Hay libros que tenemos a nuestro lado veinte años sin leerlos, libros de los que no nos alejamos, que llevamos de una ciudad a otra, de un país a otro, cuidadosamente empaquetados, aunque haya muy poco sitio, y que tal vez hojeamos en el momento de sacarlos de la maleta; sin embargo, nos guardamos muy bien de leer aunque sólo sea una frase completa. Luego, al cabo de veinte años, llega un momento en el que, de repente, como si estuviéramos bajo la presión de un imperativo superior, no podemos hacer otra cosa que coger un libro de estos y leerlo de un tirón, de cabo a rabo: este libro actúa como una revelación. En aquel momento sabemos por qué le hemos hecho tanto caso. Tenía que ocupar sitio; tenía que ser una carga, y ahora ha llegado a la meta de su viaje; ahora levanta su vuelo; ahora ilumina los veinte años transcurridos en los que ha vivido mudo a nuestro lado. No hubiera podido decir tantas cosas si no hubiera estado mudo durante este tiempo, y qué imbécil se atrevería a afirmar que en el libro hubo siempre lo mismo.“
Esta reflexión de Elias Canetti, me ha tocado de lleno, pues hace ya tiempo que he perdido las ganas de leer, concretamente novela, aunque por lo que he leído de otros es bastante normal a cierta edad, quizá porque ya he leído suficiente, o porque no hay nada que despierte mi interés. No pretendo pontificar en el sentido de que ya está todo escrito, que no hay nada nuevo y lo que se me ofrece me produce una sensación de 'deja vu'. No es cierto, ni justo manifestarlo, pero lo que si queda claro es que he perdido el interés por leer...
Miquel Cartisano me regaló 'el día del Wattusi', que tenía muchas ganas de leerla, y no he podido, leí el prólogo y seis o siete páginas de la novela, y aqui lo dejé, es que no puedo seguir, así de sencillo. De hecho, dejé de leer novela al acabar de leer 2.666 de Bolaño, y de eso ya hace tiempo. No se si es cosa de la edad, pero si sé que no soy lo único, a otros les he oído decir lo mismo que me pasa a mí, y vete a saber, a lo mejor este estado es reversible y cualquier día vuelvo a leer de nuevo, de hecho, a mi padre le pasó algo similar y a partir de los 80 años volvió a leer bastante hasta que ya no veía bien, y aún así, recuerdo que leía con una lupa hasta que ya lo dejó del todo por causas de fuerza mayor.

Yo creo que los libros en la estantería lo que hacen es hibernar. Sus personajes, mientras nadie abra sus páginas, se dedican a holgazanear, no hacen nada... Hasta que llega el lector, abre el volumen, inunda el interior de luz y todo se pone en movimiento. Así una y otra vez.
ResponderEliminarSaludos, Francesc.
Así és, y sucede que a veces es el libro el que escoge al lector. A mi me escogieron los Detectives Salvajes, sin ir más lejos, Kavafis o Silvia Plath.
ResponderEliminarFíjate como me escogieron a mi los Detectives Salvajes,
https://helenasubirats.blogspot.com/2013/03/roberto-bolano.html
En efecto, te eligió Bolaño a modo de despedida. Estremecedor.
ResponderEliminarSaludos.