"La violencia de los colonos es esencial para el proyecto de eliminación de Palestina por parte de Israel. Presentar los ataques de los colonos israelíes armados como la acción de extremistas aislados que actúan al margen del Estado oculta una realidad mucho más inquietante: en Cisjordania, colonos, ejército y otras instituciones funcionan cada vez más como partes de un mismo mecanismo de violencia y desposesión
Durante años, la comunidad internacional, los medios de comunicación e, incluso, parte de la sociedad israelí han denunciado la “violencia de los colonos” como si se tratara de un fenómeno de grupos extremistas ajenos al Estado. Esa descripción no explica lo que ocurre en Cisjordania. Peor aún, contribuye a ocultarlo.
El reciente informe que hemos publicado desde B’Tselem muestra que la violencia ejercida por milicias de colonos armados forma parte de un sistema mucho más amplio. No se trata de una anomalía de la ocupación, sino de una de las herramientas del proyecto de eliminación: la reorganización del territorio y de las condiciones de vida para hacer permanente y continua la presencia israelí-judía, mientras la existencia palestina se vuelve fragmentada, insegura y, finalmente, inviable.
Desde el 7 de octubre de 2023, la simbiosis entre colonos y Estado adquirió una nueva dimensión: miles de colonos fueron reclutados y armados para integrar unidades de defensa territorial en sus zonas de residencia. Los escuadrones de emergencia se ampliaron y recibieron entrenamiento y equipamiento militar. Los coordinadores de seguridad de los asentamientos poseen poderes oficiales para detener y registrar a la población palestina y distribuir armas militares. Al mismo tiempo, el Gobierno flexibilizó los requisitos para portar armas. Durante los seis meses posteriores al 7 de octubre se documentaron más de 700 ataques de colonos y en casi la mitad de ellos participaron atacantes uniformados.
No hay una frontera clara entre “el Estado” y “los colonos”. En Cisjordania esa frontera se ha erosionado en las pasadas décadas y, desde octubre de 2023, se ha vuelto prácticamente inexistente. Soldados, policías, unidades de colonos con armas provistas por el Estado, coordinadores de seguridad de los asentamientos, escuadrones de emergencia y milicias de colonos actúan muchas veces como partes complementarias de un mismo sistema. Los colonos atacan con armas proporcionadas por el Estado; los soldados presencian los ataques sin intervenir o participan en ellos directamente; el ejército bloquea carreteras o dispara contra los palestinos que intentan defender sus tierras y familias.
Hoy, además de los grandes asentamientos, Israel cuenta con un dispositivo mucho más rentable y eficaz para apoderarse de extensas áreas: las llamadas granjas de colonos. Mediante el establecimiento de una pequeña granja financiada con fondos públicos, con apoyo policial y militar, se ejerce el dominio sobre el territorio y la población. Primero, se impide a los pastores palestinos acceder a sus tierras; luego, se dañan sus cultivos y rebaños y, por último, se intensifican las amenazas y la violencia contra ellos.
El Estado no necesita firmar y ejecutar una orden formal de expulsión. Lo que hace es crear unas condiciones en las que es inviable permanecer. Reducir todo esto a “violencia de colonos” es falsear la realidad. Las granjas de colonos reciben infraestructura, presupuesto, armas y protección estatales. Las autoridades asignan tierras de pastoreo; los consejos regionales y el ejército cooperan con las granjas y, una vez que la comunidad palestina abandona su lugar de residencia, se establecen carreteras, caravanas, cercas y nuevas explotaciones.
Como concluye nuestro informe, las milicias que operan desde estas granjas no deben entenderse como un elemento externo al Estado, sino como un brazo operativo del mecanismo de control territorial en el que la distinción entre lo civil y lo militar pierde su sentido. La violencia hace inviable la permanencia de los palestinos y las instituciones israelíes consolidan después el dominio territorial. Este es el sistema mediante el que fueron expulsadas 66 comunidades palestinas desde el mes de octubre 2023.
En los últimos años se ha desplegado con mayor claridad este espectro de violencia. Una y otra vez, decenas o centenares de colonos irrumpen en pueblos palestinos —como Huwara, Beita o Qusra, entre otros— acompañados por soldados, incendian casas y atacan a sus habitantes. Cuando los palestinos intentan defenderse, los soldados les lanzan gases lacrimógenos y, en algunos casos, les disparan con munición real.
En muchos casos, los colonos que llevan a cabo los ataques utilizan armas que recibieron del Estado para disparar contra la población palestina, provocando en muchas ocasiones víctimas mortales. Estos ataques ponen de manifiesto la creciente difuminación de la frontera entre los representantes oficiales y no oficiales del régimen israelí. La impunidad casi total de la que gozan quienes atacan a palestinos, sean colonos o soldados, pone en evidencia el respaldo sistémico que reciben quienes ejercen esta violencia.
La impunidad no es una mera consecuencia de los ataques. Es una condición para que el mecanismo funcione: según datos de la ONG israelí Yesh Din, citados en el informe, de 1.750 casos policiales abiertos contra colonos por ataques a palestinos entre 2005 y 2025, solo el 6,7% dio lugar a una acusación formal y apenas un 3% terminó con una condena total o parcial. La violencia tiene un coste mínimo para quien la ejerce y existencial para quien la padece.
Esta configuración desafía incluso el lenguaje habitual. ¿Quién es colono y quién es soldado cuando un residente de un asentamiento viste uniforme, porta un arma estatal y actúa en la zona donde vive? ¿Qué significa que un colono es un “civil” israelí, cuando puede detener a un palestino, cerrar una carretera o señalar a quién deben arrestar los soldados?
También en España, al final del franquismo y durante la Transición, muchas organizaciones operaron en un espacio igualmente ambiguo entre la violencia ultraderechista y sectores de los aparatos de seguridad. Lo relevante no es que los casos sean históricamente equiparables, sino el mecanismo: el Estado delega parte de la violencia en actores que se presentan como privados, pero al armarlos, integrarlos en sus redes de información y garantizarles impunidad los convierte en parte de su propio aparato.
Europa debe extraer una conclusión incómoda. Si se continúa tratando al Estado israelí como si fuera la instancia encargada de contener la violencia de los colonos, se reproduce una ficción que alimenta esa misma violencia. El problema no es la incapacidad del Estado para frenar a los extremistas, sino un sistema en el que las instituciones estatales arman, informan, financian y protegen a quienes transforman el territorio por la fuerza.
Para entender lo que en B'Tselem hemos llamado 'proyecto de eliminación' en Cisjordania, debemos abandonar la imagen del colono enfrentado al Estado. La realidad es que el colono armado y el Estado no están en bandos opuestos. Son piezas de un mismo mecanismo".
'Proyecto eliminación': el plan de Israel para hacer la vida imposible a los palestinos de Cisjordania. Ori Givati es director de Relaciones Internacionales de la organización israelí B'Tselem

16 Comentarios
Cuando puse en el blog el cartel "Stop genocidio", me dije que sería temporal, pues nunca me ha gustado ver en esa columna lateral nada por encima del macasar que le da nombre. Solo el belén en Navidad y pocos días. Pero resulta que el cartel lleva ahí mucho tiempo y no puedo quitarlo porque el genocidio no ha terminado, se supone que hay un alto el fuego, pero los palestinos siguen muriendo todos los días en un país destrozado, en el que parece imposible llevar una vida mínimamente normal.
ResponderEliminarMenos mal que lo veo poco, pues suelo manejarme con el móvil, y que cada vez que lo veo, me consuelo recordando esta entrada que escribí cuando empezó el infierno en Gaza.
https://el-macasar.blogspot.com/2025/12/ariel-schiller.html?m=1
Apenas se habla de este desastre humanitario, tengo un blog dedicado a Gaza y en el enlace a algunos medios gazatíes como 'the electronic Intifada' que están al corriente de lo que sucede en el día a día. Un día a día que nosotros casi hemos olvidado.
Eliminarhttp://www.croniquesdegazza.blogspot.com
Sí, conozco ese blog tuyo, pero me angustia leer sobre este tema y, cobardemente, lo evito, lo mismo que evito mirar el cartel de mi blog, tan inútil como todo lo que decimos y escribimos. ¿Que podemos hacer? Solo el boicot de Carrefour y poco más.
ResponderEliminarNo es cobardía, es autoprotección, nos invade demasiada información negativa cada día, lo que la hace difícil de digerir, con el peligro de inmunizarnos ante el horror que nos invade desde diferentes conflictos. Pero no podemos ignorarlos ni olvidarlos, por respeto a las víctimas
EliminarTengo un poema al uso sobre Palestina. 2010
https://francesc-arrahona.blogspot.com/2007/05/palestina.html
¿Y los dioses?
ResponderEliminar¿donde están?
¿Donde estaban los dioses cuando un palestino expiró en una cruz gritándole a su Padre: Eloí, Eloí, lemá sabaktani? Mc 15,34
Los dioses no están ni por el hijo de uno de ellos. Aunque ahí tengo una duda, ¿Jesús era Judío, hebreo o Palestino?
EliminarPOR AHÍ DICEN: Jesús nació en Belén de Judea y creció en Nazaret de Galilea, siendo descendiente de Abraham, de la tribu de Judá y del linaje de David, según los Evangelios de Mateo y Lucas, y participaba activamente en las prácticas y festividades judías como la Pascua y la asistencia a la sinagoga, cumpliendo la Ley judía Hebreos 7:14; Mateo 1:1-17; Lucas 2:41-42
. Por lo tanto, su identidad religiosa y cultural era judía, y se le considera un rabino y maestro judío
Solo espero que haya otro Nurenberg a la vuelta de la esquina.
ResponderEliminarSalud.
Improbable lo veo, Cayetano
EliminarAriel, ese amigo del que hablo en el enlace, se definía como judío de raza, israelita de nacionalidad y el hebreo su lengua. La lengua de Jesús era el arameo, muy parecida al hebreo, su raza judía y su país lo que ahora es Palestina e Israel. Más o menos...
ResponderEliminarEse amigo del que hablas tiene alguna web. Es que hay un artículo de Etgar Keret en el País que me tiene un poco desconcertado y una opinión como la de Ariel sería muy útil para mí.
Eliminar...Pero también decía que, en realidad, étnicamente la raza judía no existe.
ResponderEliminarDe hecho, siempre se ha dicho: el pueblo judío, o el pueblo elegido
EliminarYo utilizo comúnmente la Nueva Biblia Española, pero en un plano de la Biblia de Jerusalén que estoy mirando, en los tiempos de Jesús Gaza estaba en el sur de Judea y Jerusalén al este. Galilea estaba más al norte, tras Samaría, pero todo se llamó después Palestina. Por tanto, no es disparatado -ni intencionado- llamar a Jesús palestino.
ResponderEliminarPues tienes razon. De hecho Jesus es universal.
EliminarSaludos
En cuanto a Ariel Schiller, verás por mi entrada que he perdido el contacto con él. No he sabido nunca que tuviera una web, aunque sí hay libros suyos y a medias con su mujer, Encarnación Varela, que suelen ser traducciones o estudios sobre literatura.
ResponderEliminarGracias, lo publicaré mañana a ver que te parece. KERET suele desconcertarme en general
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