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GIBRALTAR IS NOT SPAIN


¿Por qué Gibraltar no es Español? La respuesta puede ser bastante sencilla: porque está bajo la jurisdicción del Reino Unido de la Gran Bretaña, como en su día lo fue Menorca. Eso es lo que tienen que tener muy claro todos los españoles, Pero lo que no tantos conocen es la historia de por qué el Peñón de Gibraltar pasó de manos españolas a manos británicas.

En el 1 de noviembre de 1700, Carlos II de Austria, llamado el Hechizado, moría sin descendencia. Con él, la rama española de los Austrias perdía la corona de España y comenzaba uno de los mayores conflictos sucesorios de la historia de Europa.
Apenas un año antes de la muerte de Carlos II moría José Fernando de Baviera, el sucesor pactado por él y su esposa, Mariana de Neoburgo. Ello provocó que días antes de su muerte, Carlos II tuviera que reescribir su testamento, nombrando como sucesor al nieto de Luis XIV de Francia, Felipe de Anjou, en total oposición a su esposa y regente, quien apoyaba al archiduque Carlos de Austria.
Luis XIV aceptó el testamento de Carlos II en beneficio de su nieto en cuanto llegaron las noticias del fallecimiento del monarca español a Versalles. Pocas semanas después, Luis IV emprendería con el ya Felipe V de España un viaje a Madrid donde el 22 de enero de 1701 presentaría al nuevo monarca ante los españoles.
Esta nueva alianza entre franceses y españoles no fue bien vista en el resto de Europa, formándose pocos meses después la Gran Alianza de la Haya, uniendo los intereses de Gran Bretaña, las Provincias Unidas de los Países Bajos y el Sacro Imperio Romano Germánico. La tensión creciente hizo que en mayo de 1702 esta alianza declarase la guerra e España y Francia, apoyada por los españoles fieles al Archiduque Carlos y otros reinos afines, comenzando así la Guerra de Sucesión Española.
La Guerra se extendió a lo largo de 12 años, y los múltiples acuerdos y batallas, impiden que pueda extenderme aquí en exceso, por lo que me centraré en el único hecho que nos importa hoy, el que tuvo lugar en agosto de 1704: El asedio y la Toma de Gibraltar.
El 1 de agosto de 1704, una flota angloholandesa con el almirante George Rooke al mando llegó a las costas de Gibraltar. El objetivo del ataque era imponer la fidelidad al archiduque Carlos en la plaza de Gibraltar. Para ello situó un total de 61 navíos totalmente equipados, con más de 30.000 tripulantes, en la bahía de Algeciras frente al puerto de Gibraltar.
Gibraltar por aquel entonces contaba únicamente con una fortificación medieval reconstruida más de 100 años atrás, y una población de tan sólo 5.000 habitantes, de los cuales apenas 100 eran militares. Pese a que regiones como Cataluña o Baleares defendían la soberanía del archiduque Carlos de Austria, Gibraltar y la mayoría del sur de España habían mostrado ya su fidelidad a Felipe V.
El Sargento Diego de Salinas, tan pronto como avistó el gran ejército frente a la costa de Gibraltar, reunió a los escasos mandos militares para diseñar la forma más eficaz de defender la plaza. Entre civiles y militares consiguió reunir a un total de 470 hombres que se repartieron en los distintos puestos de defensa desde primeras horas de aquel mismo día.
Aquel mismo día comenzaron las cargas artilleras por parte de los navíos británicos, seguidas de un desembarco de más de 3.000 hombres de infantería en Punta Mala (el actual Puente Mayorga), donde establecieron la zona de acampada. Ese mismo día los acampados enviaron dos cartas, una firmada por el Príncipe de Hesse-Darmstadt, que acompañaba a los asaltantes y otra carta firmada por el archiduque Carlos, pidiéndose en ambas la inmediata rendición y reconocimiento como rey legítimo de España.
La rendición no tuvo lugar, razón por la que el día siguiente 1.800 soldados de infantería se situaron en el istmo, frente a las murallas de Gibraltar, mientras las flota hacía lo propio frente a la muralla costera. Un día después, la batalla comenzó. En tan sólo un día de dura batalla, Gibraltar terminó cayendo en manos británicas, pero su población no se rindió a manos del archiduque, por lo que el 6 de agosto, apenas dos días después de la caída de la ciudad, prácticamente la totalidad de los habitantes huyeron a poblaciones cercanas, quedándose en Gibraltar únicamente 70 personas, la gran mayoría heridos y religiosos.
Pero una vez la ocupación estuvo hecha, el almirante Rooke decidió nombrar el peñón bajo soberanía de la reina Ana de Inglaterra, en vez del archiduque Carlos que había venido a defender. Ello conllevó que durante los 9 años siguientes, tropas españolas y francesas intentasen recuperar sin éxito el territorio ocupado.
Las hostilidades terminaron en 1713, con la firma del Tratado de Utrecht. Este tratado reconocía la posesión británica de Gibraltar, siendo cedido el peñón con perpetuidad y una única clausula: Si el territorio dejaba de ser británico, España tendría derecho de recuperarlo.
Durante los casi 300 años que han pasado desde la toma de Gibraltar, España ha intentado recuperar por vías diplomáticas Gibraltar, siempre resultando los intentos infructuosos. Con la llegada de la descolonización, fueron muchos los países que criticaron duramente el carácter colonial del enclave, algo que los británicos respondieron repoblándolo y pasando a denominarlo Territorio de Ultramar.

Y no deja se sorprender a día de hoy, en 2017, que con lo del Brexit los gibraltareños no demuestran el menor interés por pertenecer a España, los catalanes se quieren ir de ella; algo falla en España que no consigue atraer excesivas adhesiones a su causa, quizás porqué envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora, mientras ocupa ilegalmente y con la boquita callada, Ceuta y Melilla en territorio marroquí. Y es que en el fondo esta reivindicación territorial no es más que por parte de unos y otros, puro teatro, en el que mal gesticulan de vez en cuando y según les conviene para tapar o desviar la atención de sus contaminados asuntos internos.
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