ARQUEROS Y CIERVOS, LAS TARIFAS DEL HORROR

 ‘Arqueros’ y ‘ciervos’, los secretos del safari humano de Sarajevo. ‘Turismo de francotiradores’. Un libro del escritor italiano Ezio Gavazzeni reconstruye los supuestos viajes de occidentales que pagaban por disparar contra civiles durante la guerra de Bosnia - Francesco Olivo, foto AFP

Que hubiera cínicos francotiradores occidentales dispuestos a pagar para participar en las matanzas de civiles en Bosnia no parecía ser un secreto. Y, sin embargo, al menos en Europa occidental prácticamente nadie habló de ello. El escritor italiano Ezio Gavazzeni lo descubrió solo recientemente y desde ese momento no se ha detenido. Hasta llegar al libro Los francotiradores del fin de semana (I cecchini del weekend), que llega este martes a las librerías italianas publicado por la editorial Paper First y tiene el mérito de reconstruir la cínica logística de aquellos viajes, arrojando luz sobre las organizaciones que captaban a los “clientes”, a menudo cazadores, y los llevaban a la zona de guerra atravesando las fronteras.

En el lenguaje utilizado por los organizadores, los francotiradores eran llamados “arqueros”, mientras que las víctimas eran definidas como “ciervos”. Ese mismo lenguaje aparece en el testimonio de uno de los interlocutores clave de la investigación, llamado “el francés”. Hacia el final de la obra, el autor le pide que describa el tipo de turista: “Notarios, abogados y médicos de alto nivel, empresarios, hijos de papá naturalmente ricos y aburridos; en general personas de más de cincuenta años con mucho dinero. Nosotros conocíamos su identidad, para asegurarnos de que todo nos fuera pagado como correspondía; de lo contrario habrían tenido problemas”.

Y luego, en un crescendo casi insoportable de crueldad, se aborda el tema de las tarifas. “El francés” revela: “Si matabas a un niño costaba 30 millones de liras (unos 15.500 euros ahora), una mujer 20 (unos 10.300) , un hombre adulto 10 (unos 5.100) y un viejo o una vieja, 3 (unos 1.500)”. Según el testigo, unos 230 italianos participaron en esos safaris durante la guerra de Bosnia, que ocurrió entre 1992 y 1995.

Según un testigo, los clientes eran “notarios, abogados, médicos o empresarios, casi siempre ricos y mayores de cincuenta años”

Una historia poco conocida. Sin embargo, en las primeras páginas de Corriere della Sera y La Stampa de 1995 aparecieron dos titulares casi idénticos: “En Sarajevo se va a cazar hombres” y “Los turistas de la guerra que disparan contra Sarajevo”. Dos de los principales diarios italianos publicaban con gran relevancia una denuncia presentada en aquellos días ante el Tribunal Permanente de los Pueblos, un organismo internacional independiente que examina violaciones de los derechos humanos. En una situación normal, tras artículos de este tipo sería lógico que la magistratura abriera una investigación. Sin embargo, pocos días después cayó el silencio sobre el asunto.

Muchos años después, en 2022, el director esloveno Miran Zupanič realizó un documental titulado Sarajevo Safari, en el que se recogían testimonios sobre francotiradores occidentales que iban a disparar contra civiles bosnios por diversión durante el conflicto balcánico de los años noventa. La historia tiene un indudable valor periodístico y narrativo y, sin embargo, también en ese caso nadie se movió: ni siquiera las distribuidoras lo llevaron al público de Europa occidental.

Las tarifas del horror - El testigo anónimo revela: “Un niño costaba 30 millones de lira(unos 15.500 euros ahora), una mujer 20 (unos 10.300) , un hombre adulto 10 (unos 5.100) y un viejo o una vieja, 3 (unos 1.500)”

Ese silencio fue lo que lo empujó a iniciar una investigación que esta vez ha traspasado el ámbito editorial para entrar en su lugar natural: un palacio de justicia, y quizá algún día un tribunal. La investigación se encuentra aún en fase preliminar, pero por primera vez desde aquellos años empieza a emerger algo concreto. De momento hay tres personas investigadas por la fiscalía de Milán: un empresario de Lombardía, un transportista de la región de Friuli Venezia Giulia y un cazador del centro de Italia. A los tres se les atribuye el delito de homicidio voluntario continuado, agravado por motivos abyectos.

En las 270 páginas de la obra se explica, a través de diversos testimonios, cómo operaban las organizaciones que llevaban a estos ricos italianos —aunque el fenómeno no se limita en absoluto a Italia— a las colinas de Sarajevo, la ciudad que sufrió el asedio más largo de Europa desde la Segunda Guerra Mundial, donde podían experimentar el monstruoso escalofrío de participar en un tiro al blanco contra civiles, a menudo —según algunos testimonios— con predilección por mujeres y niños.

Gavazzeni reconstruye con transparencia los pasos de su investigación, llevando al lector por bares cutres de provincias, talleres de coches y chats de redes sociales, omitiendo nombres, apellidos y elementos que puedan conducir a la identidad de los protagonistas de aquellos viajes, dado que la investigación judicial se encuentra todavía en una fase preliminar. Todavía queda mucho por investigar, y no solo en el noreste de Italia.

No era, al parecer, solo una cuestión italiana. Gavazzeni cuenta que en los últimos meses fue contactado también por un español, identificado como Toni C., que le relató: “Mi padre tenía un amigo millonario que una vez había ido a cazar elefantes en África. La persona que organizaba aquellos safaris, un catalán cuya identidad no conocemos, también organizaba viajes a Yugoslavia para cazar seres humanos y le ofreció participar”.

Todavía queda mucho por investigar, y no solo en el noreste de Italia.


ATROZ TURISMO DE GUERRA: SAFARI DE SERES HUMANOS EN SARAJEVO

Atroz turismo de guerra. La Fiscalía de Milán investiga cómo individuos adinerados pagaban  por hacer de francotiradores en la ciudad sitiada de los años noventa.Francesco Olivo - Roma. Corresponsal de la vanguardia.

Durante años, cientos de occidentales adinerados pagaron verdaderas fortunas para viajar a las afueras de Sarajevo y disparar contra seres humanos, participando en las masacres de civiles durante la guerra de Bosnia. Las milicias serbobosnias de Radovan Karadzic —luego condenado por genocidio y crímenes contra la humanidad— los escoltaban hasta las colinas que rodean Sarajevo, donde comenzaba un macabro safari. Después regresaban a sus cómodas vidas. Nadie los ha investigado ni procesado, y, al menos de forma pública, ni siquiera han sido identificados. Pero eso podría cambiar pronto.

El caso está en el centro de una investigación abierta por la Fiscalía de Milán, la primera de este tipo en Europa. La denuncia fue presentada el pasado febrero por Ezio Gavezzani, un periodista que, mientras preparaba material para un libro, descubrió una realidad espeluznante, con algunos nombres que por ahora no pueden divulgarse, pero sobre los que ya trabajan los magistrados italianos. 

“Había alemanes, franceses, canadienses, rusos, estadounidenses y españoles”, explica Ezio Gavezzani, el periodista que lo ha denunciado.

La investigación está dirigida por el fiscal Alessandro Gobbis, con la acusación de masacre agravada por crueldad y motivos abyectos, y por el momento es contra desconocidos. Por razones de competencia, la instrucción se lleva a cabo en la Fiscalía de Milán, centrada en los llamados “francotiradores” italianos. “Pero venían de toda Europa —explica Gavezzani a La Vanguardia—. Había muchos alemanes, franceses, canadienses, rusos, estadounidenses y también españoles”.

Según la exalcaldesa de Sarajevo, Benjamina Karic, existía incluso una especie de macabro tarifario: disparar a un niño costaba más caro. El periodista está entregando abundante material a la fiscalía: “A medida que encuentro datos, los envío. Hoy mismo he mandado más”. Lo que Gavezzani aún no ha logrado es hablar con los protagonistas de aquellos viajes: “Cada vez que me acerco, incluso a través de personas de su entorno, se cierra todo en bloque. Cuando sean los carabineros los que llamen a la puerta, quizás sea distinto”.

Gavezzani elaboró el perfil de quienes partían hacia Bosnia: “Yo pensaba que quien mata siempre tiene una motivación fuerte detrás, pero me equivocaba. Iban de safari, como lo llamaban ellos. No había ninguna adhesión ni a las víctimas ni a los verdugos: solo el placer de disparar. El turismo de guerra siempre ha existido, pero allí alcanzó un nivel casi sistemático. He definido este fenómeno como el paso de la banalidad del mal de Hannah Arendt a la indiferencia del mal. Miran el mundo a través del visor: quien pasa por delante, recibe un tiro, como si fuera una pieza de caza”.

“Eran abogados, empresarios... Es un error etiquetarlos políticamente”, dice Gavezzani

En algunos medios italianos se ha hablado de simpatizantes de extrema derecha, pero Gavezzani lo desmiente: “No eran mercenarios ni fanáticos. Eran abogados, empresarios, contables. Toda gente con licencia de armas, que frecuentaba los polígonos de tiro y que podía permitirse pagar el equivalente a cientos de miles de euros por un solo viaje. Es un error etiquetarlos políticamente”.

La clave para descubrir las listas de supuestos participantes en aquellos “safaris” podría estar en el intercambio de documentos entre los servicios de inteligencia de la época. La fuente que originó la investigación italiana, según se lee en la denuncia, es un exmiembro de los servicios secretos bosnios que avisó a sus colegas italianos presentes en la zona; en concreto, se habla de un hombre de Turín, uno de Milán y otro de Trieste.

En el texto, citado por la agencia Ansa, se lee: “Uno de los francotiradores italianos identificados en las colinas sobre Sarajevo en 1993, objeto de la señal enviada al Sismi (los servicios secretos militares italianos), era de Milán y propietario de una clínica privada especializada en cirugía estética”. De acuerdo con ese mismo informante, “los servicios bosnios supieron del safari a finales de 1993 (...). Informamos al Sismi a comienzos de 1994 y nos respondieron dos o tres meses después: hemos descubierto que el safari parte de Trieste. Lo interrumpimos en la primera mitad de 1994”

El periodista se refiere al documental Sarajevo Safari (2022), producido por Al Yazira, y precisa que “el director Miran Zupanic nos facilitó las contraseñas para acceder al archivo del filme, con abundante material que puedo poner a disposición de la fiscalía si lo solicita”. En el documental aparece también un testigo anónimo. Y añade: “Algunas fuentes hablan de estadounidenses, canadienses y rusos, pero también de italianos dispuestos a pagar para jugar a la guerra”.

Quién sabe si el trabajo de la Fiscalía de Milán será solo el primero.


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