman la llegada de un nuevo psicópata a la escena internacional, en este caso en Colombia, y que ministras de Netanyahu piden que cada noche se asesinen en Gaza cuarenta o cincuenta personas, ya tienen el mapa de situación de cómo está el mundo. Y los periodistas, la explicación de por qué a usted, lógicamente, le venden ganas de dimitir de la actualidad, como al periodista amigo aspirante a sexador.
Le pedimos que no lo haga. Que nos coja la mano a nosotros, quienes nos dedicamos al periodismo de servicio público, porque si tienen el mundo así mientras miramos, imagine como lo tendrían si dejáramos de mirar, acaba el artículo Tecé.

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