Pascal Plisson realizó un documental extraordinario, titulado Camino de la escuela (premio César 2014), que se puede encontrar en YouTube, donde narra las dificultades diarias de cuatro niños para ir al colegio. Son pequeños héroes que para asistir a clase se enfrentan a peligros y situaciones extremas para formarse como personas y poder tener un futuro mejor. Jackson (10 años), de Kenia; Carlitos (11), de Argentina; Zahira (12), de Marruecos, y Samuel (11), de India, deben cruzar estepas, montañas, ríos e incluso huir de animales salvajes durante más de dos horas de camino (y otras tantas de vuelta) para escuchar a sus maestros.
Liam Conejo es un niño ecuatoriano de cinco años, que el día 20 volvía de la escuela, a pocos minutos de su casa en Minneapolis, acompañado de su padre, pero no llegó nunca al hogar. Su corto itinerario resultó más peligroso que los de la película de Plisson, pues acabó en un centro de detención de Texas, a 2.100 kilómetros de su residencia. Liam no se encontró por el camino una manada de elefantes como Jackson o una serpiente como Zahira, sino un fornido agente del paramilitar ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas), que le inmovilizó cogiéndole por su mochila de Spiderman. Otro detuvo a su padre, que estaba tramitando la solicitud de asilo.
El niño de Minnesota está recluido junto a su padre en Texas, a 2.100 kilómetros de su casa
Los menores no pueden pasar más de veinte días en un centro de retención, pero el propio ICE reconoce que más de 400 menores han estado más tiempo del establecido. El recinto donde se encuentra Liam es un lugar horrible, con agua en mal estado, comida con insectos y camastros impropios. El internado, cercano a San Antonio, fue cerrado por Joe Biden y reabierto por su sucesor.
Es posible que Minneapolis se haya convertido en un laboratorio sobre cómo desestabilizar una ciudad y un estado (Minnesota) que vota a los demócratas y aborrece a Donald Trump. Pero Liam es un símbolo de la brutalidad del sistema que está imponiendo la Casa Blanca. Su mirada asustada bajo su gorrita azul de lana con orejas de conejito es la demostración de la inmoralidad con que se gobierna una nación que era la admiración del mundo. Y que hoy da tanto miedo como pena. Màrius Carol en la vanguardia.

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