La pax geriátrica es un estimulante concepto acuñado por el politólogo estadounidense Mark L.Haas, quien en su último ensayo –publicado en Oxford University Press– defiende, con profusión de datos, que el envejecimiento de la población disminuye enormemente la posibilidad de guerra. Xavi Ayèn

La mayoría de países del mundo ven crecer el porcentaje de gente de más de 65 años. Ello provoca problemas como la ralentización del crecimiento económico, el descenso de la productividad y el aumento del gasto social, pero, según leemos en el trabajo de Haas, tiene la contrapartida positiva de que disminuye el riesgo de guerra entre estados. A pesar de lo que pueda parecer, el autor vaticina un siglo XXI más pacífico. ¿Qué significa un poco menos de PIB al lado de la paz?

Es cierto que Europa ha entrado ahora en una carrera por gastar más en defensa, pero se debe a la presión de EE.UU. por gastar menos y, además, lo hace porque justamente quiere evitar entrar en un conflicto. La tendencia mundial que detecta Haas es que, cuanta más gente mayor existe, más gasto dedican los Estados a pensiones y sanidad, lo que hace que disminuyan por fuerza otras partidas, entre ellas la militar (los estados envejecidos, incluso los autoritarios, tienden a hacer todo lo posible para no entrar en una guerra).

Además, los ciudadanos mayores están mucho más inclinados hacia la paz que los jóvenes. No entraremos en explicaciones hormonales, sino en las estadísticas: según el Peace Research Institute Oslo, los conflictos militares interestatales se han doblado entre el 2012 y el 2022, pero se han limitado muy mayoritariamente a los países en que la población es joven, con solo un 5% de mayores de 65 años, la mitad de la media mundial. La agresividad estatal se da en aquellas naciones con más población joven, como por ejemplo las africanas.

Con cada vez menos gente entre 18 y 23 años, los ejércitos sufren asimismo una falta de reclutamiento de soldados, les quedan por cubrir plazas, un problema creciente que ya resulta serio en Japón, China e incluso Rusia, que experimenta en Ucrania dificultades claramente ligadas a la falta de mano de obra militar cualificada.

Trump, ese aspirante al Nobel de la Paz, lo vio claro. En EE.UU. las encuestas registran una fortísima oposición de los seniors a las intervenciones armadas en otros países, un filón electoral que él supo explotar hábilmente en campaña. Tiene 79 años, todo cuadra.