MISTERIOS DE LA ENOLOGÍA


Hice el Servicio Militar en Palma de Mallorca en el año 68, el campamento al CIR 14 y luego me destinaron a las bóvedas (ahora ocupadas por un estanque) bajo la Catedral de Palma. El destino lo tenía en la 'Subinspección Militar de Baleares '. El trabajo en las oficinas militares era poco y aburrido, de hecho, el ùnico trabajo que había en el departamento era confeccionar las listas del soldados que iban y volvían de permiso, y aumentaba un poco cuando había cambio de reemplazo. Ahora bien, para hacer esta enorme tarea había un Comandante, un Teniente, un capitán, un sargento primero, un sargento, el cabo primero y servidor que era cabo a secas. Y subirle el vaso de ginebra al teniente asmàtico, la medicina que decía el teniente que tardaba cada dia hora y media en subir los cuatro pisos. En licenciarse el cabo primero me tocó a mí serlo, a pesar de no saber contestar al examen que se había de pasar, el nombre del descubridor de América o el nombre de las tres Carabelas con las que aquel señor fue por allí. O sea que me hicieron Cabo primero porque tocaba, y a partir de ahí ya no hacía nada. Bueno, me pasaba las mañanas en la Gestoría del 'Capitán habilitado' haciendo 'seguros sociales' para las empresas que él llevaba.
Los militares que había en aquella oficina eran todos 'chusqueros' y ascendían de grado, a medida que se morían los que tenían delante en la lista. Cada més, entre ginebra y ginebra y alguna faría o caliqueño, les llegaban las listas y contemplaban así si ya había traspasado alguno de los que tenían por delante, hasta el punto de que sabían de su estado físico y hacían apuestas a ver cuando traspasaría tal o cual de ellos. De mérito pues, a la hora del ascenso, sólo el de vivir y esperar que fueran pasando a mejor vida o se retiraran los que tenían delante.
He pensado en esta historia de la puta mili, relacionándola con el vino de colores que han lanzado al Mercado unas bodegas españolas. El sargento primero que había en el departamento donde estaba yo, era valenciano y tenía un negocio paralelo de venta de vino por los cuarteles y al por mayor.
Lo curioso del personaje es que él 'importaba' vino blanco de la península, y este vino blanco se transformaba posteriormente en vino blanco y vino tinto, sólo que el negro si lo dejabas en un vaso unos días acababa siendo blanco con pequeñas bolitas negras al fondo. Este es uno de los misterios de la enología y no el vino de colores.

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