Hay quien pasa toda una vida periodística anhelando utilizar un aforismo célebre. No sería mi caso -escribe Rebeca Carranco en 'el País'-, pero admito que provoca cierta satisfacción titular un artículo cuyo juego de palabras evoca el prestigioso periodismo económico: “¡Es la economía, estúpido!”. No me atrevo a buscar en la hemeroteca las veces que alguien ha oído el mismo cosquilleo creyéndose especial.
Cosas del oficio aparte, en este caso la reconversión al titular de la frase viene a cuento por el desastre en Cercanías. Quien no viva en Catalunya, difícilmente se hará cargo del desamparo en el que viven estos días cientos de miles de trabajadores que necesitan el transporte público para salir adelante. Algo teóricamente tan sencillo como viajar de Malgrat de Mar a Barcelona, a 63 kilómetros, es una odisea. Todas las mañanas surge la incertidumbre de si hay tren. Y si hay, no se sabe hasta cuándo funciona, ni con qué horario. Y si no, a ver cómo lanza el bus y con qué frecuencia circula.
Algunos se lo toman con filosofía. "El Cercanías de Schrödinger ya se ha dicho", bromea una usuaria de X. El resto del repaso rápido en la red social deja una retahíla de quejas agrias y amargas que podrían resumirse en dos ideas troncales: la red ferroviaria funcionaría mejor si la gestionara Catalunya o, directamente, lo que necesita Catalunya. Aunque lo más triste, como escribe otro de los tuiteros anónimos, es que “con todo ese desbarajuste de Cercanías habrá gente que perderá su trabajo”.
El destrozo meteorológico de estos días ha sido también muy grande. En Cercanías el servicio se ha visto seriamente afectado.
Por todo ello, en esta semana de caos e incertidumbre, es imposible no pensar en el espantajo que agita desde hace años a la extrema derecha con mucho éxito en las redes: la inmigración como origen de todos los problemas. Pero en el despropósito de Cercanías (con casi 400.000 viajeros al día), se han quedado sin su predilecto culpable. Si no puedes tomar el tren no será porque un inmigrante te lo impida. Lo cierto es que tampoco parece que sea la inmigración lo que haga inviable comprarse un piso. Ni siquiera podría culparse de los horarios imposibles que destruyen la conciliación. O de que la mayoría de personas únicamente ambicione descansar un poco, como explica Ana Morales en su libro Estado civil: cansada (Roca editorial).
"Si el problema con Cercanías hubiera sido la inmigración, Aliança Catalana, @orriolsderiopoll y su pandilla... habrían escrito tuits desde el primer segundo. [En este caso] han tardado cuatro días los muy impresentables", reprocha un usuario de X que cita el comunicado del partido xenófobo sobre el desastre ferroviario catalán. El escrito de la organización colgado en la red social es del 24 de enero. El accidente de tren de Gelida, que costó la vida a un maquinista y derivó en un caos sin precedentes, ocurrió la noche del día 20.
Tampoco el perfil en X de su líder, Silvia Orriols, versada en epatar con pequeños clips de sus intervenciones parlamentarias para señalar las contradicciones de la izquierda, ha corrido para abordar el asunto. Algunos tuits y retuits tardíos, hasta que el domingo Orriols difundió un vídeo en el que se queja de la casta política, del pago de impuestos, de la ayuda a la cooperación y de la solidaridad fiscal. Ni siquiera menciona la independencia de Catalunya, una consigna cada vez más descafeinada en su discurso.
Es angustioso levantarse cada día con la incertidumbre de si funcionarán los trenes, y con la única certeza de un disgusto nuevo a cuenta de Cercanías. Quienes tenemos la suerte de no movernos en tren, podemos atrevernos a buscar la (maldita) parte positiva: en este caso, las redes han dejado de atizar el odio y el racismo. La inmigración ha dejado de ser la carta política nuclear y ha empezado a hablarse de financiación, recursos públicos, cambio climático... Sin que las fronteras y los migrantes sean el origen de todos nuestros males. Ya iba siendo hora, aunque no sé yo si los criticoides han dado cuenta de que el Gobierno está a punto de regularizar la situación de 500 mil inmigrantes.

No sé, no sé. Seguro que Abascal o Frigodedo o Feijóo o Ida o cualquier otro intelectual de la derecha extrema española, encuentra una conexión y, con el excelso nivel argumentativo que les caracteriza, meten con calzador en esto a los inmigrantes, a ETA o a Perro Sánchez y señora.
ResponderEliminarYa ha salido Perro Sánchez, no se podía saber, y de propina Óscar Puente. Eta y la señora de momento no, pero Ábalos y Kodro si...
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