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EL DEBATE DEL TOMATE


Debate parlamentario para consensuar la receta oficial del ‘pa amb tomàquet’
Empezó un debate que se iba a convertir en la sesión parlamentaria ininterrumpida más larga de la historia

Hace poco más de un siglo, en 1909, el pueblo llano, harto del mal gobierno y la influencia de la Iglesia, se lanzó a quemar conventos. La gota que colmó el vaso fue la pretensión por parte del Gobierno de enviar reservistas a Marruecos, a luchar (y morir) en una guerra absurda. Barricadas, sangre y fuego. La Semana Trágica.

Las circunstancias actuales en nada se asemejan a aquellos violentos hechos, salvo en dos aspectos; a saber: el mal gobierno y la exasperación colectiva.

Tras escenificar durante meses airados enfrentamientos entre los partidos pero sin que el Parlament aprobara una sola ley, se votó en un pleno de forma unánime a favor de abordar la acuciante necesidad de fijar de una vez por todas la receta oficial del ‘pa amb tómaquet’ -manjar que, según la Junta de Portavoces, sería, además, declarado, por abrumadora mayoría, el plato nacional-.

Una semana entera de intensos debates no bastó para alcanzar un acuerdo. Los partidos soberanistas insistían en que sólo servía el pan de leña, mientras que los ‘diputats’ y ‘diputades’ de la bancada de la oposición defendían una mayor libertad en cuanto a la elección del tipo de pan a utilizar en la elaboración del plato.



La polémica del tomate

Hubo incluso unos puristas que insistían en que, puesto que el tomate lo trajeron los españoles de América, de manera alguna podía considerarse ingrediente de un plato nacional oficial.

La polémica del aceite

Con todo, el ingrediente que más polémica suscitó fue sin duda el aceite. Quedaron colapsadas durante horas la centralita del Parlament y su página web. El rifirrafe entre los partidarios de echar antes la sal que el aceite (escuela Ferrusola), y los de echarla después, se saldó con una treintena de ‘diputats’ y ‘diputades’ dispuestos/as a romper la disciplina de sus respectivos partidos, fueran cuales fuesen las consecuencias. Se polemizó, asimismo, sobre una serie de especificaciones como son la altura desde la que se ha de verter el chorrito de aceite o bien el grosor de la rebanada de pan.

Al séptimo día la presidenta de la Cámara ordenó que se cerrasen con llave las puertas de la misma; que de allí no saldría ni Dios hasta que se consensuase la receta oficial, para, a continuación, votar su aprobación.

Protestas en el exterior

Al principio las cuentas de Twitter y Whattsap echaban humo. Pero el interés general iba decayendo a medida que pasaban los días. Las imagines filtradas a los medios por algunos/as de los/las ‘diputats/diputades’ secuestrados/as ponían los pelos de punta.

Hubo multitudinarias protestas en el exterior. Finalmente un grupo de albañiles voluntarios procedió a tapiar todas las entradas y salidas del parque de la Ciudadela. Antes de sellar la última brecha, varios miembros de una asociación de animalistas recorrieron el zoológico abriendo a su paso las jaulas. Recobraron la calle (los animalistas) sin un rasguño de puro milagro.
  • La sesión parlamentaria ininterrumpida más larga de la historia (¡otro Guinness!) continuó como si nada. Los ciudadanos, por su parte, empezaron a recobrar no sólo la sonrisa sino las ganas de vivir y trabajar.

Una agencia de prensa extranjera colgó en la red impactantes imágenes grabadas desde un dron en las que se veía un diputat ataviado con un taparrabos intentando cazar una gacela mediante el lanzamiento de dos “smartphone” atados con cables, seguramente inspirándose en las bolas de los gauchos de la Pampa.

El vídeo del hipopótamo pigmeo “Carlitos” chapoteando alegre bajo la cascada del lago cual Anita Ekberg en la Fontana de Trevi, no tardó ni dos minutos en volverse viral. Desde que se consumó la desconexión la gente ha descubierto que nunca se había sentido ni tan rica ni tan plena. Es más: cada uno sigue preparando el pa amb tomàquet como más le place.


John William Wilkinson
VIA:LAVANGUARDIA.COM

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