La fuerza está en su mensaje y en estos momentos se presenta indestructible. Mientras la Policía francesa, casi desbordada, trata de reconstruir los pasos del autor de la matanza de Niza y medio mundo se conmueve por tragedia sucedida en la célebre y bella promenade des Anglais, en las webs y las redes sociales yihadistas se felicitan por lo sucedido. No importa si el conductor del camión es tunecino, francés, argelino o una mezcla de todo ello o que haya estado o no en Siria o Iraq o que sus contactos con el EI sean intensos o casi nulos. Todo eso es insignificante para ellos, para los yihadistas. Lo que les importa es que su acción es una victoria más de un Soldado del Califato sobre los infieles Cruzados, como califican desde Raqa a todos los cristianos y judíos, sin distinción.

El Estado Islámico tiene poderoso departamento de propaganda ideológica que ha logrado construir un mensaje de gran solidez y de rápida comprensión para quien se siente atraído por el mundo que ofrece. Es potente y claro y accesible a todos desde cualquier parte del mundo gracias a Internet donde podemos encontrar el ideario islamista perfectamente editado en sus cuidados vídeos de propaganda o en sus magníficos magazines como Dabiq o Dar al Islam. Unas publicaciones que tienen como elemento común, además de una interpretación propia del Corán y del Islam, una exaltación de la violencia como necesario motor de la Historia.

En estas revistas, Francia tiene un papel destacado pues ya ha ocupado al menos tres de las 14 portadas de Dar Al Islam y gran cantidad de reportajes a mayor gloria y exaltación de los terroristas. Para el que no las haya leído, es el mundo al revés. Los héroes son los asesinos y las víctimas y cuántos las apoyamos somos cómplices infieles a los que Alá nos reunirá en el infierno. Y no es una frase retórica, es una afirmación que se puede encontrar en los pie de foto que acompañan las ilustraciones de los reportajes dedicados al atentado contra Charlie Hebdó.

Es esas publicaciones, en esos vídeos en los que se exalta sin pudor una guerra global declarada por el Estado Islámico como parte fundamental del camino imprescindible para alcanzar el Califato Universal, esto es un mundo único regido sólo por la Sharia, la ley de Dios revelada al Profeta, los musulmanes “tibios” aparecen como apóstatas o infieles. De hecho son considerados iguales o peores todavía que los “cruzados”, lo que explica que la mayor parte de la sangre derramada sea musulmana. Es una obviedad, que no se puede olvidar: en esta guerra asimétrica los muertos los ponen mayoritariamente los musulmanes. Asimétrica por sus dos frentes. Uno visible y claro que es donde hay combates que podríamos calificar de convencionales y el otro frente, tal vez menos evidente, está en nuestras calles. Ayer en Niza, donde el conductor del camión seguro que no se preguntó si entre las personas que atropellaba había musulmanes. Para qué iba a hacérsela, pues, de haberlos, el EI los consideraría enemigos del Islam sólo el hecho por asistir a un acto lúdico, festivo y pagano representativo de valores que se interponen en su camino hacia el Califato.

Si, superando por un instante el horror del crimen, ponemos nuestra mirada sobre la potentísima idea que anima a matar se puede concluir que estamos ante un fenómeno totalitario que difícilmente desaparecerá pues nada de lo que subsiste en Internet se pierde. La resultante es evidente: una parte fundamental de este combate reside en las ideas. Valores cívicos y democráticos que deben difundirse con sinceridad, fuerza y rigor intelectual para que compitan ventajosamente con la indudable excelencia, en forma y contenido, del mensaje del Califato. Un pensamiento tan primorosamente elaborado que, como sostiene el filósofo francés Philippe Joseph Salazar, perdurará mientras exista la red de redes y que tiene la particularidad de producir una retórica que convierte en armas las palabras y las palabras en armas.

El mensaje del Estado Islámico y la muerte
EDUARDO MARTÍN DE POZUELO 
Artículo publicado en lavanguardia.com
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Francesc Puigcarbó

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