UN MILLÓN DE €UROS POR UNA CITA PRIVADA CON EL PAPA


El orden es necesario, sobre todo cuando se movilizan multitudes y la logística no admite errores. Es necesario poner cordones, diseñar recorridos, controlar aforos y cuadrar cuentas. La visita del Papa –con paradas en Madrid, Barcelona, ​​Tenerife y Gran Canaria– no es una excepción. Se pagan escenarios, pantallas, transporte. Hasta el último walkie-talkie. La inyección pública cubre únicamente la seguridad. El resto depende de las aportaciones privadas: empresas, donantes, fieles con un QR en mano. Cada archidiócesis se encarga de lo que le corresponde. Todo auditado y transparente.
El sistema de donaciones recuerda el meet and greet de la industria del espectáculo. Hasta aquí, nada que decir. O casi. En el detalle aparece un escalafón por tarifas, iniciativa de la Conferencia Episcopal Española.

Las aportaciones se organizan por categorías, con beneficios a medida. En la cima, el gran benefactor: un millón de euros a cambio de un encuentro privado con el Papa, espacios reservados y acceso a una reunión en el Vaticano. Por debajo, el benefactor –500.000 euros– mantiene sus encuentros y cierto trato preferente. Luego están las opciones más accesibles: patrocinador (250.000) o colaborador (10.000), con visibilidad institucional y el distintivo de “embajador empresarial”. En la base, la categoría de amigo: 1.000 euros y un certificado.

Lo llaman colaboración, patrocinio, mecenazgo. Pero recuerda demasiado ese viejo invento del meet and greet, tan propio de la industria del espectáculo. Sólo que aquí León XIV no es una estrella del pop. Es un jefe de Estado y, sobre todo, el símbolo de una autoridad moral que no cotiza en el mercado. Por eso chirría. Porque convierte la proximidad en un bien negociable y deja al descubierto una contradicción muy difícil de disimular.

La visita apostólica de León XIV llega en su momento y con una potencia mediática incontestable. Un Papa de origen estadounidense que conecta con la crítica a Trump y replica al autoproclamado Mesías yanqui con la literalidad del Evangelio. Un Pontífice que no hace política, pero altera el tablero de los partidos parlamentarios y alinea, casi por milagro, a los obispos españoles.

Se dirá, y con razón, que alguien debe pagar su factura. Que sin aportaciones privadas no existe orden posible. Cierto. El nudo de la cuestión no está en dar (aunque sea discutible cuando se hace por conveniencia). El problema comienza cuando el dinero no sólo organiza el evento, sino que lo jerarquizan según el bolsillo. La proximidad al Papa puede acabar convirtiéndose en un privilegio que se puede comprar. La pregunta sería: El Vaticano lo sabe, ¿está de acuerdo?, es que esto parecen las tarifas de una escort de lujo en Hollywood, con la diferencia en que por más inri, con el Papa no puedes consumar.
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