Este artículo de Genís Roca en La Vanguardia es del 15 de septiembre de 2023. Es premonitorio de dos artículos, dos manifiestos actuales: El Manifest Palantir i El Manifest Amodei. Los dos los podéis encontrar en el Bloc de la IA; son textos largos y complejos, pero que es necesario leer con atención sin prisa, como decía hace tres años Genis Roca, el proceso no será rápido, pero es imparable ya medio y largo plazo muy beneficioso para la humanidad.

La revolución industrial fue un proceso de transformación tecnológica, económica y cultural que modificó la estructura de la sociedad, pasando de una economía rural basada en la agricultura y el comercio a una economía urbana basada en la industrialización y la mecanización. que se trataba de un cambio estructural y no se le llamó revolución industrial hasta 1820, en Francia. Cambiar un modelo de sociedad es un proceso que se desarrolla durante décadas y difícilmente las primeras generaciones de este cambio pueden tener plena conciencia de lo que está pasando ni anticipar sus consecuencias.

Hoy, claramente, estamos viviendo una transición, una vez más, marcada por la tecnología, y al igual que en su momento electrificamos nuestras ciudades, empresas y casas, ahora las estamos digitalizando. De nuevo la humanidad vive un proceso de transformación económica, cultural y tecnológica que dará lugar a un nuevo modelo de sociedad. Lo digital transforma la educación, el comercio, la movilidad, el ocio, la política, la economía, la cultura.

Todo está sucediendo a un ritmo vertiginoso, pero lo cierto es que este proceso empezó hace décadas y seguirá desarrollándose durante décadas, porque de manera inevitable cambiar la estructura de una sociedad siempre es una tarea que afecta a más de una generación y, como siempre, se nos hace difícil anticipar cuál será el modelo que resultará.

Más de doscientos años de paradigma industrial nos han acostumbrado a trabajar con métodos y procedimientos orientados a la eficiencia y calidad. Hemos ido consolidando procesos y rutinas, métricas e indicadores, sistemas de control y evaluación. La industrialización es esto, abrazar la mecanización y el procedimiento abandonando la artesanía y la improvisación. Existe un procedimiento para realizar un trámite administrativo, sea cual sea la ventanilla que te atienda. Todo el profesorado de matemáticas de un mismo instituto aplica el mismo temario. Todos los coches Seat se montan por igual, sin importar que haya cambios de turno y de operarios.

El paradigma industrial estima el orden y la estabilidad, y si alguien quiere introducir cambios debe garantizar que el resultado será sólido y mejor. Después de décadas con esta lógica, hoy tenemos tantos procedimientos que resulta muy difícil realizar cambios. Tanto que la gestión de la innovación es el gran tema en las escuelas de negocios y la clave para la competitividad empresarial.

Pero toca realizar cambios. Somos hijos de la sociedad industrial y padres de la digital, y nos toca ir acompañando al final de una y la progresiva puesta en marcha de la otra. Vigilando el ritmo, porque la industrial ya no sirve para todo, pero la digital no sirve aún para todo. Pese a la vertiginosa velocidad del momento, éste es un proceso de cambio estructural que nos ocupará décadas.

Es decir, da igual cuál sea nuestra edad actual, podemos afirmar que viviremos todo lo que nos quede de vida profesional en un contexto de cambio no sólo permanente sino también estructural. Da igual si nuestro trabajo es de salud, docencia, automoción, prensa, seguros o una tienda de moda. Habrá cambios. En el paradigma digital no sabemos cómo serán los bancos, las universidades, los partidos políticos o los conciertos de música, pero saben que serán muy distintos. Quien tenga resistencia al cambio sufrirá. Y quien necesite saber hacia dónde vamos antes de ponerse en marcha, no podrá arrancar.

La clave es entender que toda nuestra vida profesional consistirá en saber acompañar a los cambios, que serán el preámbulo de otros cambios, porque harán falta no una sino diferentes iteraciones hasta que los nuevos modelos para una sociedad digital se estabilicen dentro de una cierta madurez.

La digitalización es un proceso que empezó hace décadas, y al que aún le faltan décadas de desarrollo. Empezó en el siglo XX y ya vamos por la tercera década del siglo XXI. No es algo que se pueda gestionar con el insoportable cortoplacismo de políticos incapaces de mirar más allá de cuatro años y gestores orientados al resultado del trimestre. El reto digital no es un sprint, sino una carrera de resistencia, y necesitamos recuperar perspectiva: todo va muy deprisa, pero no será rápido"