El pacto entre socialistas y republicanos para poner en marcha la ampliación del aeropuerto, el enlace entre Sabadell y Terrassa en la B-40 o la construcción de un complejo de ocio en Tarragona supone una apuesta de futuro. Ciertamente, los republicanos se han comprometido arrastrando los pies y sin demasiadas ganas, hasta el punto de que JxCat está intentando atar corto al Gobierno para que no dilate y diluya estos proyectos. La oposición a la Cámara es testimonial. Sólo la CUP se opone. En realidad se opone a todo, incluso a cantar habaneras. También los comunes dan la tabarra atragantados por tanta ideología.

El sábado, 4000 personas se manifestaron en Sabadell contra las inversiones en infraestructuras, concretamente contra el cuarto cinturón. También están, por cierto, en contra del parque eólico en Roses porque afecta al paisaje marino. La concentración tenía por lema “Defender la tierra, construir el futuro”. Es interesante destacar la prudencia del redactor del eslogan porque no aclara si ese mundo será mejor.

Qué sorpresa, que extraño, nunca había pasado. Y es que este país nuestro tan pequeño tiene en la mayoría de sus ciudadanos o entidades una justa correspondencia en el comportamiento de lo cotidiano. Una de las actividades preferidas de estos ciudadanos o entidades es vivir instalados en la cultura del No. Que hay que hacer un vertedero, o una cárcel, o debe pasar el AVE, que además ese mismo ciudadano exige, se hagan ya, ¡Ah! sí que debe hacerse, pero no a mi pueblo que me molesta, que lo hagan al del vecino, y así se lo van pasando de pueblo a pueblo como en una especie de juego de la oca, y cualquier obra pública por esta burra intransigente y a menudo desinformada de estos expertos en la cultura del NO!, nos cuesta a todos mucho más tiempo y dinero, porque finalmente se acaba haciendo. ¡Esta cultura del NO, tiene algunas veces razones de peso, pero a menudo no es así o son muy peregrinas. En la Roca del Vallès se pusieron como una moto cuando les hicieron la cárcel (aquí volvemos a la ignorancia y desconocimiento), la cárcel no está en La Roca, sino en el término Municipal de la Roca, y, por cierto, es más cerca de Granollers o Palou, que de la Roca.

Cambiar el futuro no puede ser poner bastones en las ruedas a todo en aras de defender la tierra según conviene e interesa ya menudo sin demasiadas razones ni criterio. Jordi Pujol ya se quejaba de esta cultura tan catalana del NO. Una cultura de la cual hay que decir que no se trata de un hecho diferencial puramente catalán, también en Galícia tienen a sus especímenes.