"El miedo a realizar una tarea consume más tiempo y energía que realizar la tarea en sí misma". Del libro 'the Procastinador's handbook'. La ley de Emmet. Foto de Miquel Muñoz/Shooting para la Vanguardia.

No corremos hacia la muerte, nos decía Cioran; huimos de la catástrofe del nacimiento. Nos debatimos como supervivientes que intentan olvidarla. El miedo a la muerte no es más que la proyección hacia el futuro de otro miedo que se remonta a nuestro primer momento. La imposibilidad de encontrar un solo pueblo, una sola tribu en la que el nacimiento provoque luto y lamentación, prueba hasta qué punto la Humanidad se encuentra en estado de regresión.

Estoy, en general, tan seguro que todo está desprovisto de consistencia, de fundamento, de justificación, que aquel que osara contradecirme, aunque fuera el hombre que más quiero, me parecería un charlatán o un imbécil. Quizá sea porque me gustaría ser libre, inimaginablemente libre. Libre como un ser abortado. Porque si no como nos dice Cioran, el paraíso no era un lugar llevadero, de lo contrario el primer hombre se hubiera adaptado a él; este mundo tampoco lo es, ya que en él se añora el paraíso o se da otro por seguro. ¿Qué hacer? ¿Dónde ir? No hacemos nada, no vamos a ningún sitio, así, sin más.

Al fin y al cabo, la ociosidad es consustancial a la condición humana. El estar desempleado, el no tener nada en particular que hacer, nos resulta de lo más natural. Al menos este es uno de los aspectos que más llama la atención de las condiciones de vida de las sociedades "naturales", las que se caracterizan por asegurar comunitariamente su supervivencia material a través de la caza y la recolección: las comunidades que todavía practican este primitivo modo de supervivencia, siguen ocupando para asegurar su día a día, solo un tercio del tiempo que solo un tercio del tiempo a holgar y divertirse el resto de la jornada. No hay nada que hacer, abrazamos la indolencia, el dolce far niente, divirtiéndonos hasta morir, de hastío o de aburrimiento...

En algunas ocasiones no hacer nada es hacer cosas. Rajoy lo practicaba. "A veces lo urgente es no hacer nada", decía. Elevó la inacción a categoría de Estado. Pero era una inactividad productiva: a base de silencios y de la inestimable ayuda del paso del tiempo desvanecía los problemas, sobre todo los relacionados con los numerosos casos de corrupción que salpicaban a su partido. E ir haciendo, el tiempo gobernaba por él.

El cineasta Albert Serra no tiene casos de corrupción. Pero se ha imbuido de la filosofía de Rajoy para llevarla a su terreno, al cine. Dice lo siguiente después de recoger el premio 'Arrebato' de no ficción de los premios Feroz por el documental taurino 'Tardes de soledad: “Todo ahora es eso de acumular datos, collect data... pues en esta película, mi actitud fue lo contrario, delete data; no tenía ninguna idea, no quería tener ninguna, borrar todo lo que tenía, ni expecto curiosidad, esperar, no molestar a nadie, no molestar a los actores y esperar a que la película fuera apareciendo con esta inocencia”. El filme se materializa casi solo y es muy bueno.

La procrastinación es contagiosa, aunque en el caso de Serra es positiva, quizás porque es una falsa procrastinación, pero en nuestra política impera cada vez más. Nunca es el momento de cambiar la Constitución, ni la ley electoral, resolver el problema de la inmigración, o los de Cercanías, la corrupción..... aunque lo prometen desde hace años, manden unos u otros, si es que manda alguien... Y siguen aplazando una solución definitiva para las pensiones. 

Parecería a simple vista que lo hagan por ineptitud o miedo. Pero en realidad es una estrategia, les favorece la dilación. Mientras, nos despistan solucionando temas menores, un decreto ley, una inauguración, una comisión en el senado, temas ligeros. Esperan que los problemas se arreglen solos o que la gente se olvide. Ocurre también en universidades que no se ponen al día esperando el momento oportuno, o ayuntamientos que dejan para el siguiente mandato promover vivienda, pero a cambio montan unas fiestas a todo lujo. Al igual que cuando tenemos pendiente ir al médico y terminamos navegando por internet tontamente. Todo el país vive a posposición de todo. A nuestros gobernantes lo que les va son los factores del divisor: improvisación y aplazamiento. Lo importante ya lo harán mañana, o mejor pasado mañana, o nunca de la vida. Spain is not different