¿GOOGLE NOS HACE CADA VEZ MÁS TONTOS?


¿Google nos hace cada vez más tontos? Platón tiene la respuesta. El debate sobre el impacto que tiene el acceso constante a internet sobre nuestra creatividad y memoria recuerda a otro que se dio hace miles de años

¿Queda alguien con conocimientos? La facilidad con la que podemos obtener información desde nuestros teléfonos móviles es uno de los prodigios de nuestro tiempo. Sin embargo ¿dependemos demasiado de nuestros dispositivos electrónicos? Un nuevo estudio constata el efecto dominó de esta dependencia. Cuanto más dependamos de Google para obtener información, más lo necesitaremos en el futuro.

En un estudio de la publicación Memory, los psicólogos Benjamin Storm, Sean Stone y Aaron Benjamin describen cómo propusieron a distintos grupos de personas un juego de preguntas y respuestas. A un grupo se le indicó que utilizara Google para contestarlas, mientras que el otro grupo tenía que valerse de su memoria. Después todos los participantes tuvieron que responder preguntas más fáciles y se les dio la opción de utilizar Google o no hacerlo. Los que ya lo habían utilizado en la ronda anterior fueron más propensos a consultarlo de nuevo, incluso si hacerlo era engorroso. Así que todo parece indicar que “depender de internet para acceder a información nos hace más propensos a depender de internet para acceder a otra información”.

No sería razonable concluir que, con el paso del tiempo, nadie recordará absolutamente nada. Sin embargo, este estudio viene como agua de mayo para todos los que hace tiempo que se preguntan si Google nos está volviendo estúpidos. Evidentemente la respuesta depende de muchos factores, entre ellos, qué entendemos por “estúpido”. Si todos optamos por vaciarnos progresivamente de conocimientos porque ya están en internet podría cambiar nuestra forma de valorar nuestras capacidades mentales.

Si obtener información a través de la red es cada vez más rápido y fácil, nos impresionará menos el conocimiento y, en cambio, nos impresionarán la capacidad de comprensión y la creatividad.

Como apuntan los investigadores, el problema es que solo podemos establecer conexiones creativas entre distintos datos si previamente los hemos procesado y ya forman parte de nuestro conocimiento. Solo así vendrán a nuestra mente cuando razonemos. Hasta que nuestro cerebro no se conecte directamente con internet, requiere mucho más esfuerzo tener que recabar toda la información sobre un tema. Además, para consultar algo primero tenemos que saber qué queremos saber.

En cambio, los defensores del llamado “conocimiento ampliado” o “mente ampliada” afirman que muchos de nuestros procesos mentales ya tienen lugar fuera de nuestro cerebro. Existe la percepción de que nuestros teléfonos, así como nuestras agendas, de alguna forma pasan a integrar nuestra mente cuando los utilizamos para pensar. Ya somos organismos cibernéticos, así es la evolución natural. ¿Para qué preocuparnos?

Recordar que se dio una situación parecida durante el nacimiento de la cultura occidental tal vez nos ayude a poner las cosas en perspectiva. En la obra Fedro, un diálogo de Platón, Sócrates cuenta la historia de Tot (Theuth), el dios egipcio de la sabiduría y el inventor de las matemáticas, la astronomía y la escritura. Tot le mostró sus invenciones al rey egipcio Thamus y le explicó su utilidad. Estaba especialmente orgulloso de haber inventado la escritura: “Esta invención, su majestad, hará que los egipcios sean más sabios y mejorará su memoria, he descubierto el elixir de la memoria y de la sabiduría”. Sin embargo, el rey pensó exactamente lo contrario. En su opinión, la escritura haría que las mentes fueran más olvidadizas ya que nadie necesitaría memorizar. “Su fe en los escritos, que han sido creados por terceros, hará que no utilicen la capacidad memorística que tienen en su interior. No ha creado una elixir de la memoria, es un recordatorio”. Su miedo era que todos aquellos que dependieran de los textos nunca se convertirían en personas sabias.

Si consultan los escritos de Google verán cuáles son las principales preocupaciones en torno a cómo el uso de internet puede ser perjudicial para nuestro cerebro. Al igual que Internet, la escritura es una prótesis externa (textos de personas ajenas, como lamentaba el rey egipcio). La escritura también es una herramienta del conocimiento ampliado. La diferencia es que hemos tenido miles de años para habituarnos. Lo cierto es que todavía no podemos concluir si la dependencia de las prótesis electrónicas modernas es beneficiosa o perjudicial. Es demasiado pronto para saberlo.

STEVEN POOLE  - Traducción de Emma Reverter para eldiario.es

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