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Chat GPT es una herramienta muy poderosa en manos de los docentes, pero sólo si se usa bien. “Copio y pego vuestras respuestas y dirá si ha generado el contenido”, advirtió a la clase, sin tener en cuenta que realmente ChatGPT no funciona así. Lo que Mumm al parecer ignoraba es que el chatbot no está hecho para detectar material compuesto por IA, ni siquiera material producido por él mismo. Y se sabe que a veces emite información errónea perjudicial.
Para demostrar la poca fiabilidad de ChatGPT a la hora de saber si una IA es la autora de un trabajo, el usuario de Reddit Delicious_Village112 decidió hacer un experimento: preguntó al chatbot si la tesis del profesor Mumm era producto de una inteligencia artificial y, efectivamente, ChatGPT aseguró que “El texto contiene varias características que concuerdan con el contenido generado por IA”. Afortunadamente para los alumnos, la universidad ha tomado cartas en el asunto y están “investigando el incidente y desarrollando políticas para abordar el uso o mal uso de la tecnología de IA en el aula”.
Los estudiantes se reunirán ahora individualmente con Mumm tras el desastroso incidente de la IA que les ha podido costar el curso.
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La irrupción de la covid ha cambiado la percepción de la opinión pública sobre la salud. Nunca ha habido tantos relojes inteligentes que recogen los pasos, las pulsaciones y todos los datos relacionados con el bienestar. Vivimos tiempos marcados por la dictadura de la era digital y muy pendientes de las transformaciones que van a llegar de la inteligencia artificial. Hoy en unos pocos segundos podemos saber de forma automática cientos de datos sobre nuestra salud sin necesidad de ir a ningún centro clínico ni recurrir a ningún aparato médico. Por eso es tan gratificante escuchar la voz de un sabio como el cardiólogo Valentín Fuster, que ayer intervino en Foros de Vanguardia para bajarnos de la nube y recordarnos la importancia de las viejas relaciones humanas.
El cardiólogo defendió la importancia de las innovaciones científicas, pero dejó muy claro que “es ineludible” el contacto humano entre médico y paciente.
Para Fuster, la mayoría de los problemas se producen por razones emocionales y, por muy inteligentes que sean las aportaciones de la técnica, no hay nada como la interlocución humana. “Se está perdiendo la buena costumbre de hablar con el enfermo”, señaló. E igualmente podríamos añadir que también está desapareciendo la necesidad de meditar y hablar con uno mismo.
No es el caso de Fuster, que explicó a su audiencia que empieza su jornada laboral a las 5 de la mañana en su despacho en el hospital Mount Sinai en Nueva York y durante 15 minutos para su reloj y no piensa en nada. Se limita a reflexionar sobre la jornada que tiene por delante.
En su opinión, los ciudadanos de nuestro tiempo son demasiado reactivos, se pasan el día corriendo y no tienen pausa para meditar, cuando deberían ser todo lo contrario: proactivos. ¡Cuánta razón tiene! Hay otras formas de decirlo.
Quien firma este artículo describe su trabajo como una locura con un caballo desbocado en la que la principal virtud que tiene cada día es la de dominar a la bestia para conducirla y que la bestia no lo lleve a él por el mal camino.
Bienvenidas la pausa y la reflexión. Las aportaciones técnicas son necesarias, pero nunca como sustitutivo del factor humano.
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El pensador israelí Yuval Noah Harari avisa en Madrid de los peligros de actualizar a los seres humanos y cree que aún nos queda potencial por desarrollar. El pensador afirma:“Los eunucos ya eran bioingeniería, y no fue una mejora para todos”
“Algo que nos enseña la historia es que los humanos somos muy buenos adquiriendo nuevos poderes, pero no somos muy buenos usándolos sabiamente”, advierte el pensador israelí Yuval Noah Harari. Para el autor de Sapiens y Homo Deus (Debate), la inteligencia artificial, la ingeniería genética y las interfaces cerebro-ordenador van a revolucionar la salud, los mercados de trabajo y nuestra privacidad. Pero, subraya explicando el ejemplo de los eunucos de los emperadores, que eran biotecnología primitiva, nunca está claro qué es una actualización y qué una degradación. Así que cree que antes de actualizar y modernizar a los seres humanos y crear superhumanos con consecuencias que desconocemos, apuesta por centrarnos en explorar y realizar el potencial humano existente, del que, asegura, estamos aún lejos.
Harari (Kyriat Atta, 1976), que ha abierto unas jornadas sobre el futuro de la salud organizadas por Sanitas en la Real Fábrica de Tapices de Madrid, se ha remontado a nuestros últimos siglos para expresar sus profundas preocupaciones por nuestro uso de las nuevas tecnologías. “Con el tiempo, hemos ganado control sobre el mundo que nos rodea y lo hemos usado, no muy sabiamente, para remodelar completamente el planeta. Y como no entendíamos la complejidad del sistema ecológico, los cambios que hemos introducido lo han desequilibrado completamente".
"En las próximas décadas ganaremos control sobre nuestro mundo interior y probablemente lo usaremos para remodelar nuestros cuerpos, cerebros y mentes. Pero como no entendemos la complejidad de esos cuerpos y mentes, los cambios pueden desequilibrar sin darnos cuenta nuestro mundo interior, nuestros sistemas internos”, ha lanzado.
“La gente siempre ha soñado con actualizarse, modernizarse, subir de nivel. Cada gran movimiento social y político ha querido rediseñar a los humanos y mejorarlos. El cristianismo, el budismo o el Islam además querían perfeccionarlos. El socialismo quería crear un nuevo hombre. El nazismo quería crear superhumanos. En épocas anteriores lo intentaban hacer a través de la ingeniería social, pero la biología siempre ponía un límite”, ha evocado, y ha recordado que el ideal de la iglesia católica era “abandonar el sexo”, que era “lo que esperaban de sus élites de sacerdotes, monjes y monjas”. “Por suerte, no tenían herramientas de bioingeniería”, ha remarcado.
Aunque ha razonado que ha existido bioingeniería desde hace milenios: “El ejemplo más llamativo lo llevaron a cabo los imperios que emergieron en China y Oriente Medio hace dos mil años. En ellos la mayor amenaza al emperador no venía de una revolución democrática sino de un golpe de sus subordinados, fueran gobernadores provinciales, generales o ambiciosos visires. Incluso si no lo amenazaban directamente podían buscar acumular riqueza, tierra y poder y transferirlo a sus hijos, estableciendo dinastías aristocráticas que desafiaban la supremacía de la familia imperial”.
"Los eunucos no podían tener hijos, daba igual cuánto poder acumularan, no podían crear una dinastía competidora"
La solución de bioingeniería fue, cuenta, una simple operación quirúrgica: la castración. “Los eunucos no podían tener hijos, daba igual cuánto poder acumularan, no podían crear una dinastía competidora. Y por miles de años reyes y emperadores confiaron en eunucos para guardar sus palacios, administrar sus provincias e incluso liderar sus ejércitos. El más famoso almirante chino, Zheng He, fue un eunuco. ¿Quieres un puesto en la administración? No hace falta que envíes el curriculum, córtate los testículos y el puesto es tuyo”.
“Este antiguo ejemplo –ha subrayado Harari- nos enseña algo crucial de la bioingeniería: nunca está claro qué es una actualización o una degradación. Para el emperador, era una actualización de sus servidores. Para los eunucos las cosas debían tener otro aspecto”. Y ha recordado que hoy la bioingeniería puede estar pronto al servicio de todo tipo de regímenes en el mundo: “Los científicos que desarrollan estas tecnologías, aunque les parezca inconcebible que alguien las utilice para alguna ideología o fantasía radical, deben tomarse unos minutos de reflexión y pensar en el político que más temen del globo y pensar qué podría hacer con ellas”.
“Un futuro Hitler podría rediseñar nuestros cuerpos, cerebros y mentes”. Porque, subraya, la capacidad de rediseñar biológicamente a seres humanos cambia las reglas más básicas de la historia. El nazismo mató a millones y dejó profundas cicatrices en la sociedad, pero no pudo cambiar a la humanidad. La historia era como un videojuego en el que si la humanidad cometía algún error terrible podía volver a la pantalla previa e intentarlo de nuevo”. Ya no, porque “un futuro Hitler podría rediseñar nuestros cuerpos, cerebros y mentes”. Y de hecho, para reforzar sus tesis, ha recordado que desde los años sesenta se usan tests prenatales para identifica enfermedades pero también el sexo de los fetos. Eso en algunas partes del mundo con “ideas misóginas” ha llevado a abortar muchos fetos femeninos. En 2005 en la provincia china de Jiangxi entre los niños menores de cuatro años había 699 niñas por cada mil niños.
"Putin probablemente preferiría tener soldados inteligentes y disciplinados sin compasión, los eunucos del siglo XXI”. “Y estamos muy lejos de entender los entresijos del genoma o del cerebro humanos. Hay pocas cualidades controladas por un simple gen o neurona. Actualizar la inteligencia puede acabar haciéndose a costa de la compasión ¿Quién juzga los costes y beneficios de estas intervenciones? ¿Tiene los padres derecho a rediseñar a sus hijos como quieran? ¿O le toca a la sociedad decidir qué rediseños son obligatorios? Vladimir Putin probablemente preferiría tener soldados inteligentes y disciplinados sin compasión ni profundidad espiritual. Algo así como los eunucos del siglo XXI”. Y ha lamentado que podemos “perder mucho potencial sin darnos cuenta siquiera de que lo tenemos. Para evitar una calamidad histórica sin precedentes, por cada euro y cada minuto que gastamos en desarrollar inteligencia artificial o ingeniería genética deberíamos invertir otro euro y otro minuto en explorar y desarrollar nuestros cuerpos y mentes”.
Y ha concluido que la mayor revolución del siglo XX, la de las mujeres, no requirió bioingeniería sino “liberar el potencial sin utilizar de la mitad de la especie”. “El feminismo dio poder a mujeres como Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna, las ganadoras del Nobel por desarrollar un método de edición genética. No todo el mundo puede ser un precursor, pero todo ser humano tiene potencial desconocido y sin utilizar, quizá para mayor creatividad, mayor compasión, mayor alegría”. - lavanguardia.com
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Existe también mucha pobreza infantil y hay una parte de población de personas mayores que viven en una situación de gran vulnerabilidad. No se hablará de todo esto en la campaña, ni será traída esta noticia en ningún diario, pese a que la publica Jordi Juan el director de la vanguardia, como tampoco fue llevada ayer el salvaje asesinato de una mujer embarazada en Manresa. El número de mujeres asesinadas en España, es superior, contando a partir de 2001, a las victimas d'ETA.
Pero las portadas de hoy son la derrota del Madrid, los tiestos de Ayuso o las vomitivas declaraciones de Pedro Rollàn. El 31% de aumento de pobreza extrema, no sólo en Catalunya y las víctimas de la violencia de género parecen no ser de las noticias que interesan a la gente.
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Trump y Bolsonaro dejaron en claro que es hora de tomarse en serio las ideas de las derechas reaccionarias, aunque parezcan moralmente condenables o ridículas y, sobre todo, de entender cómo su discurso defensivo, sus líderes carismáticos y escandalosos y su provocación constante están logrando representar a muchos de los que se perciben postergados en las sociedades contemporáneas, también en la Argentina. Esa es la propuesta de Pablo Stefanoni en este libro revelador, en el que construye una síntesis histórica de estos movimientos y muestra cómo han ido moldeando a los libertarios contemporáneos y a otras formas híbridas y en principio sorprendentes, como el anarcocapitalismo, el homonacionalismo y el ecofascismo.
Con el troleo en las redes como estrategia de guerrilla cultural y el meme como instrumento político, desde foros de internet y videos de YouTube, en plataformas como 4chan y Twitter, estos grupos están convirtiendo el fanatismo subterráneo en distintas formas de adhesión pública cada vez más visible, de la vestimenta al voto, del manifiesto en la web a la acción violenta en las calles, expresiones muchas veces legitimadas por líderes en el poder.
Este libro, que viene a llenar un vacío de obras en español sobre el tema, no condena a priori: escucha los argumentos y se pregunta cómo puede la izquierda enfrentar esta revolución antiprogresista. O, dicho de otro modo, cómo puede recuperar la bandera de la transgresión, que con inteligencia le fue arrebatada por esta extrema derecha cool que decidió dejar de habitar en los márgenes.
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La Maítrise du vivant - Francis Dagognet
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En una reunión reciente, un amigo al que aprecio y respeto por sus conocimientos tanto técnicos como humanísticos me miró fijamente y me dijo: El tema de la IA es mucho más tremendo de lo que os imagináis. Puede llevar a la extinción de la raza humana. Si una inteligencia superior a la nuestra, y esta lo será, decide que constituimos una amenaza para su existencia, actuará en consecuencia.
¡Caramba!, exclamé. Y tras superar el inicial escalofrío le observé:
–Quizá ocurra como tú dices, pero estábamos avisados. Desde la película de Kubrick 2001 Una odisea del espacio, todos teníamos la percepción de que en algún momento aparecería una inteligencia artificial más lista que nosotros, y quizás agresiva…
Es posible en efecto que lo que viene tenga consecuencias catastróficas, aunque prefiero creer que constituirá un elemento positivo para el avance humano. Y doy por sentada la necesidad de un control público, como expresaba el lunes en estas páginas Francesca Bria a Miquel Molina. Pero lo que me llama la atención es la rapidez con que resurge en nuestra sociedad el espíritu apocalíptico.
La idea de que la humanidad en su conjunto corre peligro es recurrente, desde los terrores medievales del año 1000 hasta el pánico a lo extraterrestre popularizado por H.G. Wells, la alarma nuclear y las infinitas novelas y series distópicas en oferta. Pero las predicciones apocalípticas generan reacciones encontradas. No las podemos tomar al pie de la letra porque la angustia no nos dejaría vivir. Tampoco a broma porque suelen tener una base bastante real.
Liberados del pánico por la covid, nos asalta una nueva inquietud por la humanidad
En la fase crítica de la pandemia (2020-2021), el espíritu apocalíptico se desató. Ahora parece que hemos medio olvidado aquella covid que tanto dolor produjo. Ya liberados, nos amenaza la inteligencia artificial.
El primer texto apocalíptico, elaborado por Juan, o san Juan, en la isla de Patmos, con su relato simbólico de una gran batalla entre las fuerzas del bien y del mal, acaba de forma esperanzada, con el anuncio de la nueva Jerusalén. A propósito del debate sobre la IA, hace poco otro amigo se quejaba: “¡Qué mundo tan horroroso estamos dejando a nuestros hijos!”.
Le respondí con una frase del pensador José Antonio Marina:
–No pienses en qué mundo dejas a tus hijos, sino en qué hijos dejas a tu mundo.
Sergio Vila-Sanjuán - lavanguardia.com
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Desde esta semana, Sabadell cuenta con un nuevo operador funerario. La empresa Mémora, con presencia en numerosas poblaciones catalanas, entre ellas Barcelona y Hospitalet, ofrecerá los servicios en la ciudad: “Sabadell era la única ciudad grande del área metropolitana que sólo tenía un operador funerario, y esto lo que hace es no fomentar la libertad de elección de las familias. Nosotros queremos ofrecer una forma diferente de atender a las familias”, explica Josep París, director de desarrollo de Mémora. La llegada de esta empresa culmina un largo proceso de Mémora en su intento de establecerse en la ciudad, cinco años después de la negativa por parte del gobierno cuatripartito de instalar un tanatorio en la Rambla Iberia, y de la pandemia de la Covid-19, que en otro escenario habría "acelerado" su llegada. Carmen Estrada en ctxt, narra su experiencia personal, pero que nos afecta a todos.
Frente a los demás es posible procurarse seguridad, pero en lo tocante a la muerte todos los seres humanos habitamos una ciudad indefensa. - Epicuro. Fragmento A31
No hace mucho asistí al entierro de una amiga en un pueblo pequeño. Era una mujer joven, no creyente y con conciencia de la emergencia climática. En el tanatorio encontré su cuerpo maquillado, refrigerado, con un ropaje de aspecto sintético, en el preceptivo ataúd de madera con asas y crucifijo de metal. Al iniciarse el cortejo, un sacerdote católico dijo un responso y, una vez en el cementerio, la introdujeron en un nicho de hormigón que taparon provisionalmente con ladrillos en espera de la definitiva losa de mármol. Una gran cantidad de flores, organizadas sobre soportes en forma de coronas, expresaban torpemente el cariño de los muchos amigos que dejaba.
Aquella desoladora escena, tan poco acorde con la vida y el pensamiento de mi amiga, fue posible porque la muerte es un tema tabú que rara vez aparece en nuestras conversaciones, lo que impide cualquier tipo de planificación. Sin embargo, la muerte es un proceso natural que afecta a todos los seres vivos por igual y que como tal debería ser tratada: hablar de ella con naturalidad, poner los medios para que se produzca de forma digna y planear nuestro entierro de acuerdo con las ideas con las que hemos vivido.
Si la muerte está ausente en las conversaciones privadas, más aún lo está en el discurso público. No forma parte de los temas que un candidato a cualquier cargo institucional suele tratar. Hablar de la muerte no da votos. La consecuencia de ello es que la muerte queda a cargo fundamentalmente de quienes hacen negocio con ella, y son sus intereses económicos y no nuestras convicciones los que prevalecen.
Casi todos los cementerios españoles fueron inicialmente construidos como cementerios monumentales, en los que tanto la piedra como elemento no perecedero como el arte que se procuraba en las sepulturas –al menos para aquellos que podían costeárselas– trataban de evocar la añorada eternidad que se suponía seguiría a la muerte. Con los años y el crecimiento de la población, la imagen que predomina en los cementerios actualmente es la de extensiones de tumbas de mármol compactadas y muy similares entre sí, que alternan con la verticalidad de paredes de nichos, osarios y columbarios. La omnipresencia del hormigón, revestido de granito o mármol, el plástico de muchos ornamentos, el uso de herbicidas, y la vegetación escasa y controlada suponen un impacto medioambiental considerable. Por otra parte, la simbología religiosa es omnipresente y resulta casi imposible sustraerse a ella. Ningún otro tipo de enterramiento está permitido por la ley.
La incineración es la opción por la que optan casi la mitad de los españoles actualmente. Aunque se considera menos dañina desde el punto de vista medioambiental, supone un importante consumo de combustibles fósiles y una expulsión a la atmósfera de gases de efecto invernadero y otros contaminantes. Además, el destino que se da a las cenizas tampoco es inocuo, pues las que se conservan en los cementerios lo hacen en columbarios particulares o en depósitos comunes que, de nuevo, implican nuevas construcciones.
La emergencia climática obliga ahora más que nunca a hacer una reflexión sobre nuestras costumbres funerarias. Por ello, desde comienzos de este siglo ha surgido un movimiento internacional para dar prioridad a la sostenibilidad en los rituales y procedimientos funerarios, intentando que sean menos consumidores de recursos y menos contaminantes, al mismo tiempo que más conectados con la naturaleza. La actuación más relevante en este sentido ha sido la creación de cementerios naturales.
Sobre las tumbas se deja crecer la vegetación, aunque está permitido colocar alguna señalización discreta.
Se trata de cementerios localizados en espacios naturales de interés ecológico o paisajístico en los que los cuerpos, introducidos en ataúdes o sudarios de materiales biodegradable, son inhumados directamente en la tierra, sin material constructivo alguno, lo que permite una descomposición natural con un impacto mínimo sobre el medioambiente. Sobre las tumbas se deja crecer la vegetación, aunque está permitido colocar alguna señalización discreta. Si el terreno no es arbolado, plantones de árboles autóctonos en la proximidad de las tumbas permiten su reforestación a medida que avanza la zona de enterramiento. El mantenimiento del lugar se hace sin pesticidas, herbicidas ni fertilizantes. No se trata de crear un parque domesticado ni un jardín con un césped impoluto, sino una pradera o un bosque.
Esta práctica resulta reconfortante para muchas personas que sienten que, a través de la muerte, sus cuerpos pasan a formar parte del ciclo de la naturaleza, pero también es una forma de que espacios de interés por su biodiversidad o sus cualidades paisajísticas adquieran protección frente a posibles usos especulativos, al tiempo que proporcionan a la población circundante un espacio verde amable, relajante, de unión con la naturaleza, donde se pueden celebrar ceremonias de recuerdo, pero también pasear o realizar otras actividades propias de un parque público.
Actualmente existe un buen número de cementerios naturales en distintos países. En Reino Unido, el Natural Death Center agrupa actualmente a doscientos setenta, pero también Bélgica, Países Bajos o Francia, entre otros, han incorporado la idea. De forma paralela, investigaciones en curso intentan encontrar las condiciones naturales más adecuadas para que la transformación de los cuerpos en humus se produzca de forma rápida y evitando los procesos de putrefacción que tienen lugar en los enterramientos habituales en fosas o nichos. Esto sería fundamental si, ante la emergencia climática, los enterramientos naturales se convirtieran en una alternativa mayoritaria.
Según la legislación vigente en nuestro país, cualquier cadáver ha de pasar por la industria funeraria.
Según la legislación vigente en nuestro país, que data de 1974 –momento en que España era una dictadura y aún no había evidencias científicas del cambio climático y la emergencia medioambiental–, cualquier cadáver ha de pasar por la industria funeraria. Estas empresas son las únicas autorizadas para trasladarlo, prepararlo para su exposición al público y conducirlo a su destino final en el cementerio o crematorio. También tienen la exclusiva de la venta de ataúdes y, por tanto, controlan sus precios. Muchas de sus actuaciones requieren una reflexión sobre su sostenibilidad. Así, los cadáveres se transportan en bolsas de plástico, se introducen en ataúdes de madera no controlada, laminado o conglomerado, con frecuencia importados de China, tratados con barnices, complementados con adornos metálicos y forrados o acolchados con tejidos sintéticos. Los cuerpos se pueden embalsamar si se desea y, en cualquier caso, son tratados con productos cosméticos para su exposición en las salas de los tanatorios. Las tradicionales coronas suelen estar fabricadas con flores de invernaderos, a veces de importación, insertadas sobre soportes de materiales plásticos y metálicos.
Es cierto que algunas funerarias están ofertando actualmente servicios ecológicos. Se trata de ataúdes fabricados con maderas certificadas, barnizados al agua y revestidos de tejidos orgánicos en lugar de sintéticos, todo lo cual resulta en un incremento significativo del precio. Alternativamente, algunas empresas independientes han diseñado y fabricado ataúdes de cartón que reducen el gasto energético y los contaminantes resultantes de la incineración. Estos productos están homologados y se ofertan a precios muy reducidos, pero posiblemente debido a la presión de la industria funeraria, están teniendo serias dificultades para la autorización de su venta en la mayor parte de las comunidades.
Actualmente, según datos proporcionados por Funos, de un total de 1.100 operadores que existen en España, solo cinco de ellos tienen en sus manos el 60% del negocio funerario. Estas grandes empresas, además de dar los servicios, poseen tanatorios, cementerios y hornos crematorios. La primera de ellas es propiedad del fondo de inversiones canadiense OTPP.
Toda la población es cliente necesaria e inevitablemente de la industria funeraria. El volumen de negocio es por tanto seguro y espectacular. Como no tenemos el hábito de planificar nuestros ritos funerarios, los familiares del difunto se encuentran sin haberlo deseado en el papel de compradores de un producto sobre el que probablemente nunca han reflexionado. Urgidos por los plazos, no tienen tiempo para comparar distintas ofertas como solemos hacer en otro tipo de compras ni experiencia para diferenciar con claridad unas de otras. Las funerarias dirigen hábilmente al cliente hacia la oferta más conveniente para ellas. Y como después no se comparten esas experiencias, cada nuevo cliente llega desprovisto incluso de referencias de los que le precedieron.
Otra asignatura pendiente en nuestro tratamiento de la muerte es su desacralización. Un cementerio, un “camposanto”, se sigue considerando zona sagrada. En el cementerio municipal de Sevilla, de 288 calles que contiene, solo una llamada Aurora no tiene nombre de Cristo, de Virgen o de santo. En la gran mayoría de tanatorios, especialmente en lugares pequeños o para personas con escasos recursos, es difícil conseguir un lugar digno para hacer ceremonias de despedida en ausencia de símbolos religiosos. Hasta donde conocemos, solo la Generalitat catalana ha legislado en este sentido, promoviendo que los símbolos no sean fijos a fin de facilitar que cada grupo de usuarios pueda colocar los que desee en función de sus creencias y necesidades.
Es preciso, por tanto, una actualización de la legislación funeraria que permita formas de enterramiento más acordes con los nuevos tiempos y la situación del planeta, y que obligue a las empresas a proporcionar productos sostenibles a precios razonables. En este sentido sería interesante que los distintos niveles de la Administración, especialmente los ayuntamientos, impulsaran la creación de funerarias públicas o, alternativamente, de economía social, las cuales contribuirían sin duda a la transición ecológica imprescindible en esta materia. Pero también es necesario un cambio cultural que traiga el tema a las conversaciones, al intercambio de opiniones, a pensar en la muerte y a planificarla cuando se tiene salud. Para ello, el testamento vital es un buen instrumento y actualmente se encuentra a disposición de los ciudadanos. Porque de esa falta de atención por parte de la población en general se sirven los políticos para no tocar una legislación que puede resultar impopular e incluso incómoda, así como las empresas funerarias que, en ausencia de unas normas actualizadas, campan por sus respetos buscando impunemente el máximo beneficio económico.
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