La masa es un refugio. Un lugar donde el yo se hace pequeño y la responsabilidad de pensar se desvanece. Es la regresión que ya describió Le Bon: la multitud no piensa, imita. No decide, vibra. No analiza, respira. Cuando entras en una masa, el ruido exterior tapa el ruido interior. La gente que ayer estaba en Cibeles no buscaba información ni visibilidad: buscaba silencio personal. La multitud es ruidosa, sí, pero es un ruido que anula el pensamiento propio, que suspende la conciencia, que permite descansar de la carga de ser uno mismo. Es una forma de meditación primitiva: la disolución del yo como forma de paz.
Michel Onfray lo formula con una lucidez que incomoda: vivimos en una sociedad en la que la vida ha dejado de ser vida para convertirse en espectáculo. Todo es representación: la política, el fútbol, la felicidad, la indignación. Nosotros somos actores involuntarios en un escenario que no hemos elegido. La masa, en este contexto, es algo más que un fenómeno psicológico: es un producto, una mercancía emocional, un recurso que el poder —político, mediático, deportivo— activa cuando necesita imágenes, adhesiones o narrativa. La muchedumbre no va a ver nada: va a ser vista. Es decorado y protagonista a la vez.
El “yo estaba” como capital emocional. La frase es simple, pero contiene un universo: yo estaba allí. No importa qué ocurrió; importa que tu cuerpo fue testigo de un momento que después podrás contar. Es memoria performativa, identidad instantánea, capital emocional. En la sociedad del espectáculo, la vivencia se convierte en una marca personal. La multitud es un escenario en el que cada uno interpreta el papel de ciudadano emocionado, patriota ocasional, espectador de un momento histórico que quizás no lo es, pero que se siente.
Quizá la masa sea peligrosa, como dice Le Bon. Quizá el espectáculo sea una trampa, como dice Onfray. Pero también existe una belleza en esta necesidad humana de fundirnos, de desaparecer, de ser parte de un todo que nos supera. La multitud es un poema que se escribe con cuerpos.
El espectáculo es un espejo que nos muestra lo que quisiéramos ser, y nosotros, pobres humanos, solo buscamos un lugar en el que la vida pese un poco menos. La multitud es el sitio donde la soledad va a descansar.

Da miedo a que las masas se movilicen por asuntos ajenos a mantener los derechos adquiridos o a proteger el estado del bienestar.
ResponderEliminary eso de muestra lo fácil que son de manipular y dirigir.
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