Tiene su lógica, vivimos en un presente permanente, pues el pasado ya ha pasado y el futuro está por venir, pero el pasado era presente y el futuro lo será. El comienzo de este escrito, esta misma palabra, es ya pasado, ahora mismo, al terminar de escribirla, pero será presente cuando alguien lo lea, y es futuro a punto de ser publicado. Esta es la eternidad que perseguimos los escritores, la palabra escrita negro sobre blanco indiferente al paso del tiempo. Ya lo decía Vinyoli: La muerte es puramente un cambio más.
Lo que sucede es que cuando muere alguien, nos afecta por la magnitud del accidente, pero de hecho esta o estas personas no existían para nosotros, no formaban parte de nuestro paisaje, precisamente les hemos hecho existir cuando ya no estaban, los hemos puesto incluso rostro, el rostro del dolor, del pánico cuando habían dejado de existir, y es que tenemos una relación excesivamente compleja con la muerte, incapaces de verla y aceptarla como lo que es, un hecho cotidiano e irreversible que no podemos esquivar, algo que sucede cada día, y lo único que se me ocurre es que como nos hemos de morir todos, lo que nos hace más daño es cuando hay una alteración del orden natural de la vida, y mueren bebés, niños, o gente joven, pero es lo que hay, porque la vida es eso, un estado injusto de pervivencia. La muerte no juega al ajedrez con sus víctimas, como en el Séptimo sello de Bergman, sería demasiado honesto por su parte, y la muerte es por principio muy deshonesta, siempre inoportuna y cruel.

Siempre he pensado más en la muerte ajena que en la propia, quizá porque llevo muchas dolorosas despedidas a mis espaldas, pero ahora, cuando ya pocas despedidas quedan, es cuando empiezo a pensar en mi propia despedida. Y pienso lo que decía alguien que quise mucho: "No tengo miedo a la muerte, pero sí a lo malico que se pone uno".
ResponderEliminarhttps://el-macasar.blogspot.com/2008/12/mira-que-te-lo-dije.html?m=0
Inconscientemente, uno siempre piensa en la muerte, y a medida que se van acumulando años se piensa más, pocas despedidas quedan, pero hay una despedida es la que más me preocupa. Es la de la persona con quien he compartido 62 años de mi vida se vaya antes que yo, y no creo que o pueda prepararse para eso.
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