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DETENCIÓN ACCIDENTAL DE UN NIÑO


Hay imágenes que lo cuentan todo sin decir nada, que demuestran que la maldad existe. Que la crueldad existe. La crueldad es enteramente humana. Poder hacer daño y hacerlo. El amor, la justicia, la compasión son construcciones externas que hemos intentado colocar dentro de nosotros, pero el equilibrio es siempre frágil. La crueldad nos ha inmunizado. Hemos visto las toneladas de fallecidos en Gaza. La guerra de Putin en Ucrania. Patrulleras destruidas como en un videojuego, olvidando que todos tenemos derecho a ser escuchados y juzgados, que no hay sitio para ejecuciones sumarias. Una mujer muerta a tiros en su coche. Y el colmo de la maldad, de la crueldad, la detención o secuestro por el ICE de un niño de cinco años en Minneapolis.

 "Minneapolis es un espejo de la política represiva del país más sexi o atractivo del mundo, según la definición del presidente Donald Trump. Hace dos semanas surgió esta estampa sonriente de Renee Good, madre de 37 años, que le dedicó a Jonathan Roos, el agente de inmigración (ICE), que pocos después a dos a los tres, a los pocos dos a los tres a los dos pecho. Este jueves se hizo viral, como se dice ahora, la fotografía de un niño, de cinco años recién hechos, no cara a la pared, pero sí cara a la puerta de un coche mientras un uniformado lo coge por la mochila que cuelga en la espalda no sea que le dé para escapar.

Este niño se llama Liam Conejo Ramos, estudiante de preescolar en un colegio del distrito de Columbia Heights, en la ciudad de Minnesota. A su familia y amigos les llevó más de 24 horas descubrir que este chico y su padre, Adrián Alexander Conejo Arias, se encuentran en un centro de detención de San Antonio (Texas). A Liam lo utilizaron, además, como señuelo para intentar detener a más miembros de su familia, señalaron los testigos.

Ambos fueron arrestados el miércoles ya casi en su casa, una vez que el progenitor fue a recoger a su hijo a la salida de la escuela, explicó Zena Stenvik, superintendente del distrito. Liam es el cuarto niño o menor de edad de esta zona que ha sido detenido por funcionarios federales durante la campaña de acoso de inmigrantes en esta región, reforzada tras la muerte de Good.

Liam es el cuarto niño o menor de edad de esa zona que ha sido detenido por funcionarios federales durante la campaña, reforzada tras la muerte de Good

La portavoz del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), Tricia Laughlin, informó en un comunicado que el ICE estaba realizando una operación para arrestar al padre, que calificó de extranjero (alien) ilegal. “No iban a buscar al niño”, afirmó, pero el adulto empezó a correr “abandonado a la criatura”. Así que, por su seguridad, los “miembros del ICE le retuvieron mientras otros iban a buscar a su padre”, aclaró. Los testigos desmintieron este relato.

Stenvik acudió al domicilio de la familia de inmediato que supo lo que estaba pasando. Señaló que llegó cuando el coche de papá todavía estaba en marcha, con él en su interior, vio cómo sacaban al niño del vehículo y le ordenaron que llamara a la puerta de su casa. Era la manera de atraer a otras posibles personas que pudieran estar dentro de la casa, sostuvo Stenvik. “Lo utilizaron como carnaza”, denunció.

Zena Stenvik, superintendente del distrito, acudió al domicilio de la familia y denunció: “No puedes decirme que este niño será clasificado como un criminal violento”

La superintendente declaró que otro adulto que estaba en la calle, otro residente en esa misma casa que vio toda la secuencia, suplicó que le permitieran hacerse cargo de Liam y así evitar que le detuvieran. Caso omiso, siempre a partir de esta versión. La portavoz del DHS reiteró que su política consiste en preguntar a los padres si quieren que sus hijos vayan con ellos o el ICE les pone con una persona designada por los progenitores.

El hermano mayor de Liam, estudiante de secundaria, llegó pasados ​​unos 20 minutos sin que tuviera conocimiento de lo ocurrido con su padre y su hermano.

"La familia hizo todo lo que se supone que debe hacer de acuerdo con las normas vigentes, siguieron el proceso legal perfectamente, desde presentarse a sí mismos en la frontera para solicitar el asilo y esperar el desarrollo del proceso", remarcó el letrado. "No vinieron de manera ilegal, no son delincuentes", insistió. Recalcó que no existía una orden de deportación contra ellos y dijo pensar que padre e hijo estaban juntos en Texas bajo custodia del DHS.

Los responsables escolares divulgaron dos fotos de Liam. Una, la de la frente de cara al coche. Y otra en la que, custodiado por un agente enmascarado que recuerda el estilo más puro de los paramilitares en dictaduras militares, se le ve llamando a la puerta de su casa.

Los agentes del ICE esperan con el niño detenido utilizado como carnaza frente a su domicilio en Minneapolis. Rachel James / Reuters- Francesc Peirón a la vanguardia.com

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EN LA VIGILIA DE UNA GUERRA

 
La vigilia de una guerra, a menudo, o casi siempre, parece una fiesta. Joan Fuster.... en Minneapolis, han asesinado a una mujer en su coche, era blanca, estadounidense, 37 años. Observadora civil. Un matón de la ICE lo hizo. Su nombre: Renee Nicole Good, de 37 años y madre de tres hijos, era poeta. Sin embargo, su muerte al volante de su vehículo tuvo poco de poética. Murió de dos tiros a bocajarro perpetrados por un agente de inmigración, aun sin nombre, cuyos jefes principales, el presidente Donald Trump y la secretaria de Seguridad Nacional (DHS), Kristi Noem, le felicitaron. El análisis de las imágenes muestra que la conductora tiroteada no trató de atropellar al agente del ICE que acabó con su vida, contradiciendo la versión oficial.

Hay épocas en las que el tiempo avanza con la suavidad de una tarde templada, y otras en las que cada día parece anunciar un cambio brusco en el aire. En pleno invierno, esa sensación se intensifica: el frío vuelve todo más nítido, más silencioso, más frágil. Y en ese silencio aparece una emoción extraña, casi paradójica: la nostalgia anticipada. No echamos de menos lo que ya pasó, sino lo que aún está aquí, pero sentimos que pronto dejará de estarlo. 

La nostalgia anticipada nace cuando el presente se vuelve demasiado frágil para sostenerse. Caminamos sobre rutinas que crujen como hielo fino. Todo sigue en su sitio, pero con la sensación de que basta un pequeño peso para que algo se quiebre. Las sociedades que vivieron antes de grandes rupturas históricas conocieron bien esta sensación. No sabían qué se avecinaba, pero intuían que el tiempo había cambiado de temperatura.

Quienes viven un momento histórico decisivo rara vez lo reconocen. No por falta de inteligencia, sino por una necesidad psicológica profunda: la ilusión de continuidad. Creemos que el mundo seguirá funcionando como siempre, que las instituciones resistirán, que los conflictos son ruidos pasajeros.

Quizá el rasgo más inquietante de una época de preguerra —entendida no como un conflicto armado, sino como un umbral histórico— es la pérdida del futuro. No porque no exista, sino porque deja de ser un horizonte y se convierte en una sombra.

Si hay un error que las generaciones anteriores cometieron una y otra vez es este: creer que la historia es un paisaje inmóvil y no una fuerza viva.

Pensaron que podían seguir con sus vidas privadas mientras lo público se congelaba. Que la política era un ruido lejano. Que la realidad no entraría en sus casas. Pero la historia siempre entra. A veces como brisa, a veces como ventisca. La sensación de preguerra que muchos perciben hoy no es un diagnóstico militar, sino un clima emocional. Es la intuición de que estamos en un tránsito: un mundo se enfría y otro aún no ha tomado forma. Y en ese interregno, como decía Gramsci, surgen los monstruos, pero también las posibilidades.

La pregunta no es qué va a pasar, sino cómo elegimos habitar este invierno. Podemos repetir los errores del pasado —la pasividad, la normalización, la ceguera voluntaria— o podemos asumir que la historia no es algo que nos ocurre, sino algo que también construimos. La nostalgia anticipada no tiene por qué ser paralizante. Puede ser una invitación a mirar el presente con más atención, a no dar nada por sentado, a recuperar la imaginación política y vital que tantas veces dejamos en manos ajenas. 

Quizá este sea nuestro invierno antes de la tormenta. O quizá sea el invierno antes de algo completamente distinto. La diferencia dependerá, en parte, de lo que decidamos hacer con esta lucidez fría que nos acompaña.

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