Stephen King mantiene que los monstruos son reales y los fantasmas también, pues viven dentro de nosotros y, a veces, nos ganan. En la política mundial, los monstruos se reproducen a gran velocidad y su misión es atemorizarnos para controlar nuestras vidas. Algunos son verdaderos fantasmas, pero no van cubiertos de sábanas sino de mentiras. Y así anda el planeta, de susto en susto. Mary Shelley es la autora de uno de los personajes más terroríficos de la literatura, Frankenstein, pero lo que causa horror no es la fealdad del monstruo, sino la desmesurada ambición del científico que intenta sustituir a Dios, como Prometeo redivivo. Los monstruos actuales no tienen la sensibilidad del personaje de Shelley, ni viven como tragedia su existencia. Al contrario, son impasibles y despiadados, al tiempo que están encantados de haberse conocido.

El último bicho espantoso en sacar la cabeza en esta Europa que se resiste a extraviarse definitivamente en este mar de oportunistas es Roberto Vannacci, un general italiano en la reserva que presume de ser racista, misógino y homófobo. Y negacionista del cambio climático, de la violencia de género, al tiempo que flirtea con los negacionistas del Holocausto. Cree que el papel de la mujer es cuidar al marido y parir cuantos más hijos mejor. Y es un nostálgico del fascismo.

Con este historial no debería llegar muy lejos en un mundo gobernado por la razón, el respeto y la solidaridad. Pero no es el caso, así que se autoeditó­ hace tres años un libro en Amazon, titulado El mundo al revés, que está lleno de trampas para elefantes a fin de reivindicar lo que considera “normal”. Estaba mal escrito y acumulaba mentiras, así que fue un best seller. Reclutado por Salvini, el líder de la Liga, Vannacci fue el más votado tras Meloni en las elecciones europeas. Ahora ha creado su propio partido, porque considera que su líder ha claudicado con el movimiento LGTBI. “Somos la purria de la sociedad y nos sentimos orgullosos”, repite a menudo, convencido de que un día gobernará Italia. Màrius Carol.