Hace seis meses, el Centre d’Estudis d’Opinió (CEO) de la Generalitat publicó un estudio según el cual uno de cada tres catalanes era propenso a creer en teorías de la conspiración. Las cifras eran superiores entre los simpatizantes de Vox y Aliança Catalana. La desconfianza en la ciencia, la medicina o las universidades está al orden del día. El terraplanismo o creer que el coronavirus fue un arma química contra la población son planteamientos recurrentes en el ágora digital. Con Trump hemos entendido que los responsables institucionales no son ajenos a esas teorías y que son contagiosas. Circula en redes el bulo de que el hantavirus aparece como "efecto secundario" en un documento sobre la vacuna contra el coronavirus desarrollada por la farmacéutica Pfizer. La Asociación Nacional de Enfermería y Vacunas asegura a VerificaRTVE que es "imposible" que la vacuna genere un hantavirus y el propio documento no menciona que sea un efecto secundario.
El intercambio entre el presidente de Canarias y el Ministerio de Sanidad sobre los roedores nadadores ha ridiculizado a Fernando Clavijo, convirtiéndolo en carne de meme. Echó mano de la inteligencia artificial para saber si las ratas que transmiten el virus podían llegar a tierra nadando y le envió un pantallazo a la ministra Mónica García. Sanidad difundió la conversación y en X faltó tiempo para ponerle a Clavijo un gorrito de papel de aluminio y hacer todo tipo de performances sangrantes en televisión.
Antes de llegar a las ratas, habría que recordar que la difusión de una conversación privada sin el consentimiento de los involucrados es delito, que está recogido en el artículo 197 del Código Penal y que, si la filtración provoca un daño, el afectado puede tener derecho a una indemnización. No parece que Clavijo tenga ganas de quedar aún más expuesto. Su incursión con la IA de Google podía haber sido hasta más humillante. Según la sabiduría popular, las ratas son las primeras en abandonar un barco que se hunde, así que Clavijo preguntó a la ministra cómo podía garantizar que “no hay ninguna rata que llegue a Canarias saltando desde el barco y nadando”.
Las ratas comunes nadan. Pueden flotar hasta 72 horas y recorrer hasta un kilómetro. El ratón colilargo patagónico que transmite el hantavirus, no. La tesis de Clavijo puede tener una base física, pero no lógica. El riesgo no está hoy en las ratas que nadan, sino en los humanos infectados y los desafectos con la ciencia. Con informacion de la vanguardia y RTVE
