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EN EL NOMBRE DEL PADRE


Jordi Pujol Ferrusola se dio a conocer para el gran público en febrero de 2015 en el Parlamento, cuando dribló y se pavoneó ante los diputados de la comisión de investigación sobre la corrupción en una intervención de cuatro horas. Júnior, así la llaman en algunos círculos, recurrió a la verborrea para escaparse de las preguntas comprometedoras y terminó enumerando la flota de coches de lujo que posee. Finalizada la sesión, a las 23.45 horas, el primogénito del ex presidente y el abogado de la familia, Cristóbal Martell, abandonaban la Cámara con una sonrisa de oreja a oreja. El baile había sido antológico.

Pujol Ferrusola también era muy amigo de María Victoria Álvarez. Incluso algo más que amigos. Aunque fue ella quien abrió la caja de los truenos al declarar a la policía los supuestos manejos de la familia y las subidas de dinero en bolsas de deporte a Andorra. A partir de aquí -y también de la grabación de La Camarga-, se empezó a estrechar el cerco sobre Junior, salieron a la luz sus turbios entramados societarios en países como Argentina, México, Paraguay, Panamá... y también afloró, tras la confesión de su padre, que él había sido el gestor a partir de los años 90 del supuesto legado andorrano que les dejó el abuelo.

«Lo importante es saber llevar el nombre», dijo en una entrevista en 1984. En los juzgados no ha podido esquivar a los jueces con la facilidad con que regateó al Parlamento, y los jueces le han enviado a la cárcel por lo que es, un delincuente.

No deja de ser curioso que en el clan o la banda de los Pujol lo que se observa es, en vez de arrepentimiento por todo el mal que han hecho, un resentimiento enfermizo y no sólo en Marta, la madre, como si no hubieran entendido o no quisieran entender la magnitud de sus maldades, y no del mal que se han hecho, sino del que han hecho al país, a esta Cataluña que tanto decían amar y defendían mientras Madrid presuntamente nos robaba. Creo, o eso parece, que ni Jordi Pujol i Soley es del todo consciente del daño que ha hecho al país, parece que los culpables seamos nosotros. Mientras, hemos descubierto paradójicamente, que de hecho Madrid más que robarnos a nosotros, se robaba a sí misma a través de la otra parte, la banda del Pp, más al por mayor esta, que en España todo es mucho más al mayor que en nuestro pequeño país. Y ahora indignos representantes de una y otra parte comparten prisión en Madrid, quizás si que la justicia aunque a trancas y barrancas y con un ojo tuerto, funciona, y poco a poco va a lo suyo, aunque Ministros, Secretarios de Estado y Fiscal general anticorrupción intenten evitarlo.

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