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LA DOCTRINA DE LA COLLEJA

En una campaña sin política ni ideología el votante comprometido se desmoviliza y los demás se dejan llevar. Exactamente lo que empiezan a revelar las encuestas. Que la colleja propinada por Mariano Rajoy a su hijo, al portarse como ese vástago mal educado de tu cuñado, suponga la imagen más comentada de la precampaña dice mucho de la calidad de la información con que acudiremos a votar el 20D. Que la conveniencia de la intervención paterno presidencial constituya el único gran consenso social que Rajoy ha sido capaz de generar durante todo su mandato lo revela todo sobre la calidad de la legislatura que acaba. 

Por el niño no se preocupen. Seguro que ha subido muchos puntos en el ranking de malotes del colegio y ha ganado respeto en el patio. Debería preocuparles más el padre y su fulminante reacción cuando ve en peligro un par de votos y se impone tomar medidas tan contundentes como dolorosas. Si un instante de duda, ni una décima de vacilación. Primero la campaña después la familia ¿Qué fue de ese Mariano Rajoy apocado, indolente, sin criterio e incapaz de toma una decisión que nos había vendido? 


Cocinar, comer, beber, bailar, dar palmas, tocar la guitarra, escalar, conducir mini karts o coches de rally, volar en globo…. cuesta distinguir estas elecciones de un casting para presentador del año y cuesta aún más recordar una aparición estelar de algún candidato donde dejara un mensaje político que marcara la diferencia. 

Si alguien no detiene esta locura el único final decente para esta campaña será una edición especial de Tu cara me suena donde participe todos los candidatos y quién se parezca más a Nino Bravo, presidente. 

Mariano Rajoy, el maestro de la no campaña, debe preguntarse cada día por qué sus rivales se empeñan en intentar ganarle en su mejor terreno. Pedro Sánchez debería estar preguntándose qué se le había perdido en el programa de Bertín Osborne. El impacto sin contenido no vale de mucho y Rajoy es el único que no necesita contenido porque es el gobierno.

No se sabe qué resulta más desternillante, si ver a Albert Rivera haciéndose el ofendido porque el terrible Monedero ha manchado su honor o recomendando leer a Kant y sus diez mejores citas en wikiquote o escuchar, a Pablo Iglesias presentarse como su Pigmalión; si se trata de ver quién da más pena, sinceramente, necesitaremos una fotofinish. 

Tratar al electorado como si fuera audiencia de televisión y sólo pudiera procesar mensajes simples y llenos de colorines y sonidos llamativos es una mala idea para cualquier partido, pero un suicidio electoral para la izquierda. En una campaña sin política ni ideología el votante comprometido se desmoviliza y los demás se dejan llevar. Exactamente lo que empiezan a revelar las encuestas. ELDIARIO,ES - ANTÓN LOSADA

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