Eso que llamo, nuevo realismo es, en efecto, antes que todo, la toma de razón de un viraje. La experiencia histórica de las manipulaciones mediáticas, de las guerras post 11 de septiembre del año 2001 y de la reciente crisis económica, han significado un pesadísimo desmentido de aquellos que, según mi parecer, son los dos dogmas de lo postmoderno: 1. Que toda la realidad está socialmente construida y que es infinitamente manipulable, y 2. Que la verdad es una noción inútil porque la solidaridad es más importante que la objetividad.
Las necesidades reales, las vidas y las muertes reales, que no soportan ser reducidas a interpretaciones, han hecho valer sus derechos, confirmando la idea que el realismo (así como su contrario) posee implicancias no simplemente cognoscitivas, sino también éticas y políticas.
Obviamente, el viraje no tiene sólo una historia, sino a la vez, y antes que todo, una geografía, circunscrita a lo que Husserl llamaba “espíritu europeo”, del Occidente que Spengler profetizaba su ocaso hace 90 años. Difícilmente se puede pensar en un postmoderno en China o en India.
Sin embargo hoy, la porción del mundo en que vivo –que es un poco más amplio que el círculo de mis amigos y conocidos–, de este Occidente que ha experimentado el postmodernismo, ahora parece abandonarlo ¿Cómo ha ocurrido? - Veamos...

Manifiesto del nuevo realismo
MAURIZIO FERRARIS
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Francesc Puigcarbó

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