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LA NUEVA NORMALIDAD


Los atentados de Bruselas, más allá de sus causas, de sus autores y de las disfunciones policiales, están acuñando en la prensa anglosajona una nueva expresión para explicar la situación en la que se instala Europa...



"The new normal", "la nueva normalidad". Una frase hecha que esta semana se ha instalado en la portada de The Economist, tras aparecer en el New York Times, para definir el nuevo estado en el que se instala la sociedad europea frente a la sucesión de atentados mortales en sus capitales más emblemáticas. "Cualquier día de éstos habrá otro atentado en Europa y, por más que se ofrezcan explicaciones del fenómeno ISIS, aún quedan más claves que nadie llega a entender".

Y es que se trata de eso, de aceptar que es inevitable un nuevo atentado donde y cuando quieran, y habrá que aceptarlo como eso, una nueva normalidad. Màxime si en todos los países existe el descontrol policial de Bélgica. La evolución de los hermanos Bakraoui es un ejemplo; de criminales violentos a suicidas con bomba islamistas se compone de un tiempo entre rejas por delitos con arma, incumplimientos de la libertad condicional y oportunidades perdidas para identificar su deriva hacia la órbita del Estado Islámico.
Brahim El Bakraoui se voló en pedazos el pasado martes por la mañana en la terminal de salidas del aeropuerto de Bruselas. Apenas media hora después, Khalid detonó la bomba que llevaba en un tren del Metro de Bruselas.
Ninguno de estos dos participantes en los atentados de Bruselas había sido considerado como una amenaza radical por las autoridades hasta el pasado diciembre, aunque Turquía había expulsado a Brahim en julio de 2015 al creer que estaba tratando de unirse a los combatientes islamistas en Siria.
Hay indicios que apuntan a que los hermanos se radicalizaron en la cárcel. Independientemente de los hechos que llevaron a su radicalización, su caso pone de relieve el fracaso de las autoridades belgas para seguir el perfil cambiante del peligro islamista.
Los hermanos Bakraoui, dijo, fueron simplemente etiquetados como gangsters e incluidos en una lista de criminales motivados por el dinero, mientras que las autoridades a la caza de radicales islamistas se concentraban en aquellos con credenciales religiosos establecidos.
“Se equivocaron. Ahora están combinando las listas”, dijo Van Ostaeyen.
Un responsable del gobierno belga confirmó que la fusión de flujos de información de diferentes especialidades y agencias policiales era una parte clave en los últimos cambios de procedimiento.
Esta es la causa que estos hermanos cometieran un atentado que jamas se debía haber producido, un atentado que puede cometerlo cualquiera que esté fichado, es más fácil aún para alguien que no lo esté, y de estos aspirantes a terroristas hay muchísimos dentro y fuera de Europa, son unos soldados invisibles, imposibles de detectar, y por eso pueden actuar cuando como y donde quieran. 
No necesitan terroristas profesionales, ni muy preparados, sólo uno que coordine los explosivos, el resto lo puede hacer cualquiera dispuesto a matar y morir por la causa, ese es el problema.
Esta es la nueva normalidad, la nueva normalidad a la que se ha llegado por la impotencia de las fuerzas de seguridad, que ni tienen fuerza ni pueden ofrecer seguridad porqué su concepción es anticuada y no sirven para este tipo de lucha, una lucha en la que las víctimas son civiles, daños colaterales que si no son demasiados tampoco es que les preocupen mucho a los mandatarios europeos.

SBD - 27.3.16

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