Ángel Andrés Jiménez, conocido como el árbitro de la paz, lleva años intentando cambiar la cultura del insulto en los campos de fútbol por una basada en el respeto y los valores deportivos. Profesor y árbitro de Benalmádena (Málaga), ha convertido su labor dentro y fuera del campo en un ejemplo de cómo el deporte puede ser una herramienta educativa y transformadora.

Una falta de respeto, paramos. Dos faltas de respeto, se suspende”. Así suele comenzar sus charlas técnicas ... a los padres Ángel Andrés Jiménez, un popular árbitro que se ha convertido en toda una celebridad en los campos de fútbol base de Málaga, conocido como “el árbitro de la paz”.

Profesor de Lengua y Valores de profesión y colegiado de vocación, Jiménez se presenta ante el público antes de cada partido infantil para presentarles lo que él mismo ha bautizado como el VAR de la honestidad, que no es otra cosa que su llamamiento a os jugadores o jugadoras a reconocer quién ha golpeado un balón que ha acabado fuera del campo o quién ha cometido una falta. “Cada uno llegará donde tenga que llegar, pero al menos en el camino que se lleven esto: que competir no es un juego de engaños sino actuar con deportividad”, explica.

En un nuevo llamamiento público, Jiménez ha pedido la implicación de toda la comunidad deportiva en la lucha contra la violencia escolar en colegios e institutos. “Quiero hacer un llamamiento a todos los que formamos parte del deporte base en España, de cualquier deporte, a que antes de cada partida, de cada competición del fin de semana del 7, 8 y 9 de noviembre, hagamos algún llamamiento, algún tipo de acto, para concienciar de que tenemos que terminar con el bullying”, declaró.

Un mensaje viral que busca cambiar la cultura del deporte base

El árbitro malagueño insiste en que el respeto debe ser la base de cualquier disciplina. En sus propias palabras: “No puede haber ningún niño ni ninguna niña sufriendo en cualquier centro educativo. Tenemos que fomentar el respeto y la empatía. Nadie puede sentir que se alegra del sufrimiento de otro. Tenemos que conseguir parar el bullying y además le vamos a sacar tarjeta roja. ¡Se acabó!”. 

La propuesta de Jiménez busca que todos los clubes y federaciones se unan simbólicamente a esta iniciativa durante ese fin de semana, realizando pequeños actos de concienciación antes de cada partido. Su idea no es solo punitiva, sino educativa: promover la empatía, la cooperación y el juego limpio desde la infancia.

Su labor no ha pasado desapercibida. Numerosas personalidades del mundo del deporte, entre ellas Pau Gasol, han mostrado su apoyo al árbitro de la paz y a su campaña por un deporte más humano. Su mensaje de tolerancia ha traspasado los límites de los campos andaluces, demostrando que el deporte puede educar más allá del marcador.

La historia de Ángel Andrés Jiménez demuestra que un simple gesto –una charla antes del partido, una tarjeta simbólica, una palabra de aliento– puede convertirse en una poderosa herramienta para transformar comportamientos y construir una sociedad con más respeto hacia el contrario